20 septiembre 2014

(Sobre)Vivir en el Festival de Sitges
Artículo publicado en la Revista Fuera de Series (Número 5)



A falta de dos semanas para que el Festival de Sitges inicie su edición número 47 recupero este artículo publicado en el número 5 de la Revista Fuera de Series. A modo de diario hago un resumen sobre mi experiencia en el pasado Festival de Sitges.

En una escena de la película Summertime (2012, Norberto Ramos del Val) Alba Messa y Ana Rujas discuten sobre en qué festivales se verá la película que están rodando. Una de ellas cree que la película estará en los festivales más importantes del mundo mientras que la otra le espeta: “como mucho estaremos en el Festival de Sitges”. Uno podría creer que ese comentario es una burla hacia el mítico certamen fantástico cuando es todo lo contrario. El Festival de Sitges se ha ido convirtiendo en una especie de contenedor de lujo donde casi todo cabe. Aunque algunos piensan que esto ha sido contraproducente para el evento otros creemos que el festival ha ganado en cuanto a la posibilidad de poder descubrir autores que generalmente son invisibles. El hecho es que en el Festival de Sitges se proyecta una ingente cantidad de películas en diez días. Son casi veinticuatro horas ininterrumpidas de proyecciones, carreras y caos que hace que factores como la resistencia física y mental sean vitales para salir ‘con vida’. Por cuarto año consecutivo viajé al Festival de Sitges para poder cubrirlo y pude volver sano y salvo para contarlo.

• Domingo 13 de Octubre: Bienvenidos a Sitges 

Mi llegada a Sitges se produce cuando la edición de 2013 tiene ya dos días de vida. Los ecos de esas jornadas todavía resuenan. El buen sabor de boca dejado por la película inaugural Grand Piano del alicantino Eugenio Mira o cómo ha descolocado al personal Upstream color, la segunda película de Shane Carruth. También siguen resonando los vampiros de Neil Jordan (Byzantium), la interpretación de Juno Temple en Magic, Magic, la visita de Terry Gilliam con su The Zero Theorem, la nostalgia setentera de Eli Roth en The green inferno o la personal visión de Disneyworld de Randy Moore en Escape from tomorrow. Eso sin olvidar al maestro Sion Sono y su cinéfila Why don’t you play in hell. Todo eso (y bastante más) habiendo pasado sólo dos días. Mucha información para procesar teniendo que dejar hueco en la cabeza para la que viene. Además de todo eso a la misma hora que pongo un pie en Sitges se inicia la primera proyección de La tumba de Bruce Lee del grupo Canódromo Abandonado. Una auténtica señal ya que es una película que me acompañará durante todo el certamen y será mi película ‘protegida’. El centro neurálgico del Festival de Sitges se sitúa en el Hotel Meliá. Zona de prensa, sitio para comprar entradas, la Sala Tramuntana para eventos y, principalmente, el Auditori donde se puede disfrutar de las películas ‘a lo grande’. Como buen hotel que es sirve de hospedaje para invitados, periodistas y gente de la organización. Un gran hotel. Un caro hotel. Por ello un ‘periodista de guerrilla’ como el que escribe debe buscar otras soluciones ya que en estos ocho días de cine cada euro que salga de mi cartera cuenta. La solución al hospedaje llegó el primer año al encontrar un hotel de precio razonable y trato exquisito al cual he acudido fielmente cada año y se ha convertido en una segunda casa. Además de ser un lugar con gran posición estratégica ya que se encuentra a escasos metros de los otros dos cines donde se proyectan películas en Sitges (Retiro y Prado). Estrategia es una palabra clave. Porque el Festival de Sitges tiene mucho de batalla donde se pone a prueba tu resistencia física y mental. Por eso cada metro que ganes será un metro que tus piernas sientan menos. Después de llegar al hotel y establecerse es hora de ir al Hotel Meliá a recoger la acreditación. Desde el centro de Sitges donde se encuentra mi hotel hasta el Meliá hay más de un kilómetro de distancia que te lleva a recorrer casi todo el pueblo. Si a eso le sumamos que es casi todo en cuesta no podemos hablar precisamente de un paseo. Bueno pues esa distancia tiene que ser recorrida varias veces en un mismo día muchas veces sin comer o habiendo dormido pocas horas. Y generalmente en una carrera loca para poder llegar a tiempo a la proyección siguiente que te toca. Pero estamos a domingo y en el horizonte sólo una película. Eso sí qué película. Nada menos y nada más que The World’s End de Edgar Wright con la que el director británico cierra la brillante y divertida Trilogía del Cornetto tras Shaun of the dead y Hot Stuff. Una vez recogida la acreditación y habiendo disfrutado del reencuentro con la playa de San Sebastián uno ya podía disponerse a vivir una nueva edición del Festival de Sitges. El primer día iba a saltarme una regla (bastante laxa) que tengo como es no ver películas en la última franja de la noche. Las razones son muchas pero la principal es que ya que renuncias a comer con cierta normalidad durante una semana no parece muy conveniente hacerlo también con la cena. Además es preferible pegarse un maratón de películas cuando hay sol que cuando se pone la noche. Pero esta regla algo arbitraria se puede saltar cuando lo que te espera es pasar un rato con alguien que nunca te falla como Edgar Wright. La noche puede merecer la pena si a eso le sumamos como aperitivo un documental sobre Jesús Franco que se pone horas antes en la Sala Tramuntana. La última película de Jesús Franco de Pedro Temboury es un sencillo pero efectivo documental donde diversos colaboradores y amigos del director le recuerdan. Sin duda los inteligentes apuntes que hace Carlos Aguilar es lo que queda en el recuerdo. Si mi Festival de Sitges se había inaugurado con una sencilla película lo que venía después era la bomba. De hecho era unas de las bombas del festival. Eso sí Sitges puso a prueba la paciencia que hay que tener en este tipo de eventos a la primera de cambio. La agenda marca que The World’s End empieza a las 22:45 en el Auditori. El sentido común te dice que deberías empezar a hacer cola para entrar a las 22:15. El problema cuando lo segundo se cumple pero lo primero no. Quince minutos después de llegar a una cola larguísima una persona de la organización cuelga un cartel anunciado el retraso aproximado de la película de...¡unos cuarenta minutos! Un cúmulo de sensaciones pasan por tu cabeza y ninguna de ellas es positiva. Te esperan cuarenta minutos de estar de pie, con frío y sin ninguna radio o libro que te distraiga el pensamiento. Delante mía hay un grupo de jóvenes comentando (a gritos) lo mala que les parecieron todas las películas de madrugada del día anterior. Eso sí todos confiesan haberse divertido mucho viéndolas lo que no deja de ser un contrasentido. Detrás de mí varias parejas pasan la espera entre besos y arrumacos. Es obvio que ninguno de los dos grupos hará más amena mi espera. La rendición en forma de regreso al hotel pasa por mi mente pero un nombre frena esa tentación: Edgar Wright. Cerca de la medianoche ya me encuentro en mi asiento en un Auditori completamente abarrotado. Una vez que te encuentras sentado un año más en tu sitio de siempre todo cobra sentido. Y lo es más si tienes ante sí una película tan divertida e inteligente como The World’s End. Meses después de finalizar el Festival de Sitges la película de Edgar Wright será distribuida de manera vergonzante en España como suele ocurrir con todas las películas del director. No será el único caso. Eso sí el buen sabor de boca que deja la película hace que te olvides de que sales del cine a las tantas de la madrugada, que te queda un largo camino hacia el hotel y que mañana deberás estar despierto a las seis de la mañana. Y que será cuando de verdad empiece el Festival de Sitges para mí.

• Lunes 14 de Octubre: Una tumba hipnótica 

La tumba de Bruce Lee: Seattle en Sitges
No importa a qué hora uno se haya dormido el día anterior ya que Sitges te reclama bien pronto. Antes de las siete de la mañana hay que estar delante de la pantalla dispuesto a coger entradas disponibles para películas en las que no vale la acreditación de prensa. Y además de estar dispuesto hay que ser rápido ya que esas entradas vuelan en apenas segundos (literalmente). Descansar por la noche no es una opción viable en Sitges. A favor de este sistema, que es algo criticado hay que recordar que el método anterior era hacer interminables colas justo a la hora de comer. Como creo que hacer cola es uno de los grandes males de la sociedad me quedo con el sistema actual. Pues con entradas o sin ellas y con un madrugón que se repetirá prácticamente todos los días comienza el Festival de Sitges. El primer día en Sitges es tiempo para reencontrarse con sus calles, saber que los restaurantes habituales y fiables siguen en su sitio y volver a ver su playa a la que uno visitará cada vez que acuda al Auditori. Pero este lunes está marcada como un día tranquilo. Un pase relativamente temprano (diez de la mañana) de la nueva película de Robert Rodriguez Machete Killls resulta un inicio agradable. A pesar de una duración desmedida ver a Mel Gibson como villano demente hace que merezca la pena y tenga todo el sentido su presencia en el festival. Una de los atractivos más interesantes del Festival de Sitges son los documentales que generalmente huyen del canon habitual. Y habitual suele ser que dos películas interesantes coincidan en la misma franja horaria. Milius, sobre el gran director y guionista John Milius, y Persistence of vision, sobre un proyecto del animador Richard Williams, rivalizaban en interés y horario en Prado y Retiro. Otro lugar común en Sitges es la coincidencia horaria entre dos películas que además te suelen interesar por igual. Lo que a uno le lleva a estrujarse la cabeza haciendo listas con pros y contras sobre qué película ver. Al final pasará algo absurdo y es que uno se acaba arrepintiendo de la decisión tomada pensando que la película sacrificada sería la más importante de su vida. La personalidad arrolladora de John Milius venció la batalla y acudí sin apenas a comer a ver el correcto documental sobre su vida. Tocaba hacer el trayecto (siempre cuesta arriba) Prado – Auditori esta vez con tiempo de sobra. La próxima película a la que tenía que acudir me había llevado a sacrificar el pase de Il deserto dei tartari de Valerio Zurini en la estupenda sección que es Seven Chances. La película ni siquiera se iba a proyectar en la sala grande del Auditori sino en la pequeña sala Tramuntana dedicada a charlas o encuentros con la gente. Esta sesión de La tumba de Bruce Lee de Canódromo Abandonado en realidad era un pase extra para todos los que se perdieron su estreno en Sitges el día anterior. Allí estaba con unas diez o quince personas dispuestas a ver una película financiada por crowfunding por un grupo del que sólo conocía por algunos videos y por tener el mejor nombre artístico de la historia. Al final La tumba de Bruce Lee resultó un viaje hipnótico, fascinante y a su manera divertido en una Estados Unidos irreal. El festival de Sitges con mucha gente y muchas películas puede ser un sitio cruel y así trató a la película de Canódromo Abandonado. Quizá eso también influyo en que la película de Julián Génisson, Lorena Iglesias y Aaron Rux fuera la película que defendería a capa y espada.

Juan Cavestany presentó en el entorno de un festival de corte fantástico la película más certera sobre un país (España) hundido en la miseria

• Martes 15 de Octubre: Gente en Sitges 

Ya no hay medias tintas. Hoy toca un día completo con películas a todas horas y con la clásica carrera que te obliga a recorrer Sitges para llegar a tiempo a la siguiente película. Tener un día completo te lleva al madrugón habitual, un desayuno rápido y acudir al Auditori a la primera sesión de las ocho y media de la mañana (glups). Eso sí antes habiendo hecho la correspondiente cola que puede ir entre los quince y veinte minutos. Dado que era el primer contacto con la fatídica hora de las ocho de la mañana se agradeció reencontrarse con el agradable (y breve) absurdo de Quentin Dupieux con Wrong cops. Un aperitivo para el plato fuerte que era la película siguiente el Sólo dios perdona de Nicolas Winding Refn que había sido machacada en el Festival de Cannes meses atrás. Los que sospechábamos de esos ‘reproches franceses’ teníamos razón ya que la película de Winding Refn lucía en todo su esplendor en la pantalla grande del Auditori. Toda la majestuosa paleta de colores que tenía la película (que acabó ganando el premio a la mejor fotografía por el trabajo de Larry Smith) coordinaba perfectamente con la violencia y sequedad de su historia. Una maravilla que ejercía como siniestro complemento de Drive. Curiosamente la película de Winding Renf no se libró de los pitos tampoco en este festival. Sitges no perdona. Pero no tocaba pensar ahora en eso sino en salir corriendo para después de pasar por el cementerio y playa de Sant Sebastiá y recorrerse todo Sitges para ponerse en la cola del Prado. La cita es con otra de las películas más esperadas del certamen como es Gente en sitios de Juan Cavestany. En una sala a reventar (en realidad como todos los pases) como con la cinta de Winding Refn no hubo decepción posible. Cavestany había reflejado la España moderna mediante una serie de secuencias brevísimas que hablaban sobre la raíz del absurdo español. Y en Prado vi una de las ovaciones más sinceras que se dio en todo el festival. Con tres películas, un par de carreras y la hora de comer amenazando lo razonable sería alimentarse. Pero lo razonable y estar en el festival no son cosas que siempre vayan juntas. Comer en Sitges siempre es una cuestión de equilibrio entre la agenda que tengas y la economía que dispongas. Lo primero siempre muy lleno y lo segundo bastante vacío. Con el estomago rugiendo toca una nueva carrera hacia el Auditori para ver la nueva película de Ben Wheatley que tan buen sabor de boca había dejado en anteriores ocasiones. Esta vez ocurriría lo contrario con A field in England. A pesar de tener algún momento fascinante desde mi asiento habitual del Auditori puede más la pereza que da ese viaje en blanco y negro que nos ofrece Wheatley. Está claro que A field in England es una llamada a mi cabeza para comer y algo y descansar para el último envite del día que era la sesión en pase único de Enemy de Denis Villeneuve. Con el Auditori a reventar otra vez la película dejo un buen sabor de boca en especial por esa dupla de rubias maravillosas que forman Mélanie Laurent y Sarah Gadon. A pesar de su buen recibimiento la película no tendrá su estreno comercial en España hasta cinco meses después de su paso por Sitges. Un problema que se repite año tras año en este y otros festivales es que la mayoría de películas que se ven en el certamen jamás se estrenan en las salas españolas y los que lo consiguen lo hacen meses después. Con lo cual uno se encuentra con el panorama de hablar y recomendar sobre películas a gente que no tendrá oportunidad de verlas en un presente cercano. Una llamada de atención para que los caminos de la distribución cinematográfica cambien.

10 agosto 2014

Crítica cinematográfica:
¿Qué puedo hacer?

Sólo los amantes sobreviven: ¿aplauso sin premio?
Una pareja se dispone a leer el periódico un domingo por la tarde. La edición del viernes que no han tirado a la basura. Van directamente a la sección de cultura y buscan las críticas de las películas que se han estrenado ese día. La naturaleza de esa crítica, ese único texto, hará que esas dos personas compren o no unas entradas para la película en cuestión. Aunque esta escena se sigue repitiendo era especialmente algo habitual en tiempo anteriores a la llegada de Internet. Ángel Fernández-Santos o Carlos Boyero (este último lo sigue haciendo) acaban decidiendo en la agenda de ocio de algunas personas que buscaban una especie de guía y no acababan de fiarse ni del argumento ni del reparto de la película en cuestión. Algo que no dejaba de tener un riesgo ya que una crítica (crítica, valoración o como se le quiera llamar) no deja de ser la opinión de una persona. Argumentada y razonada pero es una opinión. Hasta que la llegada de Internet cambió el mundo para siempre. Y muy significativamente el mundo de la cultura y, en especial, el del cine. Todo se volvió global incluidas las críticas de cine. Ya no valía que el poster de una película nos dijera que la última película de Woody Allen había triunfado entre la crítica de Estados Unidos porque nosotros podíamos comprobar si eso era cierto en apenas cinco minutos. Y también la crítica se democratizo. Ya no hace falta tener El País a mano para ver lo que opina el crítico de esa película que ponen en el cine de al lado. Ahora en un momento uno puede ver lo que opinan los críticos de La Razón o El Mundo o de revistas de cine como Fotogramas o Cinemanía. Pero la verdadera revolución no ha venido ahí sino en la aparición de miles de webs o blogs sobre cine donde profesionales o no dan su opinión. Y en los últimos años se ha dado un paso más adelante con el microblogging donde una valoración en 140 caracteres puede influir en la decisión de alguien de ir o no al cine. Ahora hay que preguntarse si existe esta influencia. ¿Realmente las opiniones en la red influyen en que alguien vaya a comprarse una entrada? ¿O simplemente son un refuerzo (o lo contrario) para alguien que ya iba a comprarse una entrada?

La crítica ha dicho 

En estos tiempos hablar de la crítica como un ente único es difícil. Hablamos de cientos de críticas que surgen a la semana a lo mejor de una misma película. Decir que la última de Transformers ha tenido malas críticas (lo mismo que decir que buenas) es entender que una persona ha leído todas las críticas publicadas y ha hecho una balanza viendo si pesaba más el lado de las mala que de las buenas. Además al final todo se quiere reducir en que una película sea buena o mala y es algo que va más allá. Aunque una película sea un conjunto no deja de tener momentos más brillantes o más aburridos y se le exige al crítico que haga una valoración sumarial del tipo ‘esta película: sí o no’. La democratización de la crítica sí que ha traído algo bueno y es que, supuestamente, uno puede buscar distintas valoraciones de una misma película. Eso sí uno debe saber bucear para, como quien hace un puzzle, saber encontrar distintas piezas que le ayudan a encajar una imagen de la película que quiere ver. Otra cosa es que la crítica sirva para animar a alguien a ver una película. ¿Por qué una crítica no puede ser para leer después de ver una película?

A veces más satisfactorio la lectura de una crítica después de ver una película que antes para poder enriquecer la visión de la misma

Análisis de una película

El sueño de Ellis: más allá de Cannes
En realidad algunos buscan que les digan si una película está bien o mal para reforzar su decisión de ver una película. Pero una crítica de una película no deja de ser un análisis de la misma. Con lo cual lo lógico es que el lector disfrute de ese texto una vez vista la película. Y que gracias a ese texto pueda entender matices que, a lo mejor, se le habían escapado. Con lo cual la labor del crítico o periodista es más analítica que valorativa. Quizá habría que ir más allá de quedarnos en si una película tiene dos, tres o cuatro estrellas ya que ese elemento no deja de ser una mera orientación (elemento que se utiliza en este blog). Y en ese estadio sí que la influencia de llevar a la gente al cine sería menor. Eso sí el espectador ganaría en personalidad para decidir que película quiere ver simplemente por una cuestión de olfato. Un ejemplo de análisis lo encontramos en la estupenda web, de reciente creación, Visual404. En este post Deborah Garcia Sánchez-Marin analiza el principio y final de El sueño de Ellis algo que sólo se puede disfrutar una vez vista la película. ¿No es una crítica lo que hace Sánchez Marín? Algo que va más allá que decir si algo está bien o mal.

Crítico(s) de cabecera 

Aunque uno bucee buscando críticas de diverso tipo, en realidad, cada uno tiene sus críticos de cabecera (o incluso crítico sin utilizar el plural). Gente con lo que de algún modo empatizas y sabes que su opinión puede estar más cerca de la tuya. Esto puede llevar algún chasco como que ese crítico en cuestión aborrezca algo que tú adoras. Algo que, una vez superada cierta decepción conlleva algo bueno: no hay ninguna regla fijada de antemano. Y mientras eso pase significa que el cine seguirá sorprendiendo. Pero lo que parece claro es que si uno busca una opinión sobre Under the skin no irá a leer a Carlos Boyero. A no ser que quieras encontrar lo que sabes que vas a encontrar. Si tienes interés en saber qué tal está la última película Marvel pues irá a buscar a Noel Ceballos o Alejandro G. Calvo. Si quiere ver si la última película de acción de Arnold Schwarzenegger o Michael Bay puede estar bien pues puede buscar a Fausto Fernández. Sólo son ejemplos pero todos hemos escuchado (y dicho) la frase: “Fulanito dice que está bien con lo cual...”. Al final todos buscamos reforzarnos en nuestras decisiones.

Influencia 

8 apellidos vascos: fenómeno por encima de la crítica
¿Realmente influyen las críticas en la visión de una película para ir a verla? Aunque quizá en este caso debería hablar un experto en marketing el que escribe no puede responder a la pregunta. Quizá porque no tenga respuesta. Se puede decir que 8 apellidos vascos recibió en general críticas regulares y allí está su apabullante carrera comercial. Antes que se estrenará, Fotogramas publicó una crítica no muy positiva de Fausto Fernández sobre la película y no creo que eso influyera en mucha gente respecto a no ir al cine. Guardianes de la Galaxia, de reciente estreno, tiene casi asegurada una buena carrera comercial como película Marvel. ¿Las buenas críticas que está recibiendo en Estados Unidos le ayudarán a tener una todavía mejor taquilla? Seguramente algunas personas reticentes a este tipo de cine irán a ver la película de James Gunn aunque sea por la curiosidad de ver qué es eso de lo que se habla tan bien. Pero esas personas son una minoría. Los que quieren ver Guardianes de la Galaxia ya saben que van a verla. Son sólo dos ejemplos de que las críticas ayudan pero que sirven más como motivo de discusión que como arrastre real para ver o no ver algo. Sólo los amantes sobreviven de Jim Jarmusch fue recibida con entusiasmo por gran parte de la prensa especializada y tampoco sirvió de mucho. No importaron ni las buenas críticas ni los mensajes en Twitter o Letterboxd y la película se más o menos se diluyo. Eso sí si cien personas que no la conocían o dudaban en ir a verla acudieron a la cinta con los vampiros de Jarmusch habría merecido la pena. Porque para eso sirve también la crítica: como rescate a película que están condenadas a perderse en el completo anonimato.

Hay tantas críticas y opiniones sobre las películas que tenemos en la cartelera que lo mejor es leer varias de ellas y de distinto signo antes o después de verlas

Quiero tu opinión y la quiero ahora

Todo lo queremos ya. En los festivales se le pide al periodista o crítico que juzgue una película que ha visto a las ocho de la mañana para salvarla o condenarla. Y si tiene Twitter que lo haga en cinco minutos. Muchas veces hemos visto como películas generalmente masacradas en festivales por la crítica luego han sido recibidas con aplausos cuando son estrenadas meses o años después. Pero queremos que ahora que alguien nos diga si la última película de James Gray, Abdellatif Kechiche o Xavier Dolan merece nuestra atención o la borramos completamente de nuestra mente. Por eso las críticas que nos llegan de festivales, por muy profesional que sea quien las escribe, no deben ser tomadas totalmente en serio. Para escribir sobre una película hay que tomar cierta distancia algo que dada la inmediatez del periodismo no se permite. Y tampoco hace falta irse a San Sebastián, Venecia, Sitges o Cannes para ver esto. Ahora ya queremos saber si Interstellar, que se estrena dentro de cuatro meses, es una obra maestra o una película decepcionante. No en vano ya hay críticas de trailers. No opiniones sino auténticas (y feroces) críticas.

Más críticas que en el cielo

Jordi Costa, Sergi Sánchez, Desirée de Fez Fausto Fernández, Nuria Vidal, Paula Arantzazu, David Tejero, Noel Ceballos, Juan Sardá, Luis Martinez, José Arce, Antonio Trashorras, Lluis Bonet Mojica, Kiko Vega, Daniel Jimenez, Carlos Reviriego, Manu Yánez Murillo, Blanca Margoz, Yago García, Andrea G. Bermejo, Beatriz Martínez, Javier Ocaña, Roberto Alcover Oti, Alejandro G. Calvo, Roberto Amaba.. entre otros muchos publican interesantes críticas o reportajes que deberían servir más de ayuda que de rechazo de las muchas películas que se estrenan cada semana o que tengamos en mente ver. Gente de diferentes edades con gustos y estilos muy distintos. Porque en este país tenemos gente que sabe mucho de cine no podemos conformarnos con leer a uno o dos. Si uno no va a ver Short Term 12 porque en este blog leyó una valoración no muy entusiasta se equivoca. Porque si levanta la mirada verá que la película de Destin Daniel Cretton ha entusiasmado a mucha gente. Y puede que se esté perdiendo una película que le acompañe durante toda su vida. Y si después de todo a uno no le apetece ver una película que ha recibido elogios de los críticos antes mencionados también estará bien. Porque lo mejor que puede hacer el ser humano es decidir por si mismo.   

Raúl Cornejo @VivirRodando es periodista y autor del blog Vivir Rodando

14 junio 2014

/ VR66 / Cineclub Luis Buñuel de Elche


En tiempos difíciles la cultura siempre es el blanco fácil. Para gobiernos y empresarios sin visión el cine, los libros, la música o la educación es siempre lo primero de lo qque se puede prescindir. Por eso es admirable que en 2014 el Cineclub Luis Buñuel de Elche cumpla 40 años de existencia. Mientras los cines de la provincia de Alicante (y de toda España) caen como moscas el Luis Buñuel sigue al pie del cañón ofreciendo a sus socios ver películas diferentes y en buenas condiciones. Por ello el programa 66 de Vivir Rodando trata sobre el 40 aniversario del Cineclub Luis Buñuel de Elche. Para ello nos acompaña uno de sus miembros, José Francisco Cámara Sempere (@_josecamara_), que no sólo hablará sobre el Cineclub Luis Buñuel (@cineclub_elche) sino sobre otros temas como estado de la cultura en la ciudad de Elche o como ve el estado del cine español. Además hablaremos sobre su libro El cinema a Elx. Apunts per a la seua historia, prologado por el crítico y periodista Vicente Molina Foix, recopilación de columnas escritas para el diario Información donde habla sobre cine, arquitectura o el Misteri d’Elx. El libro se puede comprar en las librerías Ali i Truc (Elche), 80 mundos (Alicante) o buscar información en la web de la Catedrá Pedro Ibarra. Con el programa 66 finaliza la séptima temporada de Vivir Rodando que ha tratado temas como la última edición de los Premios Oscar, Chema García Ibarra y su película Uranes, la pasada edición del Festival de Sitges, discos cinematográficos y películas como Pacific Rim, District 9, Elysium y La tumba de Bruce Lee. Agradecer a Ángeles Gómez (@FeedbackCiencia), Nacho Gonzalo (@LoQueYoTeDiga), Canódromo Abandonado (@Canodrama), José Francisco Cámara Sempere (@_josecamara_), Pablo Vergel (@paolo2000), Rafa Simons (@flintastico), Chema García Ibarra (@Hangthedj) y José Carlos Lledó (@VivesLledo) por su participación en esta séptima (y esperemos que no última) temporada.

Para escuchar o descargar el programa pincha en: Ivoox | iTunes

13 junio 2014

Noche inmortal



 Sólo los amantes sobreviven
(Only Lovers Left Alive)

Una película de Jim Jarmusch | Reino Unido | 123 minutos



Todos los grandes eventos cinematográficos tienen un lado injusto y casi cruel. Hace un par de años el Festival de Cannes encumbró a películas como La vida de Adéle, A propósito de Llewyn Davis o Nebraska. En cambio otras fueron ignoradas cuando no despreciadas. La proyección de Sólo los amantes sobreviven de Jim Jarmusch fue objeto por parte de la prensa especializada de una indiferencia general e incluso de alguna crítica furibunda. Sólo algunos como Alejandro G. Calvo avisaban de que esta película vampírica del cineasta de Akron era algo especial y, sobre todo, hermoso. Como era de esperar Ángel Sala trajo Solo los amantes sobreviven para la edición número 46 del Festival de Sitges, un lugar donde los vampiros jarmuschianos podían ser mejor recibidos. Aunque estaba dentro de la sección oficial e iba ser proyectada en el Auditori Sólo los amantes sobreviven había ciertas dudas respecto a la cinta de Jim Jarmusch. A veces el peso de Cannes puede ser insoportable. Y ocurrió algo inesperado y es que esa película que hablaba del amor inmortal enamoró sin condiciones a buena parte de la prensa y publico que había en Sitges. A pesar de los elogios encendidos que recibió la película de Jim Jarmusch no se llevó el premio a la mejor película que fue para Borgman y se tuvo que conformar con el premio especial del jurado. No importó porque con o sin premio la película ya había calado hondo.

Sólo los amantes sobreviven narra la historia de amor de unos vampiros mantenida a través de los siglos en dos escenarios que a priori no tienen nada que ver: Detroit y Tánger. Eso sí, se convierten en ciudades hermanas cuando Jarmusch las muestra en la oscuridad de la noche. Una (Detroit) se convierte en el reflejo de lo que es la ciudad actualmente, un cementerio donde parece que los protagonistas sean los únicos supervivientes de un holocausto. Detroit en manos de Jarmusch se convierte en una ciudad muerta, decrepita pero sin perder el tono hermoso que tiene toda la película. La otra (Tánger) al contrario respira misterio pero con un tono ligeramente más vital. Eso sí, los dos escenarios contribuyen al tono noctámbulo y de sueño ligero que tiene Sólo los amantes sobreviven y que es clave en la película. Porque se podría decir que Jarmusch ha rodado una película de zombies sólo que en este caso los muertos vivientes no se alimentan de cerebros sino de amor, libros y música. Mucha música. Sólo los amantes sobreviven es casi una película musical. Su poderoso inicio con la cámara girando como un vinilo en el tocadiscos ya es una señal. No sólo porque el personaje de Tom Hiddleston sea músico sino que ella se cuela en conversaciones (Jack White, Motown, Detroit...) o incluso modifica actitudes de los protagonistas. Es obvio que cualquier amante de la música debería emocionarse con una película tan musical de Jarmusch como podría serlo Year of the horse. Pero por mucho que el decorado sea tan vital como la capacidad de Jarmusch de crear escenas arrebatadoramente hermosas todo no sería lo mismo sin dos nombres: Tom Hiddleston y Tilda Swinton.
Sólo los amantes sobreviven además ser una película hermosamente nooctámbula nos regala una pareja para la historia del cine formada por Tom Hiddleston y Tilda Swinton

Pocas veces se ha visto (por lo menos los últimos años) una química tan poderosa como la que muestran Hiddleston y Swinton en Sólo los amantes sobreviven. La pareja da una lección de cómo mostrar amor, erotismo, complicidad, ironía y sentido del humor. Humor es una palabra clave para Sólo los amantes sobreviven. Quien espere que Jarmusch haya hecho una película quejosa y pedante se va a llevar una sorpresa. Porque estamos ante una película profunda pero no grave que establece una inmediata empatía con el espectador. Las replicas entre Tom Hiddleston y Tilda Swinton y la divertida aparición cuñadil de Mia Wasikowska hacen que Sólo los amantes sobreviven sea bastante más que una postal sino un espectáculo humano. Y los amantes del cine de género se preguntaran: ¿y qué pasa con los vampiros? ¿Es Sólo los amantes sobreviven una película de género o una estafa? Para ellos (y para todos) Jim Jarsmuch finaliza la película con un grandioso plano final que reivindica a Sólo los amantes sobreviven como cine de género. Para finalizar quiero robarle a Jordi Sánchez Navarro las palabras que le dedicó a la película en su valoración en Letterboxd: "Lo Bello. Lo más bello, diria yo".




● El extraño amor vampírico (Jordi Costa | El País)

Una obra mayor y desengañada que no renuncia ni al humor, ni al amor

● Crepúsculo  (David G. Natal | Número Cero)

Hay  también dos grandes actores, lo que desde luego no hay es esa verdad dolorosa que proyectaban trabajos como ‘Noche en la tierra’, ‘Ghost Dog’  o la más reciente ‘Flores rotas’

● Tom Hiddleston y Tilda Swinton bailan sobre océanos de tiempo (Daniel de Partearroyo | Cinemanía)

El duodécimo largometraje de Jim Jarmusch confirma que no ve temáticas imposibles de adaptar a su particular concepción de la narración y el tempo cinematográficos, aquí un romance gótico cuyos elementos sobrenaturales son mucho menos importantes que las reflexiones que propician