Mostrando entradas con la etiqueta La Misión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Misión. Mostrar todas las entradas

21 julio 2010

Opiniones de cine: Dentro de La Misión (III), por Patrick Vidal

El personaje central de la película es Rodrigo Mendoza (Robert de Niro), un ex cazador y vendedor de esclavos que entra en La Misión jesuita –concretamente de San Carlos- sometiéndose a penitencia después de matar a su hermano debido a una infidelidad de su pareja con este. Es un personaje que experimenta un cambio radical en su personalidad después de efectuar el asesinato. Sube al lugar donde se pone en práctica La Misión de San Carlos -más allá de las cataratas del Iguazú- con una carga inmensa a cuestas que por momentos está a punto de costarle la vida. El personaje busca la redención de esta manera y llega a ser feliz dentro de la tribu. Nada más llegar a la tribu Mendoza es reconocido por uno de los indígenas a los que persiguió anteriormente y el indígena le pregunta: “¿Por qué apareces vestido de misionero?” A lo que Mendoza responde: “Mi nuevo hábito protege a gente como tu de individuos como yo”. Es decir, aparece un claro sentimiento de culpa que el espectador tan solo puede intuir con una gran fuerza durante el ascenso por las cataratas y la jungla, ya que prácticamente no hay diálogo, y se certifica en este diálogo demoledor que, además, pone de relieve un claro problema social, el tráfico de esclavos, algo que no era legal pero sí permitido por las autoridades españolas. La posición de Rodrigo Mendoza a partir de este momento es clara. Algo muy interesante es que al comienzo de la película el nombre de Rodrigo Mendoza se escucha con bastante frecuencia pese al corto tiempo que pasa desde que aparece Robert de Niro en escena hasta que su personaje mata a su hermano. Y es interesante porque a partir de este hecho se deja de escuchar su nombre, es como si él ya no fuera el mismo. Pero algo permanece en él, y es que en la resistencia de los indígenas en las últimas y memorables secuencias del filme, él desenvaina la espada y combate con la mayoría del pueblo indígena contra el ejército hispano-portugués. El Padre Gabriel no detiene a Mendoza, pero no aprueba su método, eligiendo no luchar. Y es que el Padre Gabriel era jesuita puro, y de él viene, por ejemplo, la simbología de la música mediante su flauta, ya que mediante esta comenzaba a tratar con los indígenas. En una escena un jesuita dice sobre el padre Gabriel y su música: “Si en vez de un oboe tuviera una orquesta, hubiera podido someter a todo el continente”. Volviendo a Mendoza, este cambio bien podría suponer un ejemplo del cambio que se puede producir en el ser de una persona que antes no era consciente realmente de que, en este caso, una tribu guaraní son personas, y que como tal, debían poseer sus derechos y su identidad cultural.

La Misión, por todo lo visto, es un filme que funciona como película y que funciona históricamente, aunque con matices. Por cierto, estos matices son los que permiten que la película funcione como película. Pero lo más importante, que es la esencia que subyace de la misión, permanece y es veraz. La Misión transmite la problemática de un periodo casi a la perfección y nos regala paisajes inconmensurables, espectaculares, que se funden con una música majestuosa. Todo en La Misión es solidez, y a parte, aporta algo muy importante que, aunque también aporten muchas otras obras cinematográficas, no por ello no es motivo de mención, y esto es el mensaje humano y la denuncia social, aunque esta denuncia llegue aparentemente tarde. En la época en la que estamos sigue prevaleciendo el nosotros por encima del ellos, y, lo que es peor, se establece esa diferencia que en algunas ocasiones se traduce en tragedia y fatalidad. Los derechos humanos deben estar por encima de los Estados, por encima de la diplomacia, la política. Porque el ser humano debe quedar por encima de las estructuras aunque permanezca a ellas. En La Misión prevalece lo humano aunque triunfen las estructuras, y por ello su mensaje es importante, porque se queda del lado de las víctimas, no de los acuerdos imperialistas. Y aunque aparentemente triunfen los imperios coloniales, en realidad, la sensación final al acabar de visionar el filme es que ha triunfado la humanidad. Supone la victoria del perdedor, con lo que no puede suponer una esencia más humanista que eso mismo. 

* Tercer y último post sobre un monográfico que Patrick Vidal hace sobre la película La Misión, de Roland Joffé. Patrick Vidal es creador y conductor del programa El bueno, el feo y el malo

06 julio 2010

Opiniones de cine: La situación política en La Misión (II), por Patrick Vidal

La situación política en los años que trata La Misión es tensa. Por parte de las metrópolis es tensa porque buscan anexionar territorios y existen discrepancias en cuanto a la extensión de las zonas fronterizas, es decir, existen discrepancias entre los diferentes imperios -Portugal y España- por el territorio, aunque en este caso concreto existe finalmente un acuerdo, ya nombrado anteriormente, que perjudica a los indios de zonas del Paraguay. Se trata de una época, por otra parte, que va avisando de los movimientos independentistas en América, y esto se observa en la película. Es una época en la que la Iglesia ha perdido cierto poder y la Compañía de Jesús intenta actuar un tanto de forma independiente, siempre atada a decisiones diplomáticas. Todo esto se percibe en el filme y todo esto es más o menos cierto. Puede que se le de demasiada importancia al deseo de independencia de los guaraníes más allá de las cataratas de Iguazú, pero esto responde a algo básico, y es que no hablamos de una independencia pretenciosa objetivamente, porque simplemente los guaraníes se encontraban en una zona prácticamente inaccesible donde allí mantenían las tribus cierta identidad propia y coexistían con sus modos de vida.

Puede que se le de demasiada importancia al deseo de independencia de los guaraníes más allá de las cataratas de Iguazú, pero esto responde a algo básico, y es que no hablamos de una independencia pretenciosa objetivamente, porque simplemente los guaraníes se encontraban en una zona prácticamente inaccesible donde allí mantenían las tribus cierta identidad propia y coexistían con sus modos de vida.

Si se permite el término, la “intrusión” de los jesuitas en tierras más allá de las cataratas del Iguazú ya supone una especie de invasión, aunque en el filme se muestra como que es necesaria esta irrupción jesuita, sobre todo porque los jesuitas pretenden demostrar que aquellas tribus no son salvajes a los ojos de los diplomáticos que informan a los respectivos imperios. Y esto lo hacen para que no se encarguen los imperios con el sus respectivos ejércitos de invadir estas zonas, realmente casi inaccesibles como ya se ha dicho. Es decir, se trata del remedio de una invasión pacífica jesuita para evitar una invasión violenta; unos objetivos religiosos contra unos objetivos políticos. Hay que decir que todo esto no es descabellado, ya que los jesuitas sufrieron un gran desprestigio a todos los niveles hasta el punto que tanto en Francia como en España disolvieron la Compañía de Jesús años más delante de las misiones en el Paraguay. Por tanto, no es descabellado que los jesuitas pretendieran de verdad ayudar al pueblo indígena, siendo esta afirmación contraria a muchos comentarios que suscitó la película en los que se venía diciendo que el filme era puramente pro-jesuita y pro-óccidental, cuando, mucho más lejos de la realidad, el filme no se asemeja a lo que es una postura pro-occidental, que sí pro-jesuita, pero es que tampoco se puede derrumbar una hipótesis por prejuicios de ningún tipo, ni morales ni institucionales. Esto es, si el guionista de La Misión o el mismo Roland Joffé se han documentado y establecen una hipótesis que creen fielmente, ¿por qué proponer algo que no entre en esa hipótesis? Por tanto, no existe un deseo de favorecer claramente e impúdicamente a nadie en este filme, simplemente de mostrar lo que los responsables del filme creen que fueron los hechos, aunque la forma de mostrarlo esté obviamente fundamentado desde una cierta subjetividad inevitable, denunciando un problema social que viene provocado por un problema ajeno, extranjero, donde las víctimas son los indígenas. Por otro lado, es discutible la resistencia indígena al final del filme junto a los jesuitas, ya que los jesuitas es muy probable que no opusieran resistencia debido a que la orden ya era lo suficientemente discutida como para luchar contra las fuerzas hispano-portuguesas. Pero no deja de ser un filme, por mucho que intente ser correcto debe funcionar como película de entretenimiento, debe de intentar que la mirada del espectador no se pierda, y lo consigue.

* Segundo post sobre un monográfico que Patrick Vidal hace sobre la película La Misión, de Roland Joffé. Patrick Vidal es creador y conductor del programa El bueno, el feo y el malo

22 junio 2010

Opiniones de cine: Cine e historia en La Misión (I), por Patrick Vidal

La película La Misión funciona como lo que es, una película. Esto sucede como suele suceder en muchos casos por una serie de motivos: una buena historia adaptada a lo que se convierte en un buen guión; una buena interpretación por parte de los actores, indiscutible en La Misión simplemente nombrando a Jeremy Irons y Robert De Niro, dos actores ya maduros en su carrera; obviamente una buena dirección de un buen director que viene de ofrecer en su primera película una obra maestra como Los Gritos del Silencio; y dos factores fundamentales: la fotografía de la mano de Chris Menges y la música de la mano del maestro romano Ennio Morricone. Tanto una como otra parcela artística dentro del filme están sobresalientes y son los verdaderos ensalzadores del largometraje. El proceso evangelizador se da mediante la música (la flauta del padre Gabriel, que se entremezcla de forma no agresiva con la cultura guaraní). Los paisajes de la jungla dentro del contexto natural que suponen las aguas de las cataratas de Iguazú son espectaculares. La naturaleza es testigo directo de lo que acontece allí, y de hecho puede salir seriamente perjudicada por la ocupación de las fuerzas imperiales.



Por consiguiente a todo lo que se acaba de nombrar La Misión posee todos los ingredientes para ser una gran obra majestuosa en cuanto a lo meramente cinematográfico. Si entráramos en detalle en cuanto al guión nos daríamos cuenta de que no es un guión trepidante, no es un guión genial, pero está bien hilado y posee seriedad y elegancia para solventar con creces el papel que le corresponde. Con las interpretaciones ocurre algo muy parecido, son interpretaciones correctas, no excesivamente voluptuosas, y no ejercen un papel derrochador en cuanto a lo que se le presupone que es una grandísima interpretación, pero cumple con su cometido: correctas interpretaciones venidas de grandísimos actores, venidas de, eso sí, genios de la interpretación, por lo que en esta faceta cumplen con su trabajo con creces. Podríamos decir exactamente lo mismo de la dirección por parte de Joffé. Por tanto es en la fotografía y en la música donde no sólo se cumple, sino que se rebasa el cometido de estas elevando a la película a grados más altos de los que en realidad poseería si no hubiese tenido a su servicio Roland Joffé a estas dos personas fundamentales en La Misión, Menges y Morricone.

En cuanto a la complementación entre cine e historia podríamos decir que La Misión es un film válido que proporciona una perspectiva, en consecuencia, válida. Se han podido observar otras películas como La Conquista del Paraíso (The Conquest of Paradise, 1992) o Gladiator (Gladiator, 2000), ambas de un gran director, Ridley Scott, en las que cine e historia no se complementan correctamente, ya que son filmes que si bien pueden funcionar como película, no pueden funcionar proporcionando una perspectiva histórica debido a la deformación clara y manifiesta que se hace de la historia, de los hechos, algo que no es malo que suceda, ya que se declaran descaradamente ellas mismas dejando claro que simplemente son películas, pero que no son válidas desde el punto de vista histórico. Y es que con esto se debe tener excesivo cuidado, y hay que saber diferenciar entre películas que proporcionan mero entretenimiento y películas que son capaces de aportar, además de eso, otras cosas, como es ofrecer desde el punto de vista histórico una perspectiva válida. Y ¿por qué La Misión proporciona una perspectiva válida para la historia? Por lo que se ha comentado antes de forma escueta: porque La Misión, si bien no es rigurosa en cuanto a lo exactamente sucedido en aquellos años en esa zona fronteriza entre el Brasil (del imperio portugués) y el Paraguay (del imperio español), sí que es fiel a muchos de los comportamientos políticos, sociales y económicos de aquellos tiempos. Es fiel a muchos de los comportamientos, por ejemplo, de la diplomacia de la Iglesia, de la de los Imperios coloniales, y fiel a muchos de los comportamientos de los jesuitas y de los indígenas guaraníes. También es fiel a una época en la que se comerciaba con esclavos, se utilizaba la espada y habían asesinatos basados en el los celos o la deshonra, algo que, por otra parte, ha sucedido y sucederá siempre, aunque en la película se plasma de forma muy adherida a una época concreta. La historia y los personajes son veraces, y como la historia y los personajes son veraces y tratan una época del pasado, La Misión sirve a la historia, funciona como perspectiva histórica, es útil históricamente hablando, siempre teniendo en cuenta que el cine es una representación de la realidad que muestra una realidad distinta a la que fue, puesto que el cine siempre es ficción.

* Primer post sobre un monográfico que Patrick Vidal hace sobre la película La Misión, de Roland Joffé. Patrick Vidal es creador y conductor del programa El bueno, el feo y el malo