Si viviste los ochenta con cierta intensidad o interés es casi imposible que la figura de Pablo Carbonell te fuera ajena. Él fue uno más los muchas protagonistas de esa década tan mitificado como importante para la historia de la España moderna. Actor, humorista, clown, músico, libertario... Ya fuera en dúo con su amigo Pedro Reyes, como líder del grupo Los Toreros muertos o, ya en los noventa, como reportero del programa televisivo Caiga quien Caiga. En esa época Carbonell retomaría su carrera como actor cinematográfico e iniciaría una breve pero brillante carrera como director. Porque en 2004 rodó su, hasta ahora, única película: Atún y chocolate. Y saltó una relativa sorpresa. Porque Carbonell se alejó de ese Madrid urbano en que tanto le reconocemos y volvió a sus orígenes, a ese territorio gaditano que le vio nacer. Se rodeo de interpretes solventes como María Barranco y Antonio Dechent, le dio un papel robasescenas a Pedro Reyes y se reservó el protagonista recuperando el acento andaluz que Madrid le obligó a suprimir. Atún y chocolate es un de esas comedias marítimas y costumbristas que el cine europeo nos ha reglado muchas veces. En su pícara sencillez reside la grandeza de uno de los mejores y mas reivindicables debuts que se vieron en el cine español de inicio de siglo que ya ha cumplido los veinte años de vida. Este programa de VR, que cuenta con la participación como invitado de Pepe Aracil, habla sobre Atún y chocolate y sobre la figura del inclasificable Pablo Carbonell, moderno como el Madrid de los años ochenta y libre como su Cádiz natal.
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