En este apocalipsis ahora
que estamos viviendo desde hace un tiempo hay ciertas instituciones
que deberían ser instituciones si queremos recuperar, o hacer que
funcione de una vez, un mundo civilizado. De entre las obvias, siendo
todo lo que conlleve la sanidad lo primero, una de las que debería
ser irrompible es la biblioteca pública. Un lugar o institución que
no es un capricho, básicamente porque es obligatoria su existencia
por ley, sino que simplemente es una herramienta imprescindible para
el desarrollo del ser humano, entre otras cosas por su gratuidad y
universalidad. En el momento es que desaparezcan o vean limitada su
labor es cuando podremos empezar a dar por finiquitado cualquier
atisbo de civilización. Un lugar que no solo es un edificio donde se
leen o prestan libros. Es mucho más.
Seguramente algunos de los aficionados al cine de España, en especial los residentes en Madrid, debieron irse a dormir con un cierto disgusto. Álex Mendíbil contaba en este post que la Filmoteca Española le había comunicado que el proyecto Sala:B, que se ubicaba allí y que Mendibil dirigía con gran determinación y acierto, llegaba a su fin. Nacida en 2017, Sala:B se había dedicado a recuperar en formato doble a recuperar rarezas o películas más o menos olvidadas del cine español. La cantidad de películas a rescatar y descubrir por esta sección es de una riqueza inconmensurable. La noticia sorprende por partido doble. Primero, no hacía falta haber ido a una sola sesión de Sala:B para saber que el proyecto era un éxito de público. La segunda cuestión es más llamativa. Si la Filmoteca Española no se dedica o no incluye en su programación una sección como Sala:B, ¿exactamente a qué se dedica? Una piensa humildemente que precisamente las filmotecas nacionales deberían dedicarse, además de a otras cosas obviamente, a este tipo de proyectos. En 2024 entrevisté a Álex Mendíbil sobre Sala:B en el programa 192 de VR dedicado a este espacio de la Filmoteca Española. Una manera de recordar y poner en valor lo que ha sido Sala:B a la espera de que en un futuro pudiera volver de alguna manera.
"Hay muchos razones para ver 'Marty Supreme', además de enamorarse de Darius Khondji película tras película. Una de ellas es escuchar en una escena el mejor texto que (seguramente) oiremos este año cinematográfico. Y que curiosamente lo dice e interpreta (y muy bien) un actor no profesional"
• Apaches (John Mackenzie, 1977) • Cane Toads: An Unnatural History (Mark Lewis, 1988) • Crying Freeman: Los paraísos perdidos (Crying Freeman, Christophe Gans, 1995) • Die große Ekstase des Bildschnitzers Steiner (Werner Herzog, 1974) • Dr. Caligari (Stephen Sayadian, 1988)
•El convento (O Convento, Manoel de Oliveira, 1995) • El hombre terminal (The Terminal Man, Mike Hodges, 1974) • Estrany riu (Jaume Claret Muxart, 2025) • Happy End (Stastny konec, Oldřich Lipský, 1967) • La amargura del general Yen (The Bitter Tea of General Yen, Frank Capra, 1932) • La caída de la casa Usher (La chute de la maison Usher, Jean Epstein, 1928) • La cosa (Nanni Moretti, 1990) • Las aventuras del príncipe Achmed (Die Abenteuer des Prinzen Achmed, Lotte Reiniger, 1926) • Les sièges de l'Alcazar (Luc Mollet, 1989) • Mahler, una sombra en el pasado (Mahler, Ken Russell, 1974) • Maspalomas (José Mari Goenaga, Aitor Arregi, 2025) • Ninja Terminator (Godfrey Ho, 1985) • Salto al vacío (Daniel Calparsoro, 1995) •Speaking Parts (Atom Egoyan, 1989) • Sueños de trenes (Train Dreams, Clint Bentley, 2025) • Tres camaradas (Three Comrades, Frank Borzage, 1938) • Un simple accidente (Un simple accident, Jafar Panahi, 2025) • Una mujer es una mujer (Une femme est une femme, Jean-Luc Godard, 1961) • Wizards (Ralph Bakshi, 1977)
Despedida a Frederick Wiseman y Robert Duvall
• Boxing Gym (Frederick Wiseman, 2010) • Matar a un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, Robert Mulligan, 1962)
Si viviste los ochenta con cierta intensidad o interés es casi imposible que la figura de Pablo Carbonell te fuera ajena. Él fue uno más los muchas protagonistas de esa década tan mitificada como importante para la historia de la España moderna. Actor, humorista, clown, músico, libertario... Ya fuera en dúo con su amigo Pedro Reyes, como líder del grupo Los Toreros muertos o, ya en los noventa, como reportero del programa televisivo Caiga quien Caiga. En esa época Carbonell retomaría su carrera como actor cinematográfico e iniciaría una breve pero brillante carrera como director. Porque en 2004 rodó su, hasta ahora, única película: Atún y chocolate. Y saltó una relativa sorpresa. Porque Carbonell se alejó de ese Madrid urbano en que tanto le reconocemos y volvió a sus orígenes, a ese territorio gaditano que le vio nacer. Se rodeo de interpretes solventes como María Barranco y Antonio Dechent, le dio un papel robasescenas a Pedro Reyes y se reservó el protagonista recuperando el acento andaluz que Madrid le obligó a suprimir. Atún y chocolate es un de esas comedias marítimas y costumbristas que el cine europeo nos ha reglado muchas veces. En su pícara sencillez reside la grandeza de uno de los mejores y mas reivindicables debuts que se vieron en el cine español de inicio de siglo que ya ha cumplido los veinte años de vida. Este programa de VR, que cuenta con la participación como invitado de Pepe Aracil, habla sobre Atún y chocolate y sobre la figura del inclasificable Pablo Carbonell, moderno como el Madrid de los años ochenta y libre como su Cádiz natal.