02 noviembre 2009

Elogio de un todoterreno



Ante el fallecimiento de su padre, el hijo de José Luis López Vázquez respondía a la pregunta de cómo le gustaría ser recordado a su padre de esta manera: “Con cariño que le ha profesado la gente cuando estaba vivo”. Esa sería la frase que se utiliza con muchos de los actores más populares muertos. Con una simple diferencia. Con José Luis López Vázquez ese cariño era real.

Porque a todo el mundo le gustaba imitar su “señorita” que espetaba a la gran Gracita Morales. Porque fue un cómico genial que supo llegar al pueblo a base de tics y gestos geniales que bordeaban la línea de la sobreactuación pero nunca la superaba. Hizo películas realmente populares, trabajó con un fenómeno de masas como Paco Martínez Soria e hizo el cine del que muchos se avergonzarían con cierta edad. Pero él no. Porque sus personajes tenían que ver con nosotros, con la gente de verdad. Y sin esa vergüenza supo trabajar con Carlos Saura, hacer Mi querida señorita, vivir en el caos berlanguiano de los Leguineche, poner su talento cómico a una pequeña gran obra como Atraco a las tres... Hacer de todo y todo bien. Sin pedanterías, ni intelectualidades sobrantes. Su carrera es envidiable porque simple y llanamente lo hizo todo. Y lo más difícil, de manera sobresaliente. Nunca se sabrá si era el mejor pero lo que si sabemos es que era historia. Un auténtico todoterreno.

. El gran versátil (Diego Galán, El País)

04 octubre 2009

Canto a la vida neoyorquina desde el pesimismo

- Si la cosa funciona - (Woody Allen, 2009)
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Estoy seguro que no soy el único que esbozó una sonrisa al saber que en el regreso de Woody Allen a sus raíces (Nueva York, la comedia...) iba a ir de la mano de Larry David. Si Allen fue una bocanada de aire fresco en su estilo cómico, David ha logrado revolucionar el humor norteamericano con esa obra maestra llamada Seinfeld (que creo junto al cómico Jerry Seinfeld). Woody Allen sabía que lo tenía difícil ya que no muchos confiaban en que volvería a ser el de siempre. Quizá por eso necesitaba ir de la mano con uno de los artífices de la mejor comedia estadounidense...aunque sólo fuera como actor. Se podría sospechar que Si la cosa funciona es toda una exhibición de Larry David soltando frases las envenenadas que Allen le había escrito. En resumen, un doctor House pasado por el prisma del genio de Manhattan. Y durante la primera parte de la película así es como funciona la nueva película de Allen que muestra todas sus fobias y desconfianza hacia el ser humano.

Pero estaba claro que Si la cosa funciona era otra cosa, el regreso de Woody Allen a su querida Nueva York. Esa ciudad que siempre ha sido un oasis de vida y cultura en la primera potencia del mundo. Por eso, Si la cosa funciona actúa como una pequeña carta de amor a la ciudad y al estilo de la vida de los neoyorquinos. No importa como haya sido tu vida antes, cual sea tu ideología o tus frustraciones, Nueva York te liberará. Por eso toda la segunda parte es menos Boris Yellnikoff (Larry David) y más Nueva York. Y todos los bienes que te pueden producir Nueva York los centra Allen en lo mejor de película que es Evan Rachel Wood. Una sencilla pueblerina que acaba imbuida (como toda su familia comandada por la estupenda Patricia Clarkson) por el espíritu libre y bohemio de la ciudad norteamericana. El talentoso encanto de Rachel Wood (que no pierde en todo el film) hace que todo el tono amargo y pesimista que trata de trasladarnos el personaje de David acabe convirtiéndose en una llamada optimista a la libertad y a liberarnos de todos los prejuicios que nos rodean. Conseguir la felicidad a través de un pesimismo racional. Mediante bandazos, Allen logra transmitir toda esta filosofía y todo su amor por Nueva York.

 . Regreso (por fin) a Nueva York (Quim Casas, Cine 365)
 
. De la amargura al optimismo (Beatriz Maldivia, Blog de cine)
 
. Dejarse llevar (Sergio Roma, Cinebulosa)

28 septiembre 2009

Series de cine: The Wire. La vida es dura, chaval

Cuando se realizan las típicas listas sobre las mejores series de la historia de la televisión aparecen nombres comunes como Los Soprano, Seinfeld o El Ala Oeste de la Casablanca. Y siempre en esas listas aparece una sombra, un titulo que muchos reclaman como “la mejor serie de la historia” pero que, en un principio, carece del glamour o la popularidad de otras. The Wire es sin duda la serie de culto por excelencia, marginada en los premios, ( sin una acogida masiva del público pero elevada a los altares, con justicia, por unos seguidores que sabían que con cada capítulo estaban viendo algo bueno, inteligente y profundo.
 
The Wire miente y engaña como lo suelen hacer sus personajes. En realidad toda ella es una serie sobre la mentira. Observando los primeros capítulos parece que estamos ante una serie policíaca sobria y efectiva que refleja la lucha contra la droga de los policías de Baltimore. Mentira a medias. The Wire es una serie social (¡2 nominaciones a los Emmy en cinco temporadas!)seguro que la cuarta temporada la hubiera gustado firmar Ken Loach) sobre el funcionamiento de una ciudad desde todos los puntos de vista posible. Es lógico que The Wire sea fruto de la mente de un periodista (David Simon), ya que sólo uno podía indagar sobre la situación de una comunidad. Y los resultados son escalofriantes. No importa el comportamiento de policías, camellos, periodistas, políticos...si una sociedad no funciona la culpa la tienen los estamentos de poder y su absurda burocracia implícita. 
 
 
 
Si se metiera a The Wire en el genero policiaco seria uno completamente distinto. A David Simon le importan tanto los buenos como los malos. Los policías son seguidos con lupa como lo son los traficantes o camellos. No hay demagogia ni tópicos , un policía y un camello sufren y trabajan igual sólo que con un diferente código ético. Y los dos chocan con las injustas y absurdas decisiones de sus jefes que consiguen hacer que las ciudades tengan un funcionamiento lento, absurdo e injusto. Y Simon no se centra sólo en estos dos sectores. La educación (alumnos y profesores), los trabajadores, los periodistas, los políticos...son examinados con lupa y todos tienen el mismo final, el sinsentido de la burocracia y el poder crean una sociedad que atenta contra el sentido común. Los ciudadanos son la victima del poder. Para lograr una radiografía tan exacta Simon teje un fascinante laberinto de personajes que cruzan sus vidas durante cinco temporadas. Omar Little, Stringer Bell (uno de los grandes villanos de la historia de las series), Jimmy McNulty, Chris Partlow, Cedric Daniels, Tommy Carcetti (para saber cómo es la política de verdad sólo hay que seguir a este gran personaje), Lester Freamon, Bunk Moreland... Imposible quedarse sólo con un personaje, cada uno de su padre y de su madre, juntos forman una ciudad condenada como es Baltimore. Porque The Wire hace algo tan difícil como mostrar la vida. Y no le importa que un supuesto protagonista no aparezca apenas toda una temporada o matar a un personaje carismático en mitad de otra. Porque así es la vida y The Wire la muestra tal y como es con un estilo sobrio y contundente. Y todos esos lugares que aparecen en la serie nos suenan. Porque Baltimore podría ser Alicante, Madrid, Nueva York, La Habana o Buenos Aires. The Wire son todas las ciudades en una. No sé si The Wire es mejor que Seinfeld o Los Soprano y no me importa. Quienes hayamos visto The Wire sabemos que somos afortunados. Porque disfrutarla y sufrirla es una de las mejores experiencias que se pueden tener viendo una pantalla de televisión. Una experiencia necesaria si quieres saber cómo funciona el mundo. 
 
 . Periodistas, maleantes y Baltimore (Javier Del Pino, El País)
 
. La última tragedia americana (Toni García, El País) 
 
 

08 septiembre 2009

Joyas a reivindicar: Starship Troopers. ¿Inteligencia? militar

Sin duda una de las personas a las que se les podría adjudicar la frase, ir al grano en esto del cine es Paul Verhoeven. Para el director holandés en sus películas, la violencia es violencia, el sexo es sexo...sin darle toques artísticos, ni querer ser un tipo cool o moderno. Por eso los detractores de Verhoeven utilizan términos como director cutre, tramposo o vulgar. Pero los hay que vemos que sus films van más allá de lo que se muestra en pantalla. Su lenguaje visual directo, sin tonterías, ni chorradas ocultan personajes e historias duras y complejas. Un caso evidente es una maravilla como Starship Troopers.

La película fue vendida como un asalto más a la taquilla estadounidense por parte de Verhoeven como lo había sido Instinto básico. Pero de nuevo el holandés estaba siendo más inteligente que todos. Si la película que puso de moda el cruce de piernas de Sharon Stone era una fabulosa y adictiva farsa a través de un thriller erótico, Starship Troopers no se quedaba atrás. El film parecía hacer la típica carrera de un film revientaquillas, éxito de publico y palos de la critica que sólo alababan sus (apabullantes) efectos especiales. Y lo más significativa, algunos críticos la tachaban de fascista. Aunque parezca lo contrario, con esta reacción Verhoeven lo había logrado.



Porque para ser critico o irónico lo mejor es mostrar a lo que quieres criticar en su máximo esplendor...o idiotez. Starship Troopers es todo un asalto contra el fascismo trasnochado que muestran algunos paises o superpotencias a traves de sus aparatos militares. Para ello se rodea de elementos como un megapatriotismo absurdo o tramas entre los personajes cercanas al nivel intelectual de Melrose Place. Todo está estudiado para el resultado final, mostrar el absurdo de los aparatos militares, las guerras preventivas u invasiones varias. El casting también es clave. Olvidémonos del talento interpretativo, Verhoven se rodea de tipos duros (el inefable Michael Ironside), malos actores guapitos (Casper Van Dien) y cuerpos esculturales (Denise Richards), que colaboran a hacer más demoledora esta farsa militar.

Dicen que la ciencia ficción es tan grande porque en realidad refleja los problemas que tenemos en la actualidad. Paul Verhoeven lo hace, riéndose de todo y de todos. Engañándonos y metiéndonos en una historia que parece una película de bichos, naves espaciales y efectos especiales que, en realidad, es una patada en la cara de los salvadores de la patria que hay en todo los lugares del mundo. Siempre que he visto fotos de Paul Verhoeven se está riendo. Es lo que tienen los tipos listos que saben reirse del mundo, mientras les saca unos buenos billetes.