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10 marzo 2015

Under the skin en Madrid : Amor y rabia

Nota: El que escribe no estuvo en la sesión de clausura de la 12 Muestra Syfy. Este texto no pretende ser una crónica de unos hechos sino una reflexión a raíz de los comentarios surgidos tras la proyección de Under the skin en el certamen.

Hace ya un tiempo en España tuvimos la feliz noticia de que algunos iban a poder disfrutar de Under the skin, la última película de Jonathan Glazer, en pantalla grande. En una decisión más valiente de lo que parecía en un principio, la Muestra Syfy la había escogido para clausurar su festival de cine fantástico. Como ya sabe todo el mundo la película no se ha estrenado comercialmente en España, a pesar de que quien ha querido ya la ha podido ver de forma legal o ilegal. Y, desgraciadamente, hay que recordar los ríos de tinta (y de vergüenza) que corrieron por el desnudo de Scarlett Johansson en la película. Ya sabemos todos que ver un cuerpo femenino desnudo en estos tiempos es muy difícil. Dos antecedentes que nos alejan de lo realmente importante: Under the skin es una película grandiosa. Una película hipnótica, extraterreste y hermosa que sólo te pide que te dejes llevar por las imágenes y la música de Mica Levi. Y, por supuesto, no es una película fácil. Aunque eso también nos llevaría a preguntarnos sobre los términos fácil o difícil. Hay gente con gran cultura cinéfila, amante del fantástico e, incluso, de anteriores películas de Glazer (Birth, Sexy Beast) a los que Under the skin no les dice nada. Lo que sí coinciden casi todos es que la película de Jonatahan Glazer donde realmente luce es en pantalla grande. Hay que recordar que Ángel Sala consiguió proyectarla en el pasado Festival de Sitges a pesar del retraso que, ya por entonces, tenía en nuestro país. Sala sabía que era una oportunidad única ver en Under the skin en la gran pantalla del Auditori del festival.

Y llegamos a la noche del 8 de marzo en los Cines Callao de Madrid. Durante ese domingo muchos de los que habían (habíamos) visto Under the skin animaba a la gente a acercarse a ver la película de Glazer en pantalla grande. Sabedores de que era una oportunidad única en nuestro país. Horas después ocurrió lo que ocurrió. Algunos espectadores se quejaban, por las redes sociales principalmente, de la actitud de otros espectadores durante la proyección: abucheos, silbidos y , lo más triste de todo, comentarios ‘de nivel’ durante los desnudos de Scarlett Johansson en la película. La España más rancia en pantalla grande y con sonido dolby sorround. A todo esto me remito a la nota del principio del texto recordando no estuve en esa sesión. Pero sólo hace falta indagar un poco para constatar que no sólo fueron tres personas sentadas en la última fila. Seguramente también es cierto que esa actitud no fue la corriente mayoritaria. Uno no aspira a que todo el mundo se enamore de Under the skin. No en vano, que sea una película retadora provocando amores y odios está dentro de su encanto. Tampoco uno aspira ni quiere que el cine tenga la paz y silencio de un cementerio. Y muchísimo menos en un festival. Pero eso no impide que lo ocurrido lleve a una reflexión.

Ese día de septiembre. El 4 de septiembre de 2013 fue un día triste para el periodismo. Carlos Boyero era el enviado de El País para cubrir el Festival de Venecia donde se proyectaba Under the skin. Tras ver la película Boyero escribió una crónica con el siguiente titular: La desnudez de Johansson no compensa. Una crónica jalonada con frases como esta: "Hay que reconocer el mérito del director para convencer a su voluptuosa estrella de que aparezca desnuda o con ropa interior cada dos planos". La película no le había gustado nada (respetable) a pesar de haber podido disfrutar con los desnudos de la actriz protagonista. Ese era el análisis de la película. Un espectador de la Muestra SyFy podría pensar: “si un miembro importante de uno de los grandes periódicos de España puede poner eso sin que pase nada, ¿por qué yo no puedo decir lo que quiera durante una película que he pagado?”. Caldo de cultivo se llama. Una piedra más en la polémica sobre los desnudos de Scarlett Johansson que nos ha demostrado que la evolución humana va más lenta de lo que nos creemos. Por cierto, ningún jefe en El País debió ver mal ese titular ya que no se corrigió. Eso sí, en cualquier trabajo universitario en la carrera de Periodismo poner ese titular llevaría a un tener un suspenso e incluso, diría yo, una reprimenda del profesor.

El fantástico como experimentación. Lo grande del cine fantástico es que se sale de los márgenes de los que otros generos a veces no salen. Con muchos matices uno podría asegurar que todas las películas de cine fantástico son casi experimentales. Con lo cual el público del fantástico debería estar más acostumbrado, e incluso deseoso, de recibir propuestas no convencionales. Por eso sorprende que espectadores que vayan a una muestra de este tipo se escandalicen. Y, por otra parte, Under the skin es una película de la que ya se ha escrito mucho y casi todo el mundo que siga la actualidad cinematográfica debería conocer. ¿Realmente sorprendió e indignó tanto su proyección? Cualquier persona que le guste el cine y vaya a un festival cinematográfico donde se proyecte Under the skin sabía, más o menos, lo que iba a encontrar.

Es una pena que haya gente que no sepa disfrutar de la capacidad retadora y provocadora de amores y odios que tiene Under the skin

Ni me gusta lo que veo ni me gustas tú. ¿Por qué no te vas si tanto te disgusta lo que ves? Es una respuesta sencilla. Hay personas, entre las que me incluyo, que les gusta ver las películas hasta el final aunque lo que vean les está destrozando por dentro.  La segunda tiene una respuesta más complicada. ¿Por qué quieres compartir tu disgusto con todos los espectadores que te acompañan? Es muy complicado saber que le lleva a una persona a hacer comentarios, gritos o silbidos en plena película molestando a gente que sí puede estar disfrutando de ella.  Esa predisposición a que personas que no conocemos nos cuenten su enfado (¿un enfado premeditado?) a gritos en mitad de una película. Cuando la actitud más digna y sensata es levantarte de tu butaca (finalizada o no la película) salir de la sala y, una vez fuera, proclamar a los cuatro vientos que Jonathan Glazer es un estafador. Una actitud a aplaudir.
El nicho de Under the skin. Ante todo este panorama el productor Enrique Lopez Lavigne explicaba  en su cuenta de Twitter las razones, a su parecer, del no estreno de Under the skin en España.No comparto del todo su visión aunque entiendo su postura. El año pasado en España se estrenaron películas como El secuestro de Michel Houellebecq, Winter Sleep, El desconocido del lago, Post Tenebras Lux, La chica del 14 de julio o Adiós al lenguaje, entre otras. Películas que podríamos llamar minoritarias pero que llegaron a España.  Llegarian mal o tarde pero el hecho es que llegaron. Las razones del no estreno de una película llamada a ser revisitada durante muchos años como Under the skin deben decirlos otros. Razones que, por supuesto, tendrán su sentido. Lo que está claro es que la cartelera semanal necesita este tipo de películas.

Lo ocurrido el domingo no es ni grave ni importante. Seguramente mucha más gente disfrutó de la película de Glazer que la que no. Por lo leído la Muestra Syfy fue bastante bien y ahora Madrid se prepara para recibir al Nocturna. Pero eso no quita que una pueda mostrar cierta tristeza ante la actitud algo agresiva de algunos (pocos) cuando se les ofrece algo que se sale un poco de la tangente. Que ante esos retos haya tendencia a irse más hacia el chascarrillo que hacia la discusión. Y, lo peor de todo, que ese chascarrillo estemos obligados a oírlo queramos o no. Si estas actitudes son un síntoma o simplemente una muestra de la debilidad humana lo constataremos con el tiempo. Sólo queda felicitar a los organizadores de la Muestra Syfy por programar una película como Under the skin para cerrar su certamen. Y esperar que si a alguien le horroriza una película espere por lo menos hasta el final de la misma para decírmelo.  
 
Raúl Cornejo @VivirRodando es licenciado en Periodismo y autor del blog Vivir Rodando

19 febrero 2015

Opinión: La gran belleza o la vergüenza de una sociedad 'moderna', por Patrick Vidal

Hace unos días visioné una película del 2013 de Paolo Sorrentino. La grande bellezza se titula. Para empezar escribiré que me parece una de las películas más importantes de los últimos tiempos por diversos motivos: por un lado, visualmente y técnicamente, siendo arriesgada la propuesta en estos dos términos, ya que es un auténtico espectáculo. La suavidad de los planos secuencia, la estética sublime, los cambios de ritmo en el discurso técnico, y el mantenido discurso cinematográfico. La gran belleza te hipnotiza y te atrapa de entre sus fotogramas, que uno a uno van consiguiendo que tu mirada se funda con la pantalla, donde todo parece precipitarse en una sola dirección, la del director, la de la película, la de los personajes. Todas las miradas confluyen y es por ello que el milagro cinematográfico atisba en muchos de los momentos que nos ofrece el metraje. Además está el mensaje, la información que se nos da, la filosofía que desprende esta magna obra de Paolo Sorrentino, y que tiene que ver también con lo recién expuesto.
 
En este sentido pondré en antecedentes al lector. Cada plano posee un gran valor durante los 142 minutos de película, por lo que no desmerece en nada el hecho de que yo personalmente no trate plano por plano el asunto. Dicho esto, destacaré que uno de los puntos de arranque importantes del filme que nos ocupa es la fiesta del 65 cumpleaños de Gep Gambardella (Toni Servillo), nuestro protagonista, un escritor frustrado y acomodado en la ciudad de Roma los últimos 40 años de su vida, y que se encuentra trabajando como periodista en una editorial de altos vuelos de Roma. Grosso modo, conforme van pasando los minutos, vamos conociendo el círculo de amigos y colegas de Gep, que pertenecen a una clase alta burguesa que se encuentran al borde de la desesperación. Asistimos con esta película a la pérdida de la razón mediante la razón y a la pérdida de la moral mediante la moral. Una sociedad paradigmática de los tiempos que corren, moralista, y que ven su vida pasar entre fiesta y fiesta y, de rato en rato, ponen a parir a los demás como si ellos estuvieran por encima de todo.
 
¿Por qué es tan importante esta película? Sencillamente, porque supone una durísima crítica a la sociedad capitalista y al ser humano. Además, pone el dedo en la llaga constantemente sin cuestionar directamente el modus vivendi de los personajes que observamos. Simplemente nos lo muestra, y lo que nos muestra transmite un perturbador desasosiego al espectador por aquellas insignificantes vidas. ¿Qué somos? Nada ¿Hacia dónde vamos? Hacia ninguna parte. ¿Qué nos importa en esta vida? Nada. Siempre se llega a la misma conclusión, la nada. Todo lo que ocurre en el día a día es insulso, vacío, sin sentido. Nuestros personajes en la película están vacíos y solos, se encuentran en la más extrema soledad aunque siempre anden acompañados. Es la perdición más absoluta. En cierta manera el cine de Sorrentino en La grande bellezza está honrando el cine del neorrealismo italiano más brillante. ¿A quién no le puede recordar por momentos La gran belleza a La dolce vita de Fellini? También es deudor de un cine crítico y responsable como lo era el de Pier Paolo Pasolini. Este último fue el que mejor explicó la situación psicológica, sociológica y, en definitiva, humana de la sociedad italiana de la 2ª mitad del S. XX. Y haciendo un paralelismo con lo que nos mostraba Pasolini, en la actualidad, todas las aristas negativas de aquella sociedad de los 60 y 70 se han agudizado en su problemática fundamental hasta el extremo. Una sociedad actual, podríamos decir que regida y dominada por un sistema cruel y despiadado que nos controla mediante un método casi automático basado en el consumismo y que fomenta irremisiblemente la creación de falsas necesidades que “necesitamos” al instante. Y los olvidados -como el revelador filme de Buñuel de 1950-, los marginados, los que se hayan en el lado oscuro y oculto de la luna, esos no se ven y no son atendidos. Seguiremos diciendo que las clases medias imitan a la clase alta en una suerte de costumbres que nos hacen olvidar de donde venimos y hacia donde vamos dentro de este camino finito que se nos presentó cuando vimos la luz por primera vez.

El pesimismo de Sorrentino debiera servir como un toque de atención a la sociedad de hoy, porque vamos camino de la desintegración personal

Por ello es importante, claro que lo es, cuando Gep Gambardella, llegado a un punto, nos dice “ya es hora de que haga lo que yo quiera”. ¿Qué ha estado haciendo Gep los últimos 40 años en Roma? ¿De qué le ha servido todo ese tiempo? El pesimismo de Sorrentino debiera servir como un toque de atención a la sociedad de hoy, porque vamos camino de la desintegración personal. Todos los avatares de la historia de La gran belleza llevan al mismo sitio. Gep se encuentra congelado, maniatado, inmovilizado, y es consciente de ello. Nunca volvió a escribir desde que lo hizo para publicar su primer libro. Por otro lado, existen momentos memorables como cuando en un cóctel con la jet set, Gep pretende hacerle una pregunta relacionada con la Fé y de cierta profundidad a un cardenal del Vaticano que aspira al solio pontificio, y este no llega ni siquiera a contestarle, yéndose de allí porque le llamaban para ver una mofeta que se encontraba revoloteando por el bosque. Otra vez la respuesta es la nada. Nadie va hacia ninguna parte, nadie hace nada.

El contraste que sugiere Sorrentino parte de la actualidad, donde efectivamente el ser humano se cuestiona poco, creando un abrupto mundo a su alrededor donde reina la soledad e incomunicación. La falta de entendimiento, provocado por una falsedad, por una imagen que nos creamos de nosotros mismos que no se corresponde con nosotros mismos, hace que el ser humano se pierda en un último instante. El individuo como posibilidad del todo, y la sociedad como límite del propio individuo, incapacitándolo por completo, paralizándolo. Y todo ello en contraposición a momentos pretéritos. Lo primero que se nos viene al pensamiento es la época del renacimiento, donde el hombre era la medida de todas las cosas, donde se recuperaba el clasicismo por ser perfecto en su justa medida, entroncando directamente con la filosofía del humanismo, donde el ser humano, el individuo, es lo más importante junto a su capacidad para hacer el bien y ayudar a los demás, siempre en sintonía con la naturaleza, intentando crear un genio y una personalidad destacable en cada persona que profesa o se expone a una educación o sociedad humanista y, por tanto, renacentista. Porque… ¿cómo se podría observar si no esta etapa como un renacer del ser humano?, un “aquí estoy yo, y no solo estoy orgulloso de lo que soy, si no que te lo quiero mostrar para que lo valores a tu juicio”. Quizás esta es la forma, el método que más ha ayudado a lo largo de la historia y que más podría ayudar, pero por desgracia, estamos muy lejos de conseguirlo.

Así que empatizamos con Gep observando su incapacidad -un hombre puramente humanista en esencia, consciente de la mundanidad que se vive hoy en día- para ser coherente con lo que Es. Él no puede serlo, ya que es tan humanista -tan renacentista como el Hombre de Vitruvio- que participa de la sociedad que le rodea y esta le incapacita de manera que en él mismo se crea la sensación perpetua de frustración e impotencia. La comodidad que en teoría vive es una comodidad que lleva a la angustia, al hastío. No queda claro si encuentra la solución, él lleva toda su vida en busca de La gran belleza, por eso llegó a parar a Roma 40 años atrás, pero sin embargo jamás la ha encontrado, y este es el motivo por el que no ha vuelto a escribir. Todo es tan absurdo, todo tiene tan poco sentido, que ¿para qué va a escribir? Roma le desilusiona, y lo ha intentado muchas veces sin éxito, le da una oportunidad detrás de otra  a la “bellísima” ciudad de Roma, pero esta no demuestra lo que necesita de ella.

Y finalmente, parece ser que son las raíces, ahí reside la piedra filosofal de la cinta de Paolo Sorrentino. Él ya no hacía el ejercicio de recordar las raíces, sus raíces. Por ello, la nostalgia juega un papel importantísimo en el lenguaje de este filme, y es que la máxima de que cualquier tiempo pasado fue mejor, nos sirve para explicar esto a la perfección. Pero no exactamente cualquier tiempo pasado, ojo, cualquier tiempo pasado antes de llegar a Roma. La felicidad, la tranquilidad, la bondad, el amor, la paz, la satisfacción, el placer, no se encuentra en un lugar idealizado en concreto, si no que se encuentra en un momento concreto. Da igual dónde esté Gep, no tiene por qué encontrar la gran belleza en Roma, esa Gran Belleza puede encontrarse en cualquier otro lugar y, sobre todo, en cualquier otro momento.

“Siempre se termina así, con la muerte. Pero primero, ha habido una vida escondida bajo el bla bla bla bla, todo está resguardado bajo la frivolidad y el ruido, el silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo, los demacrados e inconstantes destellos de belleza, la decadencia, la desgracia y el hombre miserable, todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo bla bla bla bla. En otros lugar hay otras cosas, a mi no me importan los otros lugares, así pues, que empiece la novela. En el fondo es solo un truco, si, solo es un truco.”

Gep Gambardella
   
  Patrick Vidal  @patrickvid es licenciado en Historia

10 agosto 2014

Crítica cinematográfica:
¿Qué puedo hacer?

Sólo los amantes sobreviven: ¿aplauso sin premio?
Una pareja se dispone a leer el periódico un domingo por la tarde. La edición del viernes que no han tirado a la basura. Van directamente a la sección de cultura y buscan las críticas de las películas que se han estrenado ese día. La naturaleza de esa crítica, ese único texto, hará que esas dos personas compren o no unas entradas para la película en cuestión. Aunque esta escena se sigue repitiendo era especialmente algo habitual en tiempo anteriores a la llegada de Internet. Ángel Fernández-Santos o Carlos Boyero (este último lo sigue haciendo) acaban decidiendo en la agenda de ocio de algunas personas que buscaban una especie de guía y no acababan de fiarse ni del argumento ni del reparto de la película en cuestión. Algo que no dejaba de tener un riesgo ya que una crítica (crítica, valoración o como se le quiera llamar) no deja de ser la opinión de una persona. Argumentada y razonada pero es una opinión. Hasta que la llegada de Internet cambió el mundo para siempre. Y muy significativamente el mundo de la cultura y, en especial, el del cine. Todo se volvió global incluidas las críticas de cine. Ya no valía que el poster de una película nos dijera que la última película de Woody Allen había triunfado entre la crítica de Estados Unidos porque nosotros podíamos comprobar si eso era cierto en apenas cinco minutos. Y también la crítica se democratizo. Ya no hace falta tener El País a mano para ver lo que opina el crítico de esa película que ponen en el cine de al lado. Ahora en un momento uno puede ver lo que opinan los críticos de La Razón o El Mundo o de revistas de cine como Fotogramas o Cinemanía. Pero la verdadera revolución no ha venido ahí sino en la aparición de miles de webs o blogs sobre cine donde profesionales o no dan su opinión. Y en los últimos años se ha dado un paso más adelante con el microblogging donde una valoración en 140 caracteres puede influir en la decisión de alguien de ir o no al cine. Ahora hay que preguntarse si existe esta influencia. ¿Realmente las opiniones en la red influyen en que alguien vaya a comprarse una entrada? ¿O simplemente son un refuerzo (o lo contrario) para alguien que ya iba a comprarse una entrada?

La crítica ha dicho 

En estos tiempos hablar de la crítica como un ente único es difícil. Hablamos de cientos de críticas que surgen a la semana a lo mejor de una misma película. Decir que la última de Transformers ha tenido malas críticas (lo mismo que decir que buenas) es entender que una persona ha leído todas las críticas publicadas y ha hecho una balanza viendo si pesaba más el lado de las mala que de las buenas. Además al final todo se quiere reducir en que una película sea buena o mala y es algo que va más allá. Aunque una película sea un conjunto no deja de tener momentos más brillantes o más aburridos y se le exige al crítico que haga una valoración sumarial del tipo ‘esta película: sí o no’. La democratización de la crítica sí que ha traído algo bueno y es que, supuestamente, uno puede buscar distintas valoraciones de una misma película. Eso sí uno debe saber bucear para, como quien hace un puzzle, saber encontrar distintas piezas que le ayudan a encajar una imagen de la película que quiere ver. Otra cosa es que la crítica sirva para animar a alguien a ver una película. ¿Por qué una crítica no puede ser para leer después de ver una película?

A veces más satisfactorio la lectura de una crítica después de ver una película que antes para poder enriquecer la visión de la misma

Análisis de una película

El sueño de Ellis: más allá de Cannes
En realidad algunos buscan que les digan si una película está bien o mal para reforzar su decisión de ver una película. Pero una crítica de una película no deja de ser un análisis de la misma. Con lo cual lo lógico es que el lector disfrute de ese texto una vez vista la película. Y que gracias a ese texto pueda entender matices que, a lo mejor, se le habían escapado. Con lo cual la labor del crítico o periodista es más analítica que valorativa. Quizá habría que ir más allá de quedarnos en si una película tiene dos, tres o cuatro estrellas ya que ese elemento no deja de ser una mera orientación (elemento que se utiliza en este blog). Y en ese estadio sí que la influencia de llevar a la gente al cine sería menor. Eso sí el espectador ganaría en personalidad para decidir que película quiere ver simplemente por una cuestión de olfato. Un ejemplo de análisis lo encontramos en la estupenda web, de reciente creación, Visual404. En este post Deborah Garcia Sánchez-Marin analiza el principio y final de El sueño de Ellis algo que sólo se puede disfrutar una vez vista la película. ¿No es una crítica lo que hace Sánchez Marín? Algo que va más allá que decir si algo está bien o mal.

Crítico(s) de cabecera 

Aunque uno bucee buscando críticas de diverso tipo, en realidad, cada uno tiene sus críticos de cabecera (o incluso crítico sin utilizar el plural). Gente con lo que de algún modo empatizas y sabes que su opinión puede estar más cerca de la tuya. Esto puede llevar algún chasco como que ese crítico en cuestión aborrezca algo que tú adoras. Algo que, una vez superada cierta decepción conlleva algo bueno: no hay ninguna regla fijada de antemano. Y mientras eso pase significa que el cine seguirá sorprendiendo. Pero lo que parece claro es que si uno busca una opinión sobre Under the skin no irá a leer a Carlos Boyero. A no ser que quieras encontrar lo que sabes que vas a encontrar. Si tienes interés en saber qué tal está la última película Marvel pues irá a buscar a Noel Ceballos o Alejandro G. Calvo. Si quiere ver si la última película de acción de Arnold Schwarzenegger o Michael Bay puede estar bien pues puede buscar a Fausto Fernández. Sólo son ejemplos pero todos hemos escuchado (y dicho) la frase: “Fulanito dice que está bien con lo cual...”. Al final todos buscamos reforzarnos en nuestras decisiones.

Influencia 

8 apellidos vascos: fenómeno por encima de la crítica
¿Realmente influyen las críticas en la visión de una película para ir a verla? Aunque quizá en este caso debería hablar un experto en marketing el que escribe no puede responder a la pregunta. Quizá porque no tenga respuesta. Se puede decir que 8 apellidos vascos recibió en general críticas regulares y allí está su apabullante carrera comercial. Antes que se estrenará, Fotogramas publicó una crítica no muy positiva de Fausto Fernández sobre la película y no creo que eso influyera en mucha gente respecto a no ir al cine. Guardianes de la Galaxia, de reciente estreno, tiene casi asegurada una buena carrera comercial como película Marvel. ¿Las buenas críticas que está recibiendo en Estados Unidos le ayudarán a tener una todavía mejor taquilla? Seguramente algunas personas reticentes a este tipo de cine irán a ver la película de James Gunn aunque sea por la curiosidad de ver qué es eso de lo que se habla tan bien. Pero esas personas son una minoría. Los que quieren ver Guardianes de la Galaxia ya saben que van a verla. Son sólo dos ejemplos de que las críticas ayudan pero que sirven más como motivo de discusión que como arrastre real para ver o no ver algo. Sólo los amantes sobreviven de Jim Jarmusch fue recibida con entusiasmo por gran parte de la prensa especializada y tampoco sirvió de mucho. No importaron ni las buenas críticas ni los mensajes en Twitter o Letterboxd y la película se más o menos se diluyo. Eso sí si cien personas que no la conocían o dudaban en ir a verla acudieron a la cinta con los vampiros de Jarmusch habría merecido la pena. Porque para eso sirve también la crítica: como rescate a película que están condenadas a perderse en el completo anonimato.

Hay tantas críticas y opiniones sobre las películas que tenemos en la cartelera que lo mejor es leer varias de ellas y de distinto signo antes o después de verlas

Quiero tu opinión y la quiero ahora

Todo lo queremos ya. En los festivales se le pide al periodista o crítico que juzgue una película que ha visto a las ocho de la mañana para salvarla o condenarla. Y si tiene Twitter que lo haga en cinco minutos. Muchas veces hemos visto como películas generalmente masacradas en festivales por la crítica luego han sido recibidas con aplausos cuando son estrenadas meses o años después. Pero queremos que ahora que alguien nos diga si la última película de James Gray, Abdellatif Kechiche o Xavier Dolan merece nuestra atención o la borramos completamente de nuestra mente. Por eso las críticas que nos llegan de festivales, por muy profesional que sea quien las escribe, no deben ser tomadas totalmente en serio. Para escribir sobre una película hay que tomar cierta distancia algo que dada la inmediatez del periodismo no se permite. Y tampoco hace falta irse a San Sebastián, Venecia, Sitges o Cannes para ver esto. Ahora ya queremos saber si Interstellar, que se estrena dentro de cuatro meses, es una obra maestra o una película decepcionante. No en vano ya hay críticas de trailers. No opiniones sino auténticas (y feroces) críticas.

Más críticas que en el cielo

Jordi Costa, Sergi Sánchez, Desirée de Fez Fausto Fernández, Nuria Vidal, Paula Arantzazu, David Tejero, Noel Ceballos, Juan Sardá, Luis Martinez, José Arce, Antonio Trashorras, Lluis Bonet Mojica, Kiko Vega, Daniel Jimenez, Carlos Reviriego, Manu Yánez Murillo, Blanca Margoz, Yago García, Andrea G. Bermejo, Beatriz Martínez, Javier Ocaña, Roberto Alcover Oti, Alejandro G. Calvo, Roberto Amaba.. entre otros muchos publican interesantes críticas o reportajes que deberían servir más de ayuda que de rechazo de las muchas películas que se estrenan cada semana o que tengamos en mente ver. Gente de diferentes edades con gustos y estilos muy distintos. Porque en este país tenemos gente que sabe mucho de cine no podemos conformarnos con leer a uno o dos. Si uno no va a ver Short Term 12 porque en este blog leyó una valoración no muy entusiasta se equivoca. Porque si levanta la mirada verá que la película de Destin Daniel Cretton ha entusiasmado a mucha gente. Y puede que se esté perdiendo una película que le acompañe durante toda su vida. Y si después de todo a uno no le apetece ver una película que ha recibido elogios de los críticos antes mencionados también estará bien. Porque lo mejor que puede hacer el ser humano es decidir por si mismo.   

Raúl Cornejo @VivirRodando es periodista y autor del blog Vivir Rodando

19 junio 2013

Panorama cinéfilo en una capital de provincia




Cines Astoria (Alicante) / ©VivirRodando
Hace un par de días la web Entrada numerada publicaba la noticia sobre el posible del cierre del grupo Ábaco-Cinebox hecho que la empresa ni ha confirmado ni ha desmentido. La noticia vuelve a ser un mazazo para el aficionado del cine que este fin de semana vio como la taquilla daba el peor resultado de su historia. A partir de ahí lo de siempre. Comenzaron a producirse debates sobre el precio de las entradas, la subida del IVA, los modos de distribución... Debates muy interesantes y con muchos argumentos cargados de razón pero que llevan generalmente al mismo sitio. O sea, a ninguno. El cine es caro pero no todo las salas ofertan el mismo precio y se conocen muchas con cantidad de ofertas que reducen el precio. La subida del IVA ha sido un disparo en la cabeza pero ya había una situación inestable antes de esta desproporcionada medida. Siempre es gratificante debatir siempre que uno se aleje de una realidad que a veces es tan cruda que no se quiere ver. Por eso es mejor poner un ejemplo real que pueda servir de paradigma a lo que se vive.

17 julio 2012

Cliente muerto no paga:
La subida del IVA a los cines


Fuente: m4tik (Flickr)
Pensionistas, parados, autónomos, funcionarios, dependientes, clase media-baja...todos ellos y muchos más están sufriendo los durísimos recortes del gobierno de Mariano Rajoy. El mundo de la cultura no iba a quedarse exento de ello. La semana pasada el gobierno anunció una significativa subida del IVA (del 8% al 21%) a sectores como la música, el teatro y, por supuesto, el cine. Esa aumento afectará a partir del 1 de septiembre al precio de las entradas que se calcula que aumentaran 1 euro aproximadamente. Esta noticia ha sido un tiro (casi) mortal en una industria que estaba pasando seguramente por el peor momento de su historia. Esta medida deja varias dudas respecto a su objetivo final que es aumentar la recaudación y que puede ser contraproducente dejando en una situación delicadísima no sólo a las salas de cine sino a la cultura en España.


Cliente muerto no paga

El tweet de Ignasi Guardans  (@iguardans) es tan claro que merece poca explicación. Las salas de cine se encuentran en una situación delicadísima. Juan Ramón Gómez Fabra, presidente de FECE comentó a El País que “si los precios suben, cerrarán el 70% de las salas al día siguiente”. Si las salas cierran importará poco que el IVA sea del 6%, 8% o 42%. No hay ingresos no hay recaudación. Y en productos no básicos se debe animar y fomentar su consumo y más en tiempos donde los salarios cada vez más bajos hacen que la gente se piense dos o tres veces consumir algo “no necesario”.

El cine no es tan caro

Esta es una frase que se viene escuchando desde hace años. Es cierto que una entrada de cine puede ser más barata que un concierto o una entrada de teatro. Pero no es menos cierto que el cine no debe ser comparable. Cada semana llegan diferentes estrenos de diferentes estrenos que hacen que la cartelera sea variada y para todas las edades. El cine es (o debería ser)  un espectáculo asequible donde un espectador pudiera ver una película a la semana. Aunque depende del cine y de las ciudades hay sitios (Madrid, Alicante...) donde ver una película costará prácticamente diez euros. Con lo cual ya no podremos tener un animado debate sobre si ir al cine es barato o caro. La realidad manda y el cine será caro. La sensación del cine como un producto de lujo es un golpe mortal a la industria.

Las salas y los bolsillos vacíos

El momento elegido es el peor para esta subida. Como ya se ha comentado el poder adquisitivo de los españoles ha menguado de forma dramática y su prioridad es no “ir al cine”. Pero no sólo por eso es un momento delicado. Las salas poco a poco se han ido vaciando y, aunque suene triste, el cine ha perdido el impacto que tenía antaño. Desde hace tiempo parece ser que el cine era algo o de muy jóvenes o de muy mayores dejando por el camino al resto de la población. Como recordaba El País Enrique González Macho, propietario de la cadena de cines Renoir y presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, ha tenido que cerrar treinta salas. Se podía ver como grandes cadenas de cines empezaban a ofrecer descuentos y promociones para animar a la gente a acudir al cine. Ofrecer más pagando menos para fomentar el consumo. Lo lógico. Además las salas de cine tenían que empezar a convivir con iniciativas como el VOD (Filmin, Youzee...) y para ello necesitan poder tener precios más competitivos. Recordar que plataformas como Filmin también tendrán subida del IVA pero en ese caso sólo del 3% ya que ellos aplicaban el 18% como recordaba Juan Carlos Tous (@jctous).
España, ¿país europeo?

Este es el IVA aplicado en el cine a otros países de Europa (fuente El Economista)
IVA CINE: Francia 6% Alemania 7%  Italia 10 % Portugal 13% Reino Unido 20% España 21%

Comer es más importante que el cine

Si que los cines cierren asegurará que el Estado del bienestar no peligraría yo sería el primero que apostaría por ello. La sanidad, la vivienda, la alimentación, la educación...son prioridades básicas. El problema es que esta subida del IVA (como lamentablemente muchas de las propuestas del gobierno) no tendrá ninguna repercusión efectiva sino todo lo contrario. Muchos ciudadanos amantes del cine, música o teatro  serán privados del desahogo que para ellos eran estas actividades y más en tiempos tan oscuros como estos. Estas actividades es que se vayan a resentir es que van a desaparecer. No comprendo en que benificia a un país la perdida de cultura. Y no lo comprendo económicamente.

En tiempos de oscuridad la cultura es la luz

Hacer una defensa de la cultura como una base para poder salir en unos tiempos terribles que no han obligado a vivir puede parecer rancio. Pero es necesario. Los ciudadanos necesitamos tener las mentes abiertas y con ideas para no dejarnos manipular y que nos guíen. Y eso lo consigue una buena conversación, un buen libro y sí...una buena película. Es complicado decirle eso a alguien que no puede ni comer pero simplemente me remito a lo que dijo Ángel Sala (@aangelsala) , director del Festival de Sitges, en el pasado festival. “Un país sin cultura acaba irremediablemente en la barbarie”

  Raúl Cornejo @VivirRodando es periodista y autor del blog Vivir Rodando

Fuentes:

. Un IVA-guillotina contra la cultura (Gregorio Belinchón / Rocío García, El País)

04 diciembre 2011

Opiniones de cine / Series de cine :
Mad Men, la cara de una misma moneda (II).
Por Patrick Vidal


Lujos y detalles. Se nos muestra el lujo como esencia, donde parece que en la Avenida Madison en Nueva York es donde subyace la Roma del mejor y más potente imperio. Los vicios están presentes en cada uno de los capítulos, y de aquí una de las grandes y decisivas virtudes que posee Mad Men, y que responde a lo que ya se ha dicho más arriba. En el tipo de drogas que consume un grupo de individuos cristaliza, en muchos casos, el estrato social al que pertenecen. Como ya se ha dicho, el tabaco y el alcohol son las drogas más consumidas por los personajes principales, pero en los 60, la heroína, la marihuana y el ácido eran las drogas de un estrato social en particular, eran las drogas de la contracultura y, por lo tanto, muy consumidas entre los jóvenes. Hasta en esto funciona el ejercicio de la contraposición en Mad Men, ya que apenas nos muestran el ambiente ‘underground’ o contracultural, pero cuando se nos muestra, observamos que entran en escena otro tipo de drogas. Su creador, Matthew Weiner, con todo su completísimo equipo, algunos con sobrada experiencia en series como Los Soprano y Twin Peaks (caso de Lesli Linka Glatter o Tim Hunter, entre otros), con el también súper equipo de guionistas, que tienen enorme parte de culpa del resultado final de este producto maravilloso que es Mad Men, han sabido plasmar a un tipo de sociedad burguesa y poderosa en EE.UU., donde esta clase social poseía capacidad de influencia sobre medios de comunicación como revistas de importante calado internacional como Times o sobre periódicos archiconocidos como The New York Times, así como la participación de la agencia en campañas electorales para la presidencia de EE.UU.
 La ética y la moralidad en Mad Men existen pero no se ven, no es efectiva, se lleva con el pesar y la conciencia de cada individuo, es una carga sombría

Pero sin embargo cabe preguntarse qué pasaba en estos momentos en EE.UU. Inmerso, como se ha dicho antes, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en una Guerra Fría, participando en conflictos internacionales como la Guerra de Corea (1950-1953) -donde por cierto participó Don Draper vestido de Dick Whitman-; y sucesos históricos de capital importancia como la Crisis de los Misiles en Cuba (1962) o la Guerra de Vietnam (1965-1975). EE.UU. era el centro del mundo y comenzaba a decidir por muchas naciones en lo que acabaría conformándose como la ‘aldea global’. Por todo ello, poco a poco, fueron surgiendo una serie de movimientos contraculturales, antibelicistas, movilizaciones sociales por los derechos civiles de los negros y muchas mujeres que también reclamaban los mismos derechos y oportunidades que los hombres. También en Mad Men se observa la escena musical en Nueva York, en uno de los capítulos de la cuarta temporada queda perfectamente retratado como fue aquella cultura ‘underground’ en los 60, donde Peggy Olson conoce a amistades que se encuentran dentro de este movimiento contracultural, que van en contra del sistema, que precisamente intentan convencer a Peggy de que trabajar en publicidad es trabajar engañando y creando falsas necesidades, porque además, dicen, la publicidad es nociva para que se lleve a cabo una sociedad más pura y solidaria. Todo ello, aunque aparezca en pequeñas dosis durante el curso de las temporadas -muestran, por ejemplo, acontecimientos históricos de todo tipo, como el estreno de El Apartamento, de Billy Wilder (1960); la lucha por la presidencia entre Nixon y Kennedy; o la muerte de Marylin Monroe o el mismo Kennedy- a lo largo y ancho de cada capítulo quedan grabados a fuego en la memoria, lo cual dice mucho de todo el equipo productivo de Mad Men, porque eso significa que miden los tempos de forma extraordinaria, que son unos auténticos maestros y que han construido una serie que posee uno de los secretos de la publicidad, paradójicamente, y ese secreto es que hace sentir nostalgia. Con Mad Men vivimos momentos decisivos y acontecimientos cruciales para el devenir de lo que luego ha sido la historia actual de EE.UU. y la de parte del mundo entero, y nos muestran detalles que ayudan a entender el curso que ha tomado la sociedad en términos absolutos a partir de ese momento. Hay que decir que la ética y la moralidad en Mad Men existen pero no se ven, no es efectiva, se lleva con el pesar y la conciencia de cada individuo, es una carga sombría.

Destrucción Mutua Asegurada

 Para terminar, decir que el término ‘Mad Men’ tiene una explicación muy significativa. El acrónimo en inglés MAD significa “destrucción mutua asegurada”, que además, de forma derivada significa “loco”. En un mundo dominado por hombres y donde la figura de la mujer es una de las víctimas principales, la autodestrucción del individuo lleva a un estado de locura que afecta a toda la sociedad de base. Y esto, por supuesto, trae consecuencias. Los psicólogos y psiquiatras están presentes en muchos de los capítulos; EE.UU. comienza a ser una sociedad enferma, como nos lo intentaría hacer ver, con gran éxito aunque haya pasado un tanto desapercibida, Erik Skjoldbjærg en Prozac Nation (2001), de la novela autobiográfica de Elizabeth Wurtzel. Mad Men me recuerda a una famosa obra de arte de Pink Floyd, Shine on Your Crazy Diamond, cuya traducción sectaria para este momento sería “sigue brillando diamante loco”. A pesar y gracias a la oscuridad que encierra Mad Men, sigue brillando porque es un diamante en una sociedad esquizofrénica, pero es diamante y brilla. Mad Men da lugar a múltiples lecturas pero siempre estarán interrelacionadas con un mismo concepto, como ocurre con las grandes obras de arte.

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*Patrick Vidal (@patrickvid) es Licenciado en Historia y especializado en Historia Contemporánea en la Universidad de Alicante

26 noviembre 2011

Opiniones de cine / Series de cine :
Mad Men la cara de una misma moneda (I).
Por Patrick Vidal


Mad Men es la cara de una misma moneda y funciona por contraposición. A veces ocurren cosas que no son casualidad, y es que Jon Hamm y el personaje que interpreta, protagonista indiscutible, también lo son, es decir, representan la esencia de Mad Men, es el reverso y el anverso de una misma moneda. Los dos son huérfanos por diferentes motivos, y pertenecen a distintas generaciones, a tiempos distintos, y uno no tiene nada que ver con el otro, pero al mismo tiempo conforman un binomio conceptual de una perfección evidente. La madurez con la que un actor como Jon Hamm -nunca antes conocido, y que a partir de la serie que nos ocupa, ha participado en proyectos cinematográficos de gran calado como ha sido The Town (2010)- ha llegado al éxito, es casi profético si tenemos en cuenta que Don Draper, su personaje en la fabulosa serie televisiva, consiguió el éxito de forma inesperada aunque sea por razones radicalmente diferentes. El paralelismo entre ellos dos es una trampa en la que es fácil caer y, además, resulta casi inevitable hacerlo. Todo ello confiere a estas dos caras de la misma moneda un cariz de alter ego, siendo esto del todo claro. Luego, Mad Men en cuestión y como concepto, representa y retrata a la sociedad americana de los 60, producto de una historia anterior, de un triunfo hegemónico de EE.UU. a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial. Es el tiempo de la opulencia en EE.UU. y en algunos países capitalistas. También es el tiempo de la Guerra Fría, una guerra que muchos han dicho no ser tan fría como el término parece indicar. Se trataba de una lucha entre dos formas completamente diferentes de entender el mundo, dividido en dos grandes bloques, confrontando, sobre todo, a las dos grandes potencias del momento, que eran, efectivamente, EE.UU. y la URSS. A lo largo de las cuatro temporadas que lleva este proyecto en marcha -que ya es una auténtica realidad y del que se espera hasta una séptima temporada, y que ha sido sobradamente premiado por los premios más importantes en este sentido, como son los Emmy o los Globos de Oro- no se ha visto directamente y de forma continuada este clima de Guerra Fría existente, pero sin embargo queda patente en el imaginario colectivo y en la forma de comportarse de cada personaje y, por lo que se intuye, no solo deja a las claras un análisis de la sociedad americana del momento, sino que se observa el importante halo globalizador de esta sociedad y la influencia posterior que tendrá en todo el mundo, formalizándose un impacto brutal en las sociedades que se han querido llamar occidentales.

El ejercicio de guión, con esos personajes verídicos, más que verídicos, veraces, y un aspecto visual cuidadísimo y exquisito, hacen que todo lo que pueda ser, y de hecho es, negativo y deprimente en toda la historia, sea extremadamente atractivo

Y no, Mad Men no es la historia de una sociedad idealizada, no se observa ni siquiera visos de querer mostrarnos un todo, es decir, una sola perspectiva que lo englobe todo, pero sin embargo lo consigue, y es por ello que es la cara de una misma moneda. Es decir, que Mad Men, regalando al espectador una mirada desde un punto de vista concreto, representa a EE.UU. en un tiempo pasado, aportando, casi sin mostrarlo, todos los demás puntos de vista. Y se nos presenta como si el espectador fuese cliente de la agencia de publicidad Sterling Cooper. Es decir, lo que se nos está vendiendo es visualmente perfecto, con una banda sonora cuidadísima, con un comienzo de la serie que siempre es el mismo pero que reconforta, y con unos finales de capítulos espectaculares, originales, únicos. Es un producto con una presentación ideal, que busca la felicidad del que lo va a consumir, pero luego la historia es descarnada y lo que se nos muestra es de una crudeza sublime. Por lo tanto existe ahí un posible paralelismo entre los objetivos de la agencia de publicidad y los objetivos del proyecto Mad Men, que difieren en el fondo pero no en la forma. Además, puede considerarse políticamente incorrectísima -machismo feroz, autoritarismo en el trabajo y en la vida cotidiana, donde el alcoholismo y la adicción desmesurada por el tabaco está muy presente dentro de un mundo despiadado, descorazonador-, pero el ejercicio de guión, con esos personajes verídicos, más que verídicos, veraces, y un aspecto visual cuidadísimo y exquisito, hacen que todo lo que pueda ser, y de hecho es, negativo y deprimente en toda la historia, sea extremadamente atractivo. Y eso, lectores de este escrito, es lo que yo llamo magia dentro de la ficción. Porque a Mad Men le distingue su atractivo y elegancia en un mundo triste y oscuro, urbanizado, cada vez más individualista, pero sin embargo ese mundo brilla y es extraordinario a través de la mirada del que degusta cada minuto de los 47 -aproximadamente- que contienen cada capítulo. Por si fuera poca cosa, la historia da la sensación de que es inagotable, de que resiste todos los giros de guión que pretendan darle, sin embargo lo más probable es que todo esté perfectamente medido.

Los tres pilares interpretativos

Después está la base interpretativa, donde tres personajes son inamovibles y a partir de los cuales gira la tierra alrededor de Mad Men: Don Draper, Peggy Olson y Joan Holloway. El primero se trata de un hombre en busca de su identidad, con una grave crisis emocional, pero que atesora un éxito más que palpable en los negocios y posee de un gran talento innato con el género femenino. Pero estos éxitos se tornan en fracaso cuando establece una relación sentimental seria; donde en su familia es muy querido por sus hijos pero no encuentra su hueco, no está cómodo, y que, además, oculta esencialidades del “yo” que durante la cuarta temporada va aireando un tanto, confiando en algunas personas sus secretos inconfesables. Jon Hamm dijo de Draper que este está “forzado a vivir una serie de situaciones incómodas en las que busca su propia satisfacción”. ¿Y por qué lo hace? Sencillamente, para encontrarse a si mismo, porque uno de los leit motiv de Mad Men es el camino de Don Draper hacia el reconocimiento de sí mismo. Por otro lado, Peggy Olson (Elisabeth Moss) es esencial, siendo opuesta al personaje de Joan Holloway. La primera es muy joven, brillante, y con una ambición indecible en un mundo dominado por hombres, a los que esta cuestiona con gran habilidad para poder lograr un espacio dentro del gran éxito profesional. De alguna manera Peggy Olson quiere emular a Don Draper, el cual es su padre profesional, un maestro de aspecto paternal, donde, además, se observa una relación especial entre los dos. Joan, por otro lado, es una atractiva jefa de secretarias que no tiene asignado un papel fundamental para el funcionamiento de la agencia de publicidad en sus dos etapas, pero que sin embargo sí se hace esencial para el funcionamiento de la ficción. Y es que estos tres pilares interpretativos van en diferente escala, de mayor a menor incidencia, pero esenciales al fin y al cabo. Joan es atractiva y establece un canon de belleza diferente al que se suele tener como estereotipo habitual. Es, como Peggy, una mujer superviviente, pero utiliza otros métodos para sobrevivir. Entre sus cartas están la seducción en su más amplia expresión, y el saber sufrir por dentro lo que no deja ver por fuera. Creo que el personaje que encarna Christina Hendricks (Joan) es uno de los personajes más dramáticos que he podido ver nunca, en ella se ve una fortaleza fuera de lo común, pero cuando está sola consigo misma se hunde. Estos tres grandes personajes, aunque pueda parecer una temeridad lo que va a seguir a partir de estás líneas, representan, mejor que ningún otro, la humanidad en Mad Men. Sobre todo puede parecer una temeridad porque Don Draper comete errores que pueden parecer imperdonables, pero en él reconocemos a alguien frágil, impulsivo, problemático. Vemos a un ser humano, definido en tanto humano que es. Luego, otros muchos personajes poseen una gran fuerza, desde Roger Sterling (John Slattery), pasando por Pete Campbell (Vincent Kartheiser) o Betty Draper (January Jones), entre otros, porque cada personaje no es casualidad en Mad Men, todo está pensado y todos aportan un gran dramatismo.

*Patrick Vidal (@patrickvid) es Licenciado en Historia y especializado en Historia Contemporánea en la Universidad de Alicante

21 julio 2010

Opiniones de cine: Dentro de La Misión (III), por Patrick Vidal

El personaje central de la película es Rodrigo Mendoza (Robert de Niro), un ex cazador y vendedor de esclavos que entra en La Misión jesuita –concretamente de San Carlos- sometiéndose a penitencia después de matar a su hermano debido a una infidelidad de su pareja con este. Es un personaje que experimenta un cambio radical en su personalidad después de efectuar el asesinato. Sube al lugar donde se pone en práctica La Misión de San Carlos -más allá de las cataratas del Iguazú- con una carga inmensa a cuestas que por momentos está a punto de costarle la vida. El personaje busca la redención de esta manera y llega a ser feliz dentro de la tribu. Nada más llegar a la tribu Mendoza es reconocido por uno de los indígenas a los que persiguió anteriormente y el indígena le pregunta: “¿Por qué apareces vestido de misionero?” A lo que Mendoza responde: “Mi nuevo hábito protege a gente como tu de individuos como yo”. Es decir, aparece un claro sentimiento de culpa que el espectador tan solo puede intuir con una gran fuerza durante el ascenso por las cataratas y la jungla, ya que prácticamente no hay diálogo, y se certifica en este diálogo demoledor que, además, pone de relieve un claro problema social, el tráfico de esclavos, algo que no era legal pero sí permitido por las autoridades españolas. La posición de Rodrigo Mendoza a partir de este momento es clara. Algo muy interesante es que al comienzo de la película el nombre de Rodrigo Mendoza se escucha con bastante frecuencia pese al corto tiempo que pasa desde que aparece Robert de Niro en escena hasta que su personaje mata a su hermano. Y es interesante porque a partir de este hecho se deja de escuchar su nombre, es como si él ya no fuera el mismo. Pero algo permanece en él, y es que en la resistencia de los indígenas en las últimas y memorables secuencias del filme, él desenvaina la espada y combate con la mayoría del pueblo indígena contra el ejército hispano-portugués. El Padre Gabriel no detiene a Mendoza, pero no aprueba su método, eligiendo no luchar. Y es que el Padre Gabriel era jesuita puro, y de él viene, por ejemplo, la simbología de la música mediante su flauta, ya que mediante esta comenzaba a tratar con los indígenas. En una escena un jesuita dice sobre el padre Gabriel y su música: “Si en vez de un oboe tuviera una orquesta, hubiera podido someter a todo el continente”. Volviendo a Mendoza, este cambio bien podría suponer un ejemplo del cambio que se puede producir en el ser de una persona que antes no era consciente realmente de que, en este caso, una tribu guaraní son personas, y que como tal, debían poseer sus derechos y su identidad cultural.

La Misión, por todo lo visto, es un filme que funciona como película y que funciona históricamente, aunque con matices. Por cierto, estos matices son los que permiten que la película funcione como película. Pero lo más importante, que es la esencia que subyace de la misión, permanece y es veraz. La Misión transmite la problemática de un periodo casi a la perfección y nos regala paisajes inconmensurables, espectaculares, que se funden con una música majestuosa. Todo en La Misión es solidez, y a parte, aporta algo muy importante que, aunque también aporten muchas otras obras cinematográficas, no por ello no es motivo de mención, y esto es el mensaje humano y la denuncia social, aunque esta denuncia llegue aparentemente tarde. En la época en la que estamos sigue prevaleciendo el nosotros por encima del ellos, y, lo que es peor, se establece esa diferencia que en algunas ocasiones se traduce en tragedia y fatalidad. Los derechos humanos deben estar por encima de los Estados, por encima de la diplomacia, la política. Porque el ser humano debe quedar por encima de las estructuras aunque permanezca a ellas. En La Misión prevalece lo humano aunque triunfen las estructuras, y por ello su mensaje es importante, porque se queda del lado de las víctimas, no de los acuerdos imperialistas. Y aunque aparentemente triunfen los imperios coloniales, en realidad, la sensación final al acabar de visionar el filme es que ha triunfado la humanidad. Supone la victoria del perdedor, con lo que no puede suponer una esencia más humanista que eso mismo. 

* Tercer y último post sobre un monográfico que Patrick Vidal hace sobre la película La Misión, de Roland Joffé. Patrick Vidal es creador y conductor del programa El bueno, el feo y el malo

15 julio 2010

Opiniones de cine: A un amigo de cine, Aldo Sambrell, por Miguel Herrero











 
Parece ficción pero es real. Hemos perdido a uno de los actores y cineastas españoles más prolíficos e internacionales de la historia. Con cerca de 200 películas, Aldo Sambrell y buena parte de sus vivencias pasan al olvido dentro de la memoria histórica del cine. Es uno de los últimos actores que ha formado parte de la gestación de la gran industria del cine. Es una lástima que la frivolidad de este mundillo, vivir en un mundo de constantes cambios y grandes olvidos, el hacer cine de género y su sencilla vida cotidiana le dejen fuera de un merecido homenaje como mínimo a nivel nacional, si es que se sabe que este actor era español.

Con él me quedo con su camaradería, su alegría y buen humor hasta en los peores momentos: “Llamadme ahora porque si no la cosa va a estar chunga (entre risas)”, su perseverancia e ingenio, tan solo quería rodar;  no le importaba lo que fuera y con quien fuera. Nada tenía que ver con su carácter de tipo duro y violento que dio vida en la gran pantalla.

Miguel Herrero y Aldo Sambrell en el II Festival Internacional de Cine de Sax

El mejor rezo para él sería ver una de sus películas: clásicos del western como la “Trilogía del dólar” y Hasta que llegó su hora de Sergio Leone con Clint Eastwood o Joe, el implacable de Corbucci, del cine histórico como Marco Antonio y Cleopatra de Charlton Heston, del cine fantástico como El fantástico viaje de Simbad de Harryhausen o del de aventuras como La isla del tesoro con Orson Welles o El viento y el león de John Milius. Trabajó con los mejores. Tantos que aquí no caben.

Tenía tres pasiones: el cine, su mujer y el fútbol. Pese a su relación de amor odio al cine, Cándida y su Fútbol le han dado todas las alegrías del mundo. Descansa paz y nos vemos en el cine.

* El actor Aldo Sambrell falleció en Alicante el pasado 10 de julio. Miguel Herrero es director del Festival Internacional de Cine de Sax (FICS) y cineasta

06 julio 2010

Opiniones de cine: La situación política en La Misión (II), por Patrick Vidal

La situación política en los años que trata La Misión es tensa. Por parte de las metrópolis es tensa porque buscan anexionar territorios y existen discrepancias en cuanto a la extensión de las zonas fronterizas, es decir, existen discrepancias entre los diferentes imperios -Portugal y España- por el territorio, aunque en este caso concreto existe finalmente un acuerdo, ya nombrado anteriormente, que perjudica a los indios de zonas del Paraguay. Se trata de una época, por otra parte, que va avisando de los movimientos independentistas en América, y esto se observa en la película. Es una época en la que la Iglesia ha perdido cierto poder y la Compañía de Jesús intenta actuar un tanto de forma independiente, siempre atada a decisiones diplomáticas. Todo esto se percibe en el filme y todo esto es más o menos cierto. Puede que se le de demasiada importancia al deseo de independencia de los guaraníes más allá de las cataratas de Iguazú, pero esto responde a algo básico, y es que no hablamos de una independencia pretenciosa objetivamente, porque simplemente los guaraníes se encontraban en una zona prácticamente inaccesible donde allí mantenían las tribus cierta identidad propia y coexistían con sus modos de vida.

Puede que se le de demasiada importancia al deseo de independencia de los guaraníes más allá de las cataratas de Iguazú, pero esto responde a algo básico, y es que no hablamos de una independencia pretenciosa objetivamente, porque simplemente los guaraníes se encontraban en una zona prácticamente inaccesible donde allí mantenían las tribus cierta identidad propia y coexistían con sus modos de vida.

Si se permite el término, la “intrusión” de los jesuitas en tierras más allá de las cataratas del Iguazú ya supone una especie de invasión, aunque en el filme se muestra como que es necesaria esta irrupción jesuita, sobre todo porque los jesuitas pretenden demostrar que aquellas tribus no son salvajes a los ojos de los diplomáticos que informan a los respectivos imperios. Y esto lo hacen para que no se encarguen los imperios con el sus respectivos ejércitos de invadir estas zonas, realmente casi inaccesibles como ya se ha dicho. Es decir, se trata del remedio de una invasión pacífica jesuita para evitar una invasión violenta; unos objetivos religiosos contra unos objetivos políticos. Hay que decir que todo esto no es descabellado, ya que los jesuitas sufrieron un gran desprestigio a todos los niveles hasta el punto que tanto en Francia como en España disolvieron la Compañía de Jesús años más delante de las misiones en el Paraguay. Por tanto, no es descabellado que los jesuitas pretendieran de verdad ayudar al pueblo indígena, siendo esta afirmación contraria a muchos comentarios que suscitó la película en los que se venía diciendo que el filme era puramente pro-jesuita y pro-óccidental, cuando, mucho más lejos de la realidad, el filme no se asemeja a lo que es una postura pro-occidental, que sí pro-jesuita, pero es que tampoco se puede derrumbar una hipótesis por prejuicios de ningún tipo, ni morales ni institucionales. Esto es, si el guionista de La Misión o el mismo Roland Joffé se han documentado y establecen una hipótesis que creen fielmente, ¿por qué proponer algo que no entre en esa hipótesis? Por tanto, no existe un deseo de favorecer claramente e impúdicamente a nadie en este filme, simplemente de mostrar lo que los responsables del filme creen que fueron los hechos, aunque la forma de mostrarlo esté obviamente fundamentado desde una cierta subjetividad inevitable, denunciando un problema social que viene provocado por un problema ajeno, extranjero, donde las víctimas son los indígenas. Por otro lado, es discutible la resistencia indígena al final del filme junto a los jesuitas, ya que los jesuitas es muy probable que no opusieran resistencia debido a que la orden ya era lo suficientemente discutida como para luchar contra las fuerzas hispano-portuguesas. Pero no deja de ser un filme, por mucho que intente ser correcto debe funcionar como película de entretenimiento, debe de intentar que la mirada del espectador no se pierda, y lo consigue.

* Segundo post sobre un monográfico que Patrick Vidal hace sobre la película La Misión, de Roland Joffé. Patrick Vidal es creador y conductor del programa El bueno, el feo y el malo

22 junio 2010

Opiniones de cine: Cine e historia en La Misión (I), por Patrick Vidal

La película La Misión funciona como lo que es, una película. Esto sucede como suele suceder en muchos casos por una serie de motivos: una buena historia adaptada a lo que se convierte en un buen guión; una buena interpretación por parte de los actores, indiscutible en La Misión simplemente nombrando a Jeremy Irons y Robert De Niro, dos actores ya maduros en su carrera; obviamente una buena dirección de un buen director que viene de ofrecer en su primera película una obra maestra como Los Gritos del Silencio; y dos factores fundamentales: la fotografía de la mano de Chris Menges y la música de la mano del maestro romano Ennio Morricone. Tanto una como otra parcela artística dentro del filme están sobresalientes y son los verdaderos ensalzadores del largometraje. El proceso evangelizador se da mediante la música (la flauta del padre Gabriel, que se entremezcla de forma no agresiva con la cultura guaraní). Los paisajes de la jungla dentro del contexto natural que suponen las aguas de las cataratas de Iguazú son espectaculares. La naturaleza es testigo directo de lo que acontece allí, y de hecho puede salir seriamente perjudicada por la ocupación de las fuerzas imperiales.



Por consiguiente a todo lo que se acaba de nombrar La Misión posee todos los ingredientes para ser una gran obra majestuosa en cuanto a lo meramente cinematográfico. Si entráramos en detalle en cuanto al guión nos daríamos cuenta de que no es un guión trepidante, no es un guión genial, pero está bien hilado y posee seriedad y elegancia para solventar con creces el papel que le corresponde. Con las interpretaciones ocurre algo muy parecido, son interpretaciones correctas, no excesivamente voluptuosas, y no ejercen un papel derrochador en cuanto a lo que se le presupone que es una grandísima interpretación, pero cumple con su cometido: correctas interpretaciones venidas de grandísimos actores, venidas de, eso sí, genios de la interpretación, por lo que en esta faceta cumplen con su trabajo con creces. Podríamos decir exactamente lo mismo de la dirección por parte de Joffé. Por tanto es en la fotografía y en la música donde no sólo se cumple, sino que se rebasa el cometido de estas elevando a la película a grados más altos de los que en realidad poseería si no hubiese tenido a su servicio Roland Joffé a estas dos personas fundamentales en La Misión, Menges y Morricone.

En cuanto a la complementación entre cine e historia podríamos decir que La Misión es un film válido que proporciona una perspectiva, en consecuencia, válida. Se han podido observar otras películas como La Conquista del Paraíso (The Conquest of Paradise, 1992) o Gladiator (Gladiator, 2000), ambas de un gran director, Ridley Scott, en las que cine e historia no se complementan correctamente, ya que son filmes que si bien pueden funcionar como película, no pueden funcionar proporcionando una perspectiva histórica debido a la deformación clara y manifiesta que se hace de la historia, de los hechos, algo que no es malo que suceda, ya que se declaran descaradamente ellas mismas dejando claro que simplemente son películas, pero que no son válidas desde el punto de vista histórico. Y es que con esto se debe tener excesivo cuidado, y hay que saber diferenciar entre películas que proporcionan mero entretenimiento y películas que son capaces de aportar, además de eso, otras cosas, como es ofrecer desde el punto de vista histórico una perspectiva válida. Y ¿por qué La Misión proporciona una perspectiva válida para la historia? Por lo que se ha comentado antes de forma escueta: porque La Misión, si bien no es rigurosa en cuanto a lo exactamente sucedido en aquellos años en esa zona fronteriza entre el Brasil (del imperio portugués) y el Paraguay (del imperio español), sí que es fiel a muchos de los comportamientos políticos, sociales y económicos de aquellos tiempos. Es fiel a muchos de los comportamientos, por ejemplo, de la diplomacia de la Iglesia, de la de los Imperios coloniales, y fiel a muchos de los comportamientos de los jesuitas y de los indígenas guaraníes. También es fiel a una época en la que se comerciaba con esclavos, se utilizaba la espada y habían asesinatos basados en el los celos o la deshonra, algo que, por otra parte, ha sucedido y sucederá siempre, aunque en la película se plasma de forma muy adherida a una época concreta. La historia y los personajes son veraces, y como la historia y los personajes son veraces y tratan una época del pasado, La Misión sirve a la historia, funciona como perspectiva histórica, es útil históricamente hablando, siempre teniendo en cuenta que el cine es una representación de la realidad que muestra una realidad distinta a la que fue, puesto que el cine siempre es ficción.

* Primer post sobre un monográfico que Patrick Vidal hace sobre la película La Misión, de Roland Joffé. Patrick Vidal es creador y conductor del programa El bueno, el feo y el malo