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03 febrero 2012

América enfadada



J. Edgar 
(Clint Eastwood 2011)

Enseguida a J. Edgar se le puso la etiqueta de “película de Oscar”. Eastwood, DiCaprio, película histórica, biopic norteamericano... todas las características para recibir alabanzas y tener un montón de candidaturas a la estatuilla dorada. Pero parece ser que pocas personas tuvieron en cuenta sobre quien era la película, J. Edgar Hoover uno de los personajes más oscuros de la historia contemporánea. Hoover cometió atrocidades (extorsión, chantaje...) en nombre de una justica y un país que sólo existían en su paranoica cabeza. ¿Cómo afrontar un trabajo tan complicado? Sabiendo que no podía hacer ni una oda al personaje ni una barata colección de todas las barbaridades de Hoover, Clint Eastwood opta por un camino extraño.

Como si de un sueño se tratara J. Edgar se aleja de una visión estrictamente histórica y deja que el propio Hoover nos narre la historia. Y lo hace como el propio Hoover de una manera exagerada e irreal que descoloca al espectador que esperaba una película clásica e incluso plácida. Con una caligrafía agria y áspera la película logra un aparentemente distanciamiento que en realidad trata al espectador como adulto para que sea él mismo el que organice las piezas. Hay que alabar el trabajo arriesgado de un Eastwood que no pretende hacer amigos y logra una película difícil saltándose tópicas y normas del biopic. Obviamente era imposible hacer un biopic normal con un personaje tan extremo y extraño como J. Edgar Hoover. Ayudan las interpretaciones sobrias y sin estridencias de Leonardo DiCaprio y Armie Hammer que logran ofrecer signos de vida y ternura dentro de un clima tan raro como el que tiene la película. Ni pretende ni quiere ser redonda J. Edgar que resulta ser un viaje tan complicado y lleno baches como con un extraño poder de fascinación.
                                                                      

   OPINIÓN

. Un hombre atormentado por sus contradicciones (Beatriz Maldivia, Blog de cine)

Diría que he encontrado grandes elementos en ‘J. Egdar’, pero que al mismo tiempo he echado en falta cierta profundización en el retrato del personaje protagonista y cierta expansión en el análisis de las implicaciones de su actuación

. Las sombras del mito (Sergi Sánchez, La Razón)

Es mérito de Eastwood tratar con sensibilidad ese deseo eternamente aplazado, como si la fascinación de Hoover por el secreto contagie inevitablemente el concepto que tiene de sí mismo

. Décadas resumidas en horas (Joaquín R. Fernández, La Butaca)

“J. Edgar” es un digno filme en el que se percibe una elegante puesta en escena y un sólido montaje pero en el que también es fácil atisbar su principal debilidad: la estructura narrativa que ha elegido el guionista Dustin Lance Black para abordar el proyecto

16 septiembre 2008

Joyas a reivindicar: Banderas de nuestros padres. La guerra. La de verdad



Cuando Clint Eastwood estrenó su díptico sobre la batalla de Iwo Jima que formaban Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima , todo el mundo se quedó con la segunda. La estupenda visión japonesa que era Cartas desde Iwo Jima se llevó la atención del público y, sobre todo, la crítica. Cartas se llevó los premios, las nominaciones al Oscar... No obstante era una visión más poética y cinematográfica de la batalla. Banderas de nuestros padres quedó relegada a un segundo plano sufriendo la ignorancia del mismo público y crítica que ensalzaba a Cartas desde Iwo Jima.

Esa situación es una terrible injusticia que seguramente el tiempo compensará. Cartas desde Iwo Jima es una maravilla, perfectamente realizada pero para hablar de GUERRA hay que mirar a Banderas de nuestros padres. El primer film que dirigió Eastwood sobre Iwo Jima habla de lo que es la guerra de verdad, dentro y fuera del campo de batalla. Las escenas de la lucha en la isla son magnificas y veraces pero donde se libra la verdadera lucha es fuera de la isla japonesa. Eastwood narra con una sinceridad devastadora la estupidez que es la lucha armada. Y lo hace sin demagogias ni prejuicios. Muestra una sociedad absurda que vanagloria a unos soldados que izaron una bandera mientras olvida al resto que está luchando. Clint Eastwood nos enseña lo que es la guerra de verdad, unos dirigentes que jamás ponen en peligro sus vidas manejas las vidas de unos pobres chicos que sólo intentas sobrevivir. Y sobre todo pone en tela de juicio el heroísmo. Como el mundo nos impone unos héroes, nos dice a quien y cómo debemos admirar a una persona. La manipulación vergonzosa que sufren los soldados de la bandera es la que sufre la población civil día a día. Y Eastwood lo hace a pecho descubierto, con una amargura sin fin. Por eso la película fracasó. Era demasiado amarga y sincera con temas tan delicados como el heroísmo y la guerra. El tiempo descubrirá esta gran obra, no por ser dura en sus escenas de batalla sino por ser implacable en el juicio a nuestra sociedad.

La película se abre con la frase: “Muchos imbéciles dicen saber lo que es la guerra. Especialmente quienes no han estado en ninguna” Un homenaje a una gran imbécil de nuestros días, Sarah Palin .