08 febrero 2009

Interpretaciones de cine: Jean Seberg (Al final de la escapada). ¡New York Herald Tribune, New York Herald Tribune!



Hay interpretaciones que van más allá de la calidad técnica o talento de una actriz. Simplemente es el hecho de estar en el momento idóneo en el sitio oportuno. Y además convertirte en la única persona que podía haber interpretado ese papel. Por una simple cuestión, la presencia. Saber apoderarse del personaje y hacerlo entrar en la historia del cine por la sencilla razón de que sólo esa persona podía interpretarlo. Hay muchos casos en la historia del cine pero pocos que calen tanto como Jean Seberg en Al final de la escapada.

Incluso los que odian a Jean-Luc Godard (a veces con cierta razón) no pueden dejar de decir que Al final de la escapada es una película imprescindible. Y no les falta razón. Aunque pueda descolocar en un principio esa película tiene algo moderno y enigmático que hace que sepamos que estamos viendo algo importante. Y en esa sensación es clave Jean Seberg. Aunque ha entrado en la historia Jean Paul Belmondo pasándose su dedo por los labios en mi opinión todo el misticismo de Al final de la escapada se lo lleva la capacidad de fascinación de Seberg.

Ella se queda con las imágenes para la historia del cine. Su mirada, su pelo corto, sus trajes, sus juegos en la cama con Belmondo, sus gafas de sol...no hace falta recitar Shakesperare para que una interpretación te cale en lo más hondo. No hay diálogos rimbombantes ni artificios, Seberg nos regala con su presencia momentos para la historia del cine. Es simplemente ella. Y sin ella no existiría Al final de la escapada ni todo su mítica.

Jean Seberg ,con una camiseta blanca que pone New York Herald Tribune, paseando por los Campos Elíseos y vendiendo el periódico norteamericano mientras grita: "¡New York Herald Tribune, New York Herald Tribune!". Uno de los grandes momentos de la historia del cine donde cualquier mortal se enamoraría de ella. Y con el que Jean Seberg entraría en la historia del cine.


* Video de d1sintegration

06 febrero 2009

El empleo del tiempo

- El curioso caso de Benjamin Button - (David Fincher, 2008)

Los elementos estaban ahí. El relato de F. Scott Fitzgerald, la pareja protagonista, la música de Alexandre Desplat... Un manjar para cualquier director con talento. La cuestión no era si David Fincher iba a hacer una buena o mala película. La pregunta a resolver era si el director iba a hacer SU PELÍCULA. Acostumbrado a asfixiarnos (física y moralmente) cómo iba a manejar un material (aparentemente) ajeno era una apasionante X que resolver. Y sólo hay que decir que El curioso caso de Benjamin Button es una película de David Fincher. Con todo lo que eso conlleva. 

Es verdad que El curioso caso de Benjamin Button habla sobre el paso del tiempo y la muerte. Pero habla más sobre qué hacemos con ese tiempo que tenemos. Y ahí está donde la narración de Fincher pone más énfasis. Que hacemos con nuestras vidas es algo que decidimos nosotros y sólo alguien que va del final al principio lo sabe. Y la asfixia fincheriana aparece en esos momentos. Porque el ahogo no lo provoca sólo el miedo o la incertidumbre sino el no poder hacer lo que uno quiere o perder a la persona que quiere. Fincher utiliza una especie de asfixia romántica. Frío quizá pero los que amamos ese frío tan especifico de Fincher sabemos que hay algo más tras el.

El romántico que Fincher lleva dentro lo demuestra en la maravillosa y sensual escena de Cate Blanchett bailando para Brad Pitt o la delicadeza con la que narra la relación entre Tilda Swinton y el propio Pitt. Fincher muestra su maestría en saber hacer “otras cosas” sin dejar de ser David Fincher. Vamos en ser un autor. Y ser David Fincher tiene un precio porque El curioso caso de Benjamin Button puede no ser perfecta. Como he dicho puede ser fría o la interpretación de Brad Pitt ser excesivamente hierática (especialmente respecto avanza la película). Pero esa emoción lírica, romántica y triste que hay tras muchos de los planos de que El curioso caso de Benjamín Button no tiene precio. Como dice la voz en off al final de la película cada uno de nosotros nace con una habilidad especial. La de David Fincher es la de rodar como los maestros. Y tras El curioso caso de Benjamin Button él está definitivamente en el Olimpo.

. Melancolía hecha cine (David Cacho, Grupo Salvaje)

. Gusto adquirido. De los que valen la pena (Rafa Martín, Las horas perdidas)

. Extraordinaria fabula sobre la vida (Jesús León, Blog de cine)

04 febrero 2009

Gigantes acomplejados

- El desafío. Frost contra Nixon - (Ron Howard, 2008)



“Piensa sólo en la audiencia”. Este es el argumento que utiliza David Frost para convencer al productor John Birt para embarcarse en el proyecto suicida que era entrevistar a Richard Nixon meses después del caso Watergate. Audiencia, televisión, periodismo, ética... Bajo la apariencia de un argumento sencillo y simple (una entrevista) se esconde toda una maraña de temas apasionantes en esta magnifica experiencia que es El desafío. Frost contra Nixon.

“El poder reduccionista del primer plano”. Esa es la sentencia que dice el personaje de James Reston para resumir la importancia de la entrevista que se le hizo a Nixon. Porque la película habla de periodismo pero especialmente habla de televisión. El periodismo televisivo siempre ha sufrido cierto desprestigio frente a sus hermanos de la prensa y la radio. La película coloca la televisión en su sitio. Porque Nixon no dijo con palabras, “ lo siento” o “fue culpa mía”. Lo dijo con la mirada. Y ese primer plano que supo sacar David Frost vale por todas las confesiones del mundo de todos los presidentes corruptos del planeta. El sensacional guión de Peter Morgan (lección de cómo adaptar una obra teatral al cine) nos habla del camino hacía obtener la verdad. No una frase o una confesión como quieren los personajes que interpretan (magistralmente) Michael Sheen, Sam Rockwell, Oliver Platt y Matthew Macfayden. Será una mirada que en este caso valdrá más de mil palabras. Pero para mí El desafío. Frost contra Nixon tiene el principal punto de interés en otra parte. Es su parte humanista.

Michael Sheen y Frank Langella (oscarizable hasta la médula) interpretan a David Frost y Richard Nixon. Es decir, a dos personajes carismáticos (Nixon a su manera) y poderosos...para el gran público. En realidad Frost y Nixon son dos personajes solitarios, tristes y completamente acomplejados. Dos personas que necesitan el aplauso y la aprobación de todos para constatar que no sobran en este mundo. Eso se refleja perfectamente en la mejor escena de la película, la conversación / monólogo que tienen Langella y Sheen. Frost y Nixon se necesitan, simplemente porque saben que sólo el otro puede comprender el sufrimiento de ser incomprendido y marginado. El periodismo (o los medios de comunicación) y la política no perdonan a los timoratos y acomplejados. Y eso se refleja en la película. Quizá Ron Howard se sienta como Frost y Nixon. Un director de éxito en la superficie pero acomplejado en el fondo por no sentir el respaldo y cariño de todos. Seguramente por eso su trabajo en El desafío. Frost contra Nixon haya sido tan sensacional. Porque era su oportunidad. Como la entrevista lo era para David Frost y Richard Nixon.

Una de las películas del año es El desafío. Frost contra Nixon. Y la ha dirigido Ron Howard. Con un par. Eso si Ron, no pienso ver Ángeles y demonios por muchos “desafíos” que hagas.

. ¡Que empiece el espectáculo! (Carlos Losilla, Cine365.com)

01 febrero 2009

Las hermosas noches de Wong Kar-Wai

- My blueberry nights - (Wong Kar-Wai, 2007)

La aventura norteamericana de Wong Kar-Wai ha sido maltratada desde que se presentó en el Festival de Cannes. Mal distribuida, estrenada de forma clandestina y esas fechas extrañas de final y principio de año. Por eso era lógico verla en un pequeño cine suicida que la ha recuperado en versión original (como debe ser) cuando ya todos la dábamos por muerta. Y la experiencia ha tenido sus frutos. Porque no sólo no me ha irritado la película de Kar Wai sino que My blueberry nights me ha parecido un maravilloso y hermoso cuento. 

Empecemos por lo obvio y negativo. A mí tampoco me chifla que el director asiático se dedique a narrar más de media historia en cámara lenta que, a veces, puede poner muy nervioso a uno. Pero aun asi es completamente perdonable. Porque la música, los colores, las miradas, los gestos....hacer de My blueberry nights una maravillosa experiencia para vivir en cine (no, no es lo mismo verla en DVD). En My blueberry nights veremos el Estados Unidos que todos amamos, el país hortera, el de las luces de neón, neoyorquino, con sus bares (y sus borrachos)... Un Estados Unidos, a la vez, real y de cuento con el que o nos dejamos llevar por la hermosura de sus imágenes (como pasaba en In the mood for love) o nos bajamos enseguida de ese viaje de aprendizaje que emprende una maravillosa Norah Jones.

Lo único negativo del film es algo que no se ve. Su escasa duración (96 minutos) hace que pensemos que estamos ante una película cortada a la que le faltan varias escenas. Queremos que Norah Jones viaje más, conozca más gente con el corazón roto y de tanto en tanto vuelva a visitar a su amigo/enamorado, Jude Law. Una película que contiene nombres como Darius Khondji, Ry Cooder, Rachel Weisz (su atractivo en esta película no tiene límites) o Natalie Portman sólo puede ser recomendable. Y esta lo es por hermosa. Tanto como esa escena donde Norah Jones come tarta de arandanos con la canción The Greatest de Cat Power de fondo. Un gran momento.
 
. Dulces sueños (Fabrizio Castro, Blogestrenos.com)

. Conmoción estética (Javier Ocaña, El País.com)