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01 julio 2012

Joyas a reivindicar: Inland Empire
El canto del cisne (digital) de David Lynch


 >  JOYAS A REIVINDICAR  : Inland Empire, de David Lynch (2006)


A fecha de hoy Inland Empire es la última película dirigida y estrenada comercialmente por David Lynch. Después de 2006 (su fecha de estreno) Lynch se ha dedicado a la música, la publicidad, los cortometrajes...mientras que sus fans ansían que vuelva a crear una de sis absorbentes historias que les trasladen a otro mundo dado que este es cada día más irrespirable. Aunque pueda ser que vuelva a dirigir un largo algunos pensamos que esto es difícil dado que su Inland Empire suena a brillante final. A una puerta que se cierra definitivamente tras haberlo dado todo en un último trabajo donde ha hecho de equilibrista sin miedo a caer el vacio. Pongámonos en antecedentes. El anterior trabajo de Inland Empire es nada más ni menos que Mullholand Drive la obra maestra de Lynch. Mulholland Drive es la película que no debía haber existido, que fue resucitada de su pasado de serie televesiva cancelada y paso de patito feo a brillante cisne. Con esa película Lynch encandiló a todo el mundo ganando importantes premios de prestigio (mejor director en el Festival de Cannes, nominado al Oscar a mejor director, César a la mejor película extranjera...), convenciendo a acerrimos detractores de su cine, descubriendo al mundo a una estrella como Naomi Watts y haciendo que hoy Mulholland Drive se haya convertido en una pieza tan respetado como un futuro icono cultural. Lynch podía presumir triunfó a lo grande con una película netamente suya sin hacer ninguna concesión. Uno podría pensar que por qué no repetir la jugada en su siguiente trabajo. Y en realidad fue lo que hizo cinco años después con Inland Empire. Eso si con algo de (buen) juego sucio.

Inland Empire es una obra tan sucia y oscura como fascinante y libre, la versión pesadillesca de Mulholland Drive obra de un genio sabedor de que no tiene limites en su libertad y talento 

Inland Empire es la versión pesadillesca de Mullholand Drive. David Lynch vuelve al mundo del cine mostrándonos como en la anterior película la maquinaria de Hollywood desde dentro. Inland Empire muestra el viaje hacia la locura (o no) de la actriz Nikki Grace (magistral Laura Dern) en pleno rodaje de una película llamada Flotando en llamadas tristes que resulta ser el remake de una película alemana incompleta por el asesinato de sus dos protagonistas. Por supuesto la película es mucho más que eso pero sólo se necesita eso para poder entrar de lleno en ella y como todo el cine de Lynch dejarse arrastrar. Inland Empire es la otra cara de la moneda de Mulholland Drive. Es más me atreveria a calificarla la única película que se podría adscribir en el género del terror junto con (obviamente) Cabeza borradora. El erotismo de Mulholland se transforma aquí en una sexualidad decadente, sucia y generalmente peligrosa. La progresiva decadencia de Naomi Watts en la primera película se convierte en una locura irracional y violenta en la Laura Dern de Inland Empire. Todo en Inland Empire es más agresivo y oscuro, el amor también. La obsesión de Naomi Watts por Laura Harring en  Mulholland Drive se traslada también aquí a Laura Dern pero derivando también en miedo y locura. Este estilo de Inland Empire es creado por Lynch gracias a que la película está rodada en formato digital con una “sencilla” cámara Sony DSR-PD150. Eso y esos primeros planos que parecen meterse en el corazón de la película acrecentan el tono de laberinto pesadillesco que tiene el film.

Lynch no se corta en Inland Empire. Lo digital parece que le da alas para dar angulosa y extraña forma a una historia que fue creando día a día en el rodaje. No pone límites a la hora de expandir sus historias (casi tres horas de metraje), ni de incluir sus mundos anteriores en este film. Una parte importante de la película son los fragmentos de su inquietante serie Rabbits (creada en 2002) y que no sólo no desentona sino que se podría decir que es la espina dorsal de la película. Y como en Mulholland Drive hay que tener cuidado con las puertas que uno abre ya que llevan a los personajes a distintos mundos e historias. La diferencia es que Inland Empire multiplica esas puertas haciendo que el personaje de Laura Dern pase por distintos personajes y estados hasta llegar a un (supuesto) final feliz. Pero intentar hablar de desarrollo o tramas convencionales en Inland Empire es ,además de una perdida de tiempo, atentar contra su espíritu. Con Inland Empire a Lynch le desapareció el glamour. Ya no hubo tantos premios (aunque sí que recibió algunos por su carácter “experimental”), ni excesivas loas además de problemas en su distribución y exhibición. Incluso algunos fans del cine de Lynch hicieron burla de ella. Quizá no vieron el inmenso regalo de una obra de arte completamente libre. Como el Twixt de Francis Ford Coppola, el Al límite de Martin Scorsese o el Femme Fatale de Brian De Palma. Obras libres y sin complejos donde maestros comparten su mundo (no necesariamente feliz ni formalmente hermoso) con el público sin, a priori, importarles el rechazo con el que inicialmente serán recibidos. Con Inland Empire David Lynch nos ha regalado una obra genial e intensa para ser discutida mil veces sin que nunca lleguemos a una conclusión. Una película donde está todo el Lynch que hemos visto siempre pero sin ningún tipo de maquillaje ni excusa. Por eso cuesta más verlo pero una vez comprendido y aceptado es otro viaje fascinante (y sí terrorífico) por el que dar las gracias.Ojalá vuelva a rodar un largometraje David Lynch pero si no lo hace sabemos que su carrera tiene una coda final coherente y redonda.

20 junio 2012

Joyas a reivindicar: Crumb
Vida en viñetas

 >  JOYAS A REIVINDICAR  : Crumb, de Terry Zwigoff (1994)

"Si no dibujo me vuelvo loco". Con esta frase empieza Crumb (1994) el documental que Terry Zwigoff dedicó a uno de los grandes símbolos de la cultura estadounidense, el dibujante Robert Crumb. El creador de El gato Fritz sigue siendo un mito viviente de la considerada cultura underground norteamericana con unos dibujos tan asombrosos como personales. Dado que hablamos de alguien tan respetado uno puede temer una especie de documental hagiográfico que ensalce la figura de Crumb. También uno puedo temerse una película lineal donde a base de entrevistas veamos un trazo grueso de un personaje tan complejo. Por suerte la obra de Zwigoff no es ninguna de las cosas siendo las dos. Crumb se dedica a acompañar a Robert Crumb  en su casa o por las calles de su ciudad como el típico (fan) pesado ya que el dibujante muestra en varias ocasiones lo poco agradable que le resulta la grabación de esa película. Eso potencia la visión de que Robert Crumb es todo lo contrario a lo que podemos considerar un héroe a seguir. Y por eso el documental y su protagonista nos atrae tanto.

Crumb nos muestra a un Robert Crumb egoista, poco sentimental, honrado y brillante pero siempre sin querer mostrarnos una retrato falsamente profundo y asi consiguiendo humanizar (a su manera) a un genio  

Las mejores partes de Crumb son cuando el dibujante visita a sus dos hermanos (Charles y Maxon) personajes inestables y rechazados socialmente. En parte similares al propio Robert Crumb. El documental nos muestra las visitas de Robert a casa sus hermanos (más intimidad imposible) donde la camara de Zwigoff desaparece y nos muestra de forma cruda las conversaciones entre ellos. Y de repente el documental sobre el dibujante Crumb se convierte en un retrato perfecto sobre la supervivencia de una familia (unos hermanos) de una realidad que no comprenden. Y de cómo el arte sirve para Robert, Maxon y Charles como único balón de oxigeno. No es casual que el documental esté centrado en la época donde Crumb y su esposa (la también dibujante Aline Kominsky-Crumb) se mudaban a Francia. En todo Crumb el dibujante muestra su hastio a ciertas actitudes norteamericanas fastidiosas a la vez que refunfuña de que su mujer “le obligue a irse a Francia”. Esa ambigüedad casa perfectamente con un símbolo tan alabado y criticado dentro de su propio país como es Robert Crumb. La sociedad que ahogó a Crumb y sus hermanos fue la que le ha servido de inspiración para sus asombrosas viñetas. 

Crumb no sólo es el reflejo de la biografia del dibujante. El documental habla de la sexualidad del Robert Crumb a traves de su mujeres, del posible racismo de algunos de sus dibujos, del poco aprecio que siente hacia el genero femenino, de su incapacidad para mostrar sentimientos... Para ello habla con editores, novias, hijos y al final con el propio Crumb. Y la respuesta es más confusa que cuando se empezo a ver el documental. Robert Crumb queda como un hombre tan desafectado como entrañable. Tan egoísta como artísticamente honrado (como buen dibujante tiene una mala relación con el cine). Crumb sin quererlo (o sí) humaniza a un personaje sin dar respuestas obvias. Un autor cuya obra es tan poderosa que parece un muro complicado de derribar. Crumb tuvo bastante repercusión en su día ganando varios premios (Mejor documental del National Board of Review, Festival de Sundance, Boston Society of Film Critics Awards...) pero sin nominación al Oscar. Quizá por la poca obviedad de la película donde las respuestas hay que leerlas entre las líneas de dibujo de las viñetas de Robert Crumb. Si hay respuestas claro.

15 abril 2012

Joyas a reivindicar : Hazme reír
La tragedia del humor como forma de vida


La llegada de Judd Apatow al cine supuso una corriente de aire fresco y renovador a la comedia norteamericana. Aprovechando el talento de la nueva hornada de cómicos USA (Steve Carell, Adam Sandler, Seth Rogen, Jonah Hill...) Apatow hace un humor de apariencia gruesa y superficial pero cuya profundidad hace que toque temas realmente dramáticos. Sus personajes son personas inmaduras emocionalmente incapaces de darle forma y sentido a su vida lo cual producen efectos cómicos pero en realidad no dejan de ser retratos devastadores. En las películas de Judd Apatow son frescos tan reales y sinceros que uno se pregunta donde acaba la comedia y empieza el drama. Quizá no haya respuesta porque sean las caras de una misma moneda. Respuestas o no respuestas da la impresión que Apatow con su película Hazme reír quiso hacernos pensar (o hacérselo a si mismo) sobre que significa el humor. O por lo menos que significa en un mundo tan dramático.

Con un bagaje impresionante en pocos años como director, escritor y productor y haber creado un marca propia en la comedia norteamericana (Virgen a los 40, Lío embarazoso, Supersalidos...) Apatow cree que es el momento para reflexionar sobre lo que hace todos los días del año. Pensar en comedia y hacer reír a los demás. Para ello va a dirigir otra aparente comedia de la factoría Apatow pero que, en realidad, tiene más de una especie de un personal ocho y medio. Para despistados puede sorprender una comedia norteamericana de dos horas y media de trama bastante sencilla. La historia de un famoso cómico norteamericano que descubre que tiene una enfermedad por la que puede morir y su relación con un cómico novato al que contrata como ayudante. Para el personaje protagonista Apatow logra un acierto crucial al lograr que protagonice el film Adam Sandler ya que el protagonista de Hazme reír no deja de ser un doble de la estrella norteamericana. George Simmons (Adam Sandler) es alguien que se gana la vida (muy bien) haciendo reír. Pero va más allá de ser un trabajo ya que sólo sabe moverse en la vida a partir de hacer comentarios chistosos e ingeniosos y, generalmente, utilizando la sal gorda (o humor grueso) en ellos. El humor en la vida de Simmons provoca un distanciamiento vital con el resto de la humanidad haciendo que la gente sólo quiera recibir su medicina (su humor) y evitando cualquier tipo de relación humana. Ante la muerte Simmons no deja de utilizar el humor pero no como una ayuda ante el drama sino como un impulso irrefenable inherente a su capacidad humana. Una droga sin la cual su vida no tendría sentido.

Hazme reír es un perfecto estudio sobre esa gente divertida (funny people) cuya forma de vida es el humor y la pequeña tragedia que implica ello

Hazme reir habla sobre la necesidad del humor en las vidas de los cómicos aunque eso les lleve a provocar un daño en sus vidas. George Simmons intenta recuperar una relación con el amor de su vida (Leslie Mann) y crear una amistad fraternal con su ayudante (Seth Rogen). Lo hace de forma torpe como si al afrontar realidades donde no pueda sacar un chiste se sienta desnudo. Cualquier momento de la vida debe ser divertido sacando un chiste y si no lo es ya no es interesante. Judd Apatow nos lleva a la parte interna de sus comedias para mostrarnos que `para llegar a esas creaciones el cómico deja una parte de su alma (a veces irrecuperable) en ello. También Hazme reír habla de que esa necesidad de humor no deja de ser un motor vital que hace funcionar a cierta gente. Apatow nos muestra que la verdadera felicidad de los cómicos sólo llega cuando se encuentran e intercambian chistes y comentarios ingeniosos entre ellos. El humor les hará libres.

 

Hazme reír (estupendo titulo original Funny people) pasó sin pena ni gloria por la cartelera de medio mundo quizá porque Apatow logró hacer reír como siempre pero mostrando un lado más sombrío del humor. Preguntándose sobre esa gente (el mismo) que intenta ver la vida como un chiste perpetuo y descubriendo que tras el ingenio y la alegría había además de un mundo fascinante un pequeño drama. Hazme reír es una película reposada y tranquila que jamás se acelera porque no quiere llegar a ningún sitio. Toda en ella no deja de ser una perfecto estudio sobre quienes son esa gente divertida y porque hacen lo que hacen. El chiste como forma de vida. La única forma de vida.

30 noviembre 2009

Joyas a reivindicar: Están vivos. Conciencia social carpenteriana

¿El cine de Ken Loach o Fernando León se acerca realmente a la vida de los obreros, los parados o desclasados? Hay corrientes creen que este cine social (también depende de qué películas hablamos) tiene ciertas dosis de demagogia e irrealidad que le alejan de cualquier tipo de posible realismo. A veces intentar acercarte los que más sufren te aleja de ellos puesto que la realidad es prácticamente imposible de fotografiar. En otro orden de cosas tenemos un genero que siendo la antitesis de lo creíble y real, muchas veces, consigue que palpemos cómo siente de verdad el género humano. Me refiero al cine fantástico, refugio de unas libertades que no tienen otros tipos de cine. En 1988 John Carpenter con Están Vivos se dispuso a estrenar lo que se podría considerar una gracieta (como son consideradas algunas de sus películas). Una película de alienígenas o zombies, otra más. El quid de la cuestión es que Carpenter se puso el mono de Ken Loach y queriendo (como persona inteligente social) realizó una impactante y acertada metáfora social. En realidad algo más allá que una metáfora, una visión de lo que debería ser la conciencia de clase norteamericana. Porque los “extraterrestres” tardan en aparecer. La práctica totalidad de la primera parte del film habla sobre las circunstancias terribles en las que viven la clase baja-media en Norteamérica. Bajo la excusa de la crisis (sí amigos, no sólo en estos tiempos hay crisis) las empresas fagocitan a sus trabajadores arrojándoles a la calle con nada. Eso sí es puro realismo.
 
  
 
Pero la parte fantástica no se queda atrás. Los extraterrestres son invasores que llevan años ocultos entre nosotros. Son los ricos, los poderosos, la clase alta que nos dominan y nos duermen impidiéndonos rebelarnos contra la situación (de miseria) que nos hacen llevar. Y sólo podemos ver su verdadero rostro (decrepito y horroroso) con unas gafas de sol especiales. En realidad Carpenter dice que más allá de la película esos extraterrestres viven entre nosotros. Igual que en el film nos dominan, nos obligan a consumir, a ver (mala) televisión, a seguir dormidos... El claro problema es que no llevamos gafas para ver sus verdaderos rostros. O quizá que no queremos verlos. Que no nos interesa usar esas gafas imaginarias porque estamos mejor dormidos y subyugados. En resumen, todo un puñetazo carpenteriano a nuestra realidad.

08 septiembre 2009

Joyas a reivindicar: Starship Troopers. ¿Inteligencia? militar

Sin duda una de las personas a las que se les podría adjudicar la frase, ir al grano en esto del cine es Paul Verhoeven. Para el director holandés en sus películas, la violencia es violencia, el sexo es sexo...sin darle toques artísticos, ni querer ser un tipo cool o moderno. Por eso los detractores de Verhoeven utilizan términos como director cutre, tramposo o vulgar. Pero los hay que vemos que sus films van más allá de lo que se muestra en pantalla. Su lenguaje visual directo, sin tonterías, ni chorradas ocultan personajes e historias duras y complejas. Un caso evidente es una maravilla como Starship Troopers.

La película fue vendida como un asalto más a la taquilla estadounidense por parte de Verhoeven como lo había sido Instinto básico. Pero de nuevo el holandés estaba siendo más inteligente que todos. Si la película que puso de moda el cruce de piernas de Sharon Stone era una fabulosa y adictiva farsa a través de un thriller erótico, Starship Troopers no se quedaba atrás. El film parecía hacer la típica carrera de un film revientaquillas, éxito de publico y palos de la critica que sólo alababan sus (apabullantes) efectos especiales. Y lo más significativa, algunos críticos la tachaban de fascista. Aunque parezca lo contrario, con esta reacción Verhoeven lo había logrado.



Porque para ser critico o irónico lo mejor es mostrar a lo que quieres criticar en su máximo esplendor...o idiotez. Starship Troopers es todo un asalto contra el fascismo trasnochado que muestran algunos paises o superpotencias a traves de sus aparatos militares. Para ello se rodea de elementos como un megapatriotismo absurdo o tramas entre los personajes cercanas al nivel intelectual de Melrose Place. Todo está estudiado para el resultado final, mostrar el absurdo de los aparatos militares, las guerras preventivas u invasiones varias. El casting también es clave. Olvidémonos del talento interpretativo, Verhoven se rodea de tipos duros (el inefable Michael Ironside), malos actores guapitos (Casper Van Dien) y cuerpos esculturales (Denise Richards), que colaboran a hacer más demoledora esta farsa militar.

Dicen que la ciencia ficción es tan grande porque en realidad refleja los problemas que tenemos en la actualidad. Paul Verhoeven lo hace, riéndose de todo y de todos. Engañándonos y metiéndonos en una historia que parece una película de bichos, naves espaciales y efectos especiales que, en realidad, es una patada en la cara de los salvadores de la patria que hay en todo los lugares del mundo. Siempre que he visto fotos de Paul Verhoeven se está riendo. Es lo que tienen los tipos listos que saben reirse del mundo, mientras les saca unos buenos billetes.

08 agosto 2009

Joyas a reivindicar: Jóvenes prodigiosos. Genios inadaptados

Así es el cine y la vida. Curtis Hanson paso de ser un buen artesano a un maestro en poco tiempo. La adaptación al cine de la novela de James Ellroy, L.A. Confidential, le dio (merecidamente) un sitio entre los grandes. Y no sólo por su éxito sino por el respeto que infundió a todo el mundo por la manera tan soberbia de realizar una película de cine negro tan clásica como moderna. Y después de la tormenta llega la calma. La siguiente película de Curtis Hanson marcaría ante quien estábamos y qué podíamos esperar de él. Y , para algunos, la experiencia fue más que satisfactoria. Volvía a confiar su suerte en adaptar otra novela de un moderno novelista genial como es Michael Chabon. El reto se llamaba Wonder Boys. Pero esta vez tenía un material delicado, una especie de drama con toques cómicos lleno de personajes extravagantes y en el filo. Fuera gangsters, policías y violencia y dentro personajes perdidos y, a veces, indescifrables. Jóvenes prodigiosos es una de esas joyas que pasan por la cartelera sin hacer ruido. No fracasan, tienen buenas criticas y cazan alguna nominación a grandes premios. Pero no se les da el suficiente valor que se merecen y se pierden en la historia. La película de Hanson huele a oportunidades perdidas, a personajes que conviven con su fracaso diariamente como es ese Grady Tripp que interpreta magistralmente Michael Douglas (su mejor papel, por encima del Gordon Geckko de Wall Street). Alguien cuya crisis de creatividad pasa precisamente por no saber finalizar una novela sin sentido con cientos y cientos de paginas. Mientras que su anterior libro pasa por un clásico moderno, él no sabe como finalizar el siguiente, ¿Hanson se hacia una autometáfora con su L.A. Confindential? Él es el motor de una película que tiene un merito esencial, ser distinto a buena parte del cine USA que nos llega. No tener miedo en narrar (con el eficaz trabajo de Hanson en la dirección) todo el periplo surrealista que lleva a Tripp a tocar fondo. La muerte de un perro, el robo de la chaqueta que pertenecía a Marilyn Monroe, lios con amante y esposa... todos esos “problemas” lo único que nos traslada es a la rotura del sueño americano. Un genio frustrado sin rumbo en su vida que sólo puede vivir de un éxito en su vida, su primera novela. También es clave la interacción de su personaje con el James Leer que hace un genial Tobey Maguire. Joven mentiroso, extraño y genial, tanto como lo es el personaje de Tripp. Y los dos completamente perdidos. Jóvenes prodigiosos habla del fracaso pero se aleja de visiones depresivas y realistas que podía hacer cualquier otro director. Ni Hanson ni su guionista (el gran Steve Kloves) son tontos y se apoyan en el personal mundo de Chabon para retratar la tortura que puede ser tener todo el talento del mundo sumado a la confusión que nos aporta una sociedad caótica (y ni la marihuana puede evadirte de él como intenta) Y lo hace de una manera elegante, ágil y, a veces, divertida. Jóvenes prodigiosos es una joya rara, distinta y tan genial como los personajes que en ella habitan. Se merece una reverencia como la que hace Tobey Maguire al final del film. Bravísimo, señor Hanson.

24 julio 2009

Joyas a reivindicar: I'm not there. Bob Dylan, dividido y humillado


Hace tiempo me encontré con un hecho sorprendente y que se repite cada cierta frecuencia. Se estrenaba en España la comedia Adivina quién protagonizada por los cómicos norteamericano Bernie Mac (recientemente fallecido) y Ashton Kutcher. El día del estreno fui a ver la cartelera fui a ver el periódico y me di cuenta que la peliculita de marras estaba prácticamente en multitud de salas de la ciudad. Es más la película tenia un numero de copias en España absolutamente increíble (por su elevada cantidad). Es resumen, una película que no había destacado por tener unas grandes criticas en su país, con un humor muy localista (estadounidense), una estrella sólo conocida en el país norteamericano (Bernie Mac), otro conocido por ser el esposo de una estrella de capa caida como Demi Moore (Ashton Kutcher)...algo que no debería ser muy atrayente para el público europeo no sólo se estrenaba en España sino que arrasaba en número de copias. Incomprensible. Y en el otro extremo tenemos I’m not there (titulo cogido de una preciosa y desconocida canción de Bob Dylan). Este film “sólo” tiene nombres como Bob Dylan, Todd Haynes, Cate Blanchett o Heath Ledger. ¿Su estreno en España? Nunca ha sucedido.

Viendo I’m not there podemos ver las claves de porqué el film ha sufrido una vergonzosa incomprensión. Acercarse a la figura del elemento de cultura popular vivo más importante de una manera común y lineal parece harto complicado. Dylan es demasiado grande para hacerlo de esa manera. Martín Scorsese lo hizo a través de declaraciones e imágenes en su indispensable No direction home y, según dicen las buenas y malas lenguas, acabo hasta las narices del lenguaje cifrado y el hermetismo que ejerció Dylan en el documental. El universo dylaniano es tan inmenso que hacer una típica biopic podía ser un error inmenso.
Por suerte tras la cámara había un genio como Todd Haynes que ya había demostrado en la inmensa Velvet Goldmine que poco creadores saben acercarse al mundo de la música como él. I’m not there se acerca a Dylan sin hablar de Dylan. Nos acerca a Woody Guthrie, Arthur Rimbaud, a ese Jude Quinn que “traiciona” a su público para hacer crecer su música hasta limites insospechados cargando con un tremendo peso (la famosa “electrificación”) ... Dylan está ahí sin aparecer. Él no está allí pero sí su esencia. Con el poderío visual de Haynes estamos ante un poema repleto de metáforas de quién fue Dylan y, especialmente, que quiso decir con su música. Un hombre extraño que supo reinventarse y cambiar su carrera (cosa que pocos saben hacer) para adquirir nuevas formas de hacer magia. I’m not there habla de sus contradicciones, odios, raíces e ideas. Es Bob Dylan sin serlo. Sin estar allí, en la película, el alma de de Dylan está en cada fotograma. Por eso quizá no se haya estrenado. No es una película sobre un mito sino sobre su alma. Y eso es demasiado complicado de digerir para algunos.

PD. I’m not there tiene una de las mejores bandas sonoras (de varios autores, no de compositor al uso) que yo haya oído jamás. Las canciones de Dylan pasadas por el talento de Cat Power, Tom Verlaine, Sonic Youth ... Por eso motivo también os enlazo al programa que realizó Fernando Miró en QPH? sobre I’m not there, en particular, y Bob Dylan, en general. En este espacio se pueden escuchar algunas canciones de la banda sonora. Una gozada. Podéis escucharlo pinchando aquí

30 junio 2009

Joyas a reivindicar: James Bond contra Goldfinger. Bond, modélico Bond



Siempre que veía a José Luis Garci con sus amigos / colegas en ese (importante) programa que era ¡Qué grande es el cine! sentía envidia. No porque fueran todos muy listos, supieran tanto y pudieran fumarse hasta las colillas que dejaban en sus charlas. Sentía recelos porque todos hablaban de cómo su educación en cine había pasado por chuparse horas y horas de cine en pantalla grande viendo a los clásicos. Ya me imagino a un joven Garci yendo a las salas de un cine en el centro de Madrid para ver a los Hitchcock, Wilder o Ford. Y digo envidia porque yo soy de cultura televisiva. De cine en televisión ya que las películas con las que crecí las tuve que ver en la pequeña pantalla. Y dos que recuerdo que marcaron las vi a través del VHS de casa de mi tía (que en esos momentos era la leche) y con las que disfruté como un enano (cosa obvia pues no tendría más de diez años). Una era El imperio contraataca y no, no me convertí en un fan de Star Wars dado la ligera decepción que sufrí al ver que tanto La guerra de las galaxias como El retorno del Jedi no estaban a la altura. La siguiente película representaba otro paradigma del entretenimiento, todo un Bond. Para mí el más grande Bond de siempre. El de James Bond contra Goldfinger.

Es verdad que puede parecer que todos los Bond son iguales. Pero la clave está en como se cuenta la misma historia. No es lo mismo el Bond algo soso de Pierce Brosnan con el musculoso y torturado de Daniel Craig. Sí, hay chicas y acción pero no es lo mismo. Por eso de James Bond contra Goldfinger se puede decir que es modélica. Tiene un villano memorable como es Goldfinger / Gert Fröbe pero que es además tiene un ayudante de villano - esbirro todavía más memorable, Oddjob / Harold Sakata. Todos conocemos la capacidad mortífera que puede tener un sombrero gracias a su interpretación. Esta James Bond contra Goldfinger contiene una de las grandes muertes de la historia del cine, con esa Shirley Eaton bañada en oro en una mezcla imposible y genial de belleza y muerte. Una imagen que todavía no se me ha podido borrar de mi mente. Y es que hay cosas que a ciertas edades se te quedan para siempre.

En James Bond contra Goldfinger no sobra nada y todo es modélico. Empezando por un grandísimo Sean Connery que sabe como ser un Bond perfecto. Ya sea tomando una copa con su clásico smoking blanco o a punto de ser partido por la mitad por un rayo láser. Porque James Bond contra Goldfinger contiene alguna de las imágenes más icónicas de toda la serie. Y a pesar de ser la tercera película Bond se podria decir que este es el film del que bebieron todas las películas Bond que hizo Sean Connery. Porque James Bond contra Goldfinger es todo un modelo de cómo hacer de una mezcla con espías, mujeres, oro, villanos de fuera, asiáticos con mala leche, Honor Blackman (esos Vengadores), Shirley Bassey y acción, un ejemplo de un gran film de entretenimiento

17 mayo 2009

Joyas a reivindicar: Carretera al infierno. El horror sin aditivos

Con Carretera al infierno me paso uno de esos milagros que ocurren con las películas muy de tanto en tanto. Después de disfrutar por televisión de ese exceso maravilloso y genial de cine que es la película Aliens de James Cameron me disponía a irme a dormir ya que empezaba a caer la madrugada. De repente el canal (bendita TV3) se disponía a ofrecer otra película que no iba a ver ya que el sueño me estaba ganando. O eso creía yo. Comencé a ver una historia que se suponía que era un thriller con psicópata incluido. Nada nuevo bajo el sol. Pero Carretera al infierno era todo menos convencional. Árida y seca la película de Robert Harmon no es una película de terror al uso es un film sobre el horror más crudo. El que se mete bajo la piel. Por supuesto no despegue los ojos de la pantalla durante su más de hora y media de duración.

Carretera al infierno apenas tiene sangre. Ni hay muchos cadáveres en ella. El miedo que despliega es el real. El que sentimos todos muchas veces en la nuca cuando sentimos un peligro que nos está acechando. Por eso empatizamos tanto con ese joven C.Thomas Howell que se ve acosado por Rutger Hauer. Y hay que pararse en este momento. El gran Hauer interpreta (o vive) a uno de los más terribles villanos de la historia del cine, John Ryder. Este personaje es la película porque representa el mal más puro. Hauer no necesita hacer gestos o sobreactuaciones baratas para parecer un loco desquiciado. Simplemente porque el Ryder de Carretera al infierno no es un desequilibrado cualquiera. Es un hombre que no se siente, provoca muerte, destrucción y dolor de la manera más cruel sin plantearse si disfruta o si tuvo una infancia traumática. Es el mal en esencia pura.

Carretera al infierno es una obra kafkiana. Un personaje que sin saber porqué se ve en una espiral de horror y violencia que no tiene ningún sentido. Porque el estilo frío y seco de Harmon hace que la película tenga un ambiente irrespirable. Nosotros viajamos en el coche de C.Thomas Howell por esas carreteras norteamericanas que no parecen tener fin. Y donde no parece haber ningún sitio para la esperanza porque si es algo esta grandiosa obra es que es de una crueldad increíble. Sin dobles vueltas, sin elementos gratuitos, ni tonterías, Carretera al infierno es el horror en estado puro.

09 mayo 2009

Joyas a reivindicar: Sopa de ganso. Anarquía político-militar marxiana



Antes de nada explicaré porque incluyo a Sopa de ganso en la categoría de Joyas por descubrir. Es verdad que es una película siempre incluida en las listas de mejores comedias de la historia. Aunque no es menos cierto que en posiciones generalmente bajas. También es verdad que entre la gente más cinéfila se sabe que esta era la mejor película de los Hermanos Marx. El problema, en mi opinión, es que los Marx no son patrimonio del cine. Lo son de la humanidad. Un niño y un adulto pueden disfrutar por igual del humor marxiano. Por eso me fastidia que entre la corriente popular siempre que se habla de los Hermanos Marx se nombre antes a Una noche en la opera (una muy buena comedia) que a una obra redonda, completa e insuperable como Sopa de ganso. Película a veces es olvidada en artículos y reportajes que se hacen sobre ellos.

Sopa de ganso es la gran obra marxiana. Cogían todos los elementos fuertes de los hermanos: ritmo, velocidad, anarquía, diálogos absurdos e imposibles, Groucho, Chico y Harpo. Sabiendo que esos elementos ya se tenían y eran muy buenos el merito de Sopa de ganso es saber rodearlos de algo más. Saber juntar una trama política y militar con el puro humor marxiano. Por supuesto la mezcla fue explosiva y rotunda.



Los Marx no son de este mundo y por eso se inventan dos países en guerra, Freedonia y Sylvania. Uno de ellos (Freedonia) que sólo puede tener un primer ministro tan absurdo como es Gruocho. Sopa de ganso se rie de la guerra, de la política, de la estupidez de los hombres. Evita los errores de películas posteriores de los Marx como algunos numeros musicales sobrantes (los que hay en el film son escasos, justificados y brillantes) y las noñas historias de amor que cortaban el ritmo de los films. Curiosamente esos errores vinieron provocados por el fracaso comercial que fue esta película en taquilla, otro clásico más que fue incomprendido en su día.En Sopa de Ganso sólo hay humor marxiano y anárquico puro y duro. Escenas físicas memorables (el juego de espejos) y diálogos grouchianos totales (Esto lo entendería hasta un niño de cinco años...Tráiganme a un niño de cinco años) y una carga de farsa política y militar que pocas comedias tienen incluso hoy en día.

Al finalizar la película aprendes varias cosas. Primero, te das cuenta que has visto la mejor comedia de los hermanos Marx. Segunda, constatas que has visionado una de las mejores comedias (y películas) de la historia del cine. Tercero, admites que entre la política y la guerra que nos presentan los Marx y la real no hay apenas diferencia. Son igual de absurdas. Y pensando en eso a lo mejor se te quita la sonrisa que te ha dejado Sopa de ganso.

13 marzo 2009

Joyas a reivindicar: Un domingo cualquiera. Chicos, esto sí es deporte

Siempre he tenido muchas ganas de ver algo que uniera dos de mis pasiones favoritas: cine y deporte. Recuerdo que siempre oí que la película Los búfalos de Durham era “una de las mejores historias sobre deporte que había dado el séptimo arte”. Caí y me dispuse a verla. Creo que todavía puedo oír los bostezos que di al ver la película de Ron Shelton por muy fascinante que estuviera Susan Sarandon. Después de muchas vueltas pude llegar a una conclusión, el cine no ha sabido reflejar como es (o puede llegar a ser) el deporte.

El cine ha utilizado sus mecanismos para engañar y trampear logrando mostrar un deporte artificial, hueco y manipulador. Ahí tenemos esas remontadas absurdas, las relaciones ficticias entrenador-jugador y esos deportistas cuyo cerebro no supera al de un mono (aunque en esa parte quizá no vayan muy descaminados). No se reflejaba el nervio, la tensión, la corrupción y lo majestuoso que puede llegar a ser el deporte. Lo mejor y lo peor. Tuvo ser Oliver Stone con su estilo siempre al límite, él que nos enseñara como respira el deporte en Un domingo cualquiera. O mejor dicho, el deporte profesional.

Un domingo cualquiera se enmarca en el mundo del fútbol americano. Pero podría hacerlo en el del baloncesto, voleibol o billar. Cualquier deporte con un mínimo de profesionalización. Stone se mete hasta el más pequeños rincón de los vestuarios, observa con detenimiento la última gota de sudor de los jugadores con un sencillo objetivo. Mostrar las cosas tal y como son. Y por supuesto no es algo agradable. Corrupción, presión infinita a los jugadores, fiestas salvajes de estos mismos... el mundo de algo que mueve tanto a las masas como el deporte ni es ejemplar ni es bonito. Hay padres que quieren que sus hijos sean estrellas de un equipo de fútbol o basket para quitarse sus complejos de fracaso. Allá ellos. La realidad que muestra Stone no sería mi mejor deseo para mi hijo.

¿Y el deporte? ¿Dónde queda el juego? Stone hubiera sido un cínico si sólo hubiera mostrado una parte. Por muy podrido que esté todo al final todo se resuelve en la cancha de juego. Talento, habilidad, algo de suerte... el deporte es deporte por mucha tontería que tenga alrededor. Y eso lo rueda Stone como nadie podría hacerlo. Sentimos los golpes, la presión o el miedo al fracaso que sienten los deportistas profesionales que saltan a cualquier cancha. Porque lo que para nosotros es Un domingo cualquiera para ellos es donde se juegan el pan. Y eso la película de Oliver Stone lo transmite como (casi) ninguna otra. El deporte, ese mundo extraño, absurdo y fascinante que tiene en Un domingo cualquiera uno de sus mejores espejos.

05 enero 2009

Joyas a reivindicar: La ciencia del sueño. El alma del creador



Cuando un director destaca por su potente visión artística o visual se suele caer en el tópico de acusarle de ser superficial o un “esteta”. Y generalmente lo que se hace es caer un error. Hay directores cuya forma de expresarse se basa en el poderío de sus imágenes y con ellas logran transmitir ideas o sentimientos, igual o mejor que cualquier guión. Eso es lo que hizo el gran Michel Gondry con esa pequeña gran maravilla llamada, La ciencia del sueño.

No se podía superar ¡Olvídate de mi!. Allí estaba todo el mundo visual de Gondry acompañado de un excepcional guión de su colega Charlie Kaufman. La película recibió todo tipo de merecidas ovaciones y ha quedado como un clásico contemporáneo. La única manera de no quedarse en el director de una sola película era no intentando superar ¡Olvídate de mi!. Por eso realizó La ciencia del sueño. En un principio la película no debería tener nada. Típica historia de un chico que se enamora de una chica que pasa de él. Y además en París. Nada nuevo bajo el sol. Pero es precisamente sencillez (se nota que no está Kaufman en la historia) la que hace que sea una película completamente personal e intransferible. Una historia que es un trozo del alma de Gondry.

Las piruetas visuales de La ciencia del sueño no buscan el espectáculo gratuito. En realidad parecen obras hechas por un joven adolescente creativa. Eso si un joven genio. Por eso muchas de ellas parecen hechas con plastilina o a mano. Representan el espíritu extraño, creativo y loco del personaje que hace Gael Garcia Bernal que no sabe distinguir entre la realidad y los sueños. Un personaje que represente al propio Gondry que ha tenido que hacer cine para poder diferenciar esos dos mundos. Porque La ciencia del sueño es pura emoción y alma. La emoción del amor que siente Bernal por Charlotte Gainsbourg, la de la creación artística y la de los sueños, que generalmente son más satisfactorios que la realidad.

Bajo su apariencia de película menor La ciencia del sueño contiene pura emoción y creatividad. Sabe emocionar sin decir nada. Simplemente enseñando de que están hechos los sueños. Además la película tiene otra lectura. Si tu vecina es alguien tan fascinante como es Charlotte Gainsbourg te toca perder la cabeza por ella. Si no, es que a lo mejor no tienes alma.

14 diciembre 2008

Joyas a reivindicar: Un final made in Hollywood. Ensayo sobre la ceguera hollywoodiense

Tras la prodigiosa Acordes y desacuerdos (¡vaya interpretación de Samantha Morton!) las películas de Woody Allen entraron (o están) en una época extraña. Seguían siendo muy interesantes pero se dedicaban a dar bandazos sin lograr ser completamente redondas. Ahí están la aburrida Granujas de medio pelo, la simpática La maldición del escorpión de Jade, la interesante (pero algo sobrevalorada) Match Point... Y por ahí pulula una película rara y extravagante que tiene más cosas de las que en un principio parece, Un final made in Hollywood.

Un final made in Hollywood tiene una genial premisa. Un director, conocido por sus extravagancias, se queda ciego temporalmente mientras rueda la película que debe relanzar su carrera. Para evitar que lo despidan decide ocultar este hecho rodando la película completamente ciego. Cuando la vi por primera vez pensé que Allen había desaprovechado esta estupenda historia. Viéndola de casualidad uno de estos días, me he dado cuenta que hay más en el film. Bajo su apariencia de comedia ligera (hay momentos realmente divertidos) Allen reflexiona sobre lo que es el cine. El de Hollywood, el de autor, el suyo...

El cine se ha convertido en una pose en si misma. En Un final made in Hollywood se contratan directores de fotografía asiáticos por razones “artísticas”, las jóvenes actrices intentan acostarse con los directores, los productores sólo buscan la taquilla... El que controla todos estos tópicos hollywoodienses en el film es una persona ciega. Y nadie se da cuenta. Simplemente porque el cine se ha convertido en una maquina industrial donde el artista o el creador no importa. Ya se dice en la película: “¿Qué más da que estés ciego? ¿No ves las películas qué se hacen actualmente?” Además Un final made in Hollywood tiene en su final uno de los más divertidos ataques que se han hecho contra la industria cinematográfica norteamericana. El director tras haber rodado una película desastrosa sólo encuentra consuelo en el gran recibimiento que tiene en Francia, donde se convierte en un film de culto. Por supuesto inmediatamente se va a vivir allí. ¿Es un ataque contra la industria cinematográfica norteamericana? ¿O se ríe de nuestra Europa que a veces tiene ganas de ser la más cool, moderna y pedante?

Un final made in Hollywood no es redonda. No es Zelig, ni Días de radio, ni ninguna de las redondas obras allenianas. Tiene errores clamorosos. Su reparto (¿Téa Leoni, Debra Messing y Tifanny Thiessen en la misma película?) o como la película se desinfla poco a poco. Pero esa irregularidad le da al film un aire interesante. Un final made in Hollywood habla del mismo Woody Allen en el cine USA actual. Un autor ciego que no sabe por donde pisar, ni que camino tomar. En la película Allen emigra al final a Francia. En la vida real lo hizo (de forma parcial) a Inglaterra y España. Un final made in Hollywood es Woody Allen.
Y si no os convencen los argumentos siempre podéis acudir a las perlas allenianas. Un final made in Hollywood tiene una de las mejores. "Hablar es el precio que hay que pagar para llegar al sexo". Grande Woody.

07 noviembre 2008

Joyas a reivindicar: Munich. La obra maestra de Spielberg que no se debe olvidar

Vale, lo acepto. Munich no es una “joya a descubrir”. Tuvo buenas críticas, una taquilla aceptable y cinco nominaciones a los Oscars. Además, desde su estreno es un film alabado por varias personas. Pero también hay otras verdades. No ganó ningún Oscar y hubo cierta displicencia en el trato hacia ella. Una especie de “vale Steven te has puesto serio esta vez y no está mal. Pero ahora ponte a trabajar en algo más de tu estilo”. En resumen, olvidémonos de Munich. Y eso no debe pasar nunca. Porque estamos quizá ante la mejor película de Steven Spielberg (que conste que quizá está en negrita).

Munich es cruda, osada y directa. No hay zarandajas, ni desvíos. Spielberg decide hacer una película con todas las de la ley, cogiendo todo lo bueno de su cine (menos David Fincher, nadie rueda como él) pero obviando todo lo malo. O sea sus famosas trampas. Porque Munich no es la La lista de Schindler. No hay niñas con abrigos rojos en una película en blanco y negro. No hay finales dudosos. El viaje al infierno de los cuatro asesinos que matan a asesinos es real. Y la violencia es real. ¿Desagradable? Bastante, pero el terrorismo lo es. El ataque del Mossad en Beirut, el asesinato de (mi adorada) Marie Joseé-Croze, la metódica narración de los asesinatos de los deportistas israelíes... Spielberg viaja junto con Eric Bana, Ciarán Hinds, Daniel Craig, Mathieu Kassovitz y Hanns Zischler en su viaje. Pero lo hace al lado, donde no se pueden hacer trucos de efecto. Por cierto, ¿cómo puede ser que Bana y Hinds no tuvieran una campaña para optar a los oscars de mejor actor principal y de reparto, respectivamente?

Munich habla del terrorismo. El palestino, el vasco, el israelí, el estadounidense... Observamos un bucle inacabable de horror. Como la misión de los protagonistas que va más allá de los objetivos y se mete en sus casas. Quizá esa claridad para hablar del GRAN TEMA, hizo que muchos se asustaran.

Me gustaría que Munich no fuera una nueva El imperio del sol. Es decir una obra grandiosa tapada por películas menores (pero más exitosas) del bueno de Spielberg. Aunque sea un viaje duro acompañad a estos hombres en su camino. Y luego hablad de Munich, que no se quede olvidada en la memoria.

28 septiembre 2008

Joyas a reivindicar: Patrimonio nacional. Genial caos berlanguiano (y azconiano)

A pesar de ser un genio, Luis García Berlanga no fue “exactamente” un rompetaquillas. Aunque en su carrera hubo excepciones. Y una de ellas fue la película que dirigió en 1978. Hablamos de La escopeta nacional . La película fue un auténtico bombazo en la taquilla y una de las películas más populares de Berlanga. Esto hace que la gente olvide la continuación de esta película, en mi opinión una de las grandes películas berlanguianas. La genial Patrimonio Nacional.

Berlanga siempre ha rechazado que Patrimonio Nacional sea una “segunda parte” de La escopeta nacional. En Patrimonio Berlanga olvidaba al personaje de Sazatornil y se centraba en la familia Leguineche. En como una familia de sus características (monárquicas) lograba adaptarse a la nueva democracia española. Porque ese es todo el argumento. Y la verdad es que no necesita más. Es una película maravillosamente caótica donde personajes de todo tipo (fachas, monárquicos, curas, demócratas, inspectores de hacienda...) aparecen y desparecen de la escena. Patrimonio Nacional refleja la locura que fue la transición siempre desde un tono irónico y divertido. La película es un sin sentido brutal y maravilloso donde vemos unos personajes caducos que están completamente perdidos en una España que no es la suya.

Es una película que parece que no tiene guión pero que tiene un maravilloso guión escrito por uno de los mejores guionistas de la historia del cine, Rafael Azcona (¡!) Pero lo más importante de todo son los actores. Para hablar de esto debo viajar al pasado. Patrimonio Nacional fue una de las primeras películas que recuerdo haber visto de niño. Obviamente no entendí el intríngulis de la trama pero me lo pasé genial por una simple razón. La soberbia actuación de Luis Escobar . Aún recuerdo cuando oí su voz, su forma de andar, su pose... Estaba sensacionalmente divertido. Si los Premios Goya hubieran existido Escobar tendría uno por esta interpretación (ya sea principal o secundario). Como en todas las películas de Berlanga el resto de casting es soberbio. José Luis López Vázquez (maravilloso “salido”), José Luis de Villalonga (genial pijo, que se queja de que se está perdiendo la afición por el polo en España), Luis Ciges , Mary Santpere ...

Aunque Patrimonio Nacional tuvo éxito entre el público siempre quedo como la continuación de La escopeta nacional. Detrás de su caos encontramos una pequeña obra maestra. Y una lección de la historia de nuestro país que nos enseña más que cualquier documental de Victoría Prego.

16 septiembre 2008

Joyas a reivindicar: Banderas de nuestros padres. La guerra. La de verdad



Cuando Clint Eastwood estrenó su díptico sobre la batalla de Iwo Jima que formaban Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima , todo el mundo se quedó con la segunda. La estupenda visión japonesa que era Cartas desde Iwo Jima se llevó la atención del público y, sobre todo, la crítica. Cartas se llevó los premios, las nominaciones al Oscar... No obstante era una visión más poética y cinematográfica de la batalla. Banderas de nuestros padres quedó relegada a un segundo plano sufriendo la ignorancia del mismo público y crítica que ensalzaba a Cartas desde Iwo Jima.

Esa situación es una terrible injusticia que seguramente el tiempo compensará. Cartas desde Iwo Jima es una maravilla, perfectamente realizada pero para hablar de GUERRA hay que mirar a Banderas de nuestros padres. El primer film que dirigió Eastwood sobre Iwo Jima habla de lo que es la guerra de verdad, dentro y fuera del campo de batalla. Las escenas de la lucha en la isla son magnificas y veraces pero donde se libra la verdadera lucha es fuera de la isla japonesa. Eastwood narra con una sinceridad devastadora la estupidez que es la lucha armada. Y lo hace sin demagogias ni prejuicios. Muestra una sociedad absurda que vanagloria a unos soldados que izaron una bandera mientras olvida al resto que está luchando. Clint Eastwood nos enseña lo que es la guerra de verdad, unos dirigentes que jamás ponen en peligro sus vidas manejas las vidas de unos pobres chicos que sólo intentas sobrevivir. Y sobre todo pone en tela de juicio el heroísmo. Como el mundo nos impone unos héroes, nos dice a quien y cómo debemos admirar a una persona. La manipulación vergonzosa que sufren los soldados de la bandera es la que sufre la población civil día a día. Y Eastwood lo hace a pecho descubierto, con una amargura sin fin. Por eso la película fracasó. Era demasiado amarga y sincera con temas tan delicados como el heroísmo y la guerra. El tiempo descubrirá esta gran obra, no por ser dura en sus escenas de batalla sino por ser implacable en el juicio a nuestra sociedad.

La película se abre con la frase: “Muchos imbéciles dicen saber lo que es la guerra. Especialmente quienes no han estado en ninguna” Un homenaje a una gran imbécil de nuestros días, Sarah Palin .

25 junio 2008

Joyas a reivindicar: El imperio del fuego. Un cuento moderno de dragones y personas

Siempre tuve curiosidad por El Imperio del Fuego . Por varias razones: . Seguir descubriendo a ese gran actor que es Christian Bale y cuya interpretación en American Psycho me sigue fascinando día a día. 
 
Rob Bowman, director de algunos de los mejores episodios de Expediente X, nos había decepcionado ligeramente en la translación de la serie a la pantalla grande. Al final le quedo más sosa de lo que hubiéramos deseado. Siempre hay que confiar en las segundas oportunidades y El imperio del fuego tenía buen material de redención. . El argumento. El imperio del fuego es un cuento moderno. ¿Dragones en el siglo XXI? Si señores, pero no bondadosos como algunos relatos antiguos. Violentos, sangrientos y destructores. En el siglo donde estamos no caben romances, ni princesas aunque si caballeros andantes (como es en este caso Bale) Y todos los elementos nombrados anteriormente se acoplan a la perfección. Porque El imperio del fuego funciona como un reloj. No es un clásico (ni lo pretende) pero logra en una hora y cuarenta (otra película USA que no se alarga innecesariamente...¡gracias!) narrar todo lo que tiene contar con una eficacia muy meritoria. Bowman se aleja del videoclip made in Michael Bay para con un estilo más europeo, más de cuento gótico sumergirnos en una historia de fantasía. Una imaginería oscura, retorcida y horrenda. A destacar aquí la fotografía espectacular de Adrian Biddle (V de Vendetta, La momia...) que es quizá el motor de la historia, lo que concede a El imperio del fuego un aire especial y decadente.
 
Esta película de acción es un reflejo del mundo británico-europeo y el universo estadounidense. Los europeos se reflejan aquí como una sociedad pasiva y reflexiva (que refleja Christian Bale) frente a los caracteres belicosos y excesivos de los estadounidense (que refleja, bastante bien por cierto, Matthew McConaughey). Porque aquí los dragones son una trama secundaria. Bowman se luce más en las escenas donde las personas tienen más importantcia en la historia. El imperio del fuego se interesa más por como la raza humana sobrevive en situaciones extremas que quienes han provocado esa situación. Eso sumado a la sobriedad y el buen gusto con que está rodada la película hace que enseguida empatices con ella. Reitero, El imperio del fuego no es un clásico. Pero si deberia ser una película modelo para Hollywood. Si se invierte dinero en efectos especiales o grandes decorados mejor hacerlo en historias bien realizadas y con imaginación. Como El imperio del fuego.