Mostrando entradas con la etiqueta Series. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Series. Mostrar todas las entradas

01 mayo 2021

/ VR130 / No soy un número / El Prisionero

El 29 de septiembre de 1967 la cadena británica ITV estrenaba la serie El Prisionero, creada por el actor Patrick McGoohan y George Markstein. Aparentemente, la serie era un nuevo producto de espías como había otros en la década de los 60. No en vano la protagonizaba el propio Patrick McGoohan, que había actuado una serie de agentes secretos muy popular en esa misma época llamada Danger Man. Pero El Prisionero no iba a ser Danger Man. En realidad no iba a ser como nada que se había hecho hasta entonces. 

Un hombre, al que suponemos un agente del servicio británico o espía, renuncia a su trabajo por razones que desconocemos. Al regresar a su casa es gaseado, secuestrado y lleva a un lugar llamado La Villa, un sitio aparentemente idílico y casi paradisiaco, donde todos los habitantes son identificados mediante un número. Nuestro protagonista, del que desconoceremos su nombre, será nombrado como el número 6. 

Allí, en La Villa, el número 6 será interrogado sobre los motivos de su renuncia por alguien que será nombrado como número 2. El número 1, el supuesto jefe de la organización que lo ha secuestrado, será una incognita tanto para el número 6 como para los espectadores. El número 6 no cederá a los interrogatorios haciendo suya la frase: "No soy un número. Soy un hombre libre". 

 La serie, que constraba de solo diecisiete capítulos, iba del absurdo al surrealismo evitando todos los caminos trillados que podía contener cualquier serie de este género. Además conectaba con las ideas y las corrientes que tanto en el Reino Unido como en el mundo estaban surgiendo en la década de los 60. Drogas, psiquiatría, control mental, política... los temas y subtemas de El Prisionero son tan inabarcables que el tiempo la ha convertido en una de las grandes series de culto de la historia de la televisión. 

Para desentrañar los misterios y claves de El Prisionero Santi Pagés ha escrito el libro No soy un numero. Un viaje por la cultura popular de los 60 a través de El Prisionero, un impresionante trabajo de más de cuatrocientas páginas, editado por Applehead Team, donde además de hablar de la serie hace un extenso análisis de lo que fue la década de los 60 desde un prisma sociológico, cultural y político. El libro es el primer análisis extenso en español que se hace de la serie. 

Hoy en el programa 131 de Vivir Rodando hablamos con Santi Pagés de No soy un numero. Un viaje por la cultura popular de los 60 a través de El Prisionero, de la década de los 60, de la compleja personalidad de Patrick McGoohan y, como no, de El Prisionero, uno de los productos audiovisuales más importantes de la historia de la ficción televisiva.

► Para escuchar o descargar el programa pincha en: iVoox | Apple Podcasts | Spotify 

03 abril 2012

/ VR46 / Programa Twin Peaks

Sólo ahora, más de veinte años después de su estreno en la cadena ABC, podemos calibrar la influencia que tuvo la serie Twin Peaks. La creación de David Lynch y Mark Frost jugaba a ser un en apariencia producto detectivesco de "quién mató a quién" para en realidad enseñarnos una serie diferente donde las reglas no estaban escritas. En realidad si existían pero estaban hechas por David Lynch. Twin Peaks nos mostraba el reverso oscuro de una sociedad aparentemente idílica (como en Terciopelo azul) envuelto todo en tramas imposibles, imágenes fascinantes y la música del fiel compañero de viaje de Lynch, Angelo Badalamenti. Twin Peaks fue el gran éxito popular de David Lynch consiguiendo que la pregunta ¿Quién mató a Laura Palmer? se la hiciera cualquier ciudadano de pie aunque les sonará a chino títulos como Cabeza borradora o Dune. Aunque Lynch era poco dado a disciplinas televisivas e iba y volvia de Twin Peaks toda la serie tiene su característico sello que le ha hecho pasar a la historia de la televisión. Por ello el programa 46 de Vivir Rodando está dedicado a Twin Peaks. Con la colaboración de Esperanza Gómez (@_cenobite) viajamos como si fuéramos el agente Dale Cooper a Twin Peaks para desentrañar su misterio. 

Para escuchar o descargar el programa pincha en: 

  / VR46 / Programa Twin Peaks

06 marzo 2012

/ VR44 / Programa Expediente X

No sería exagerado decir que el 10 de septiembre de 1993 marcó un antes y un después en la historia de la televisión y la cultura popular. Ese día se estrenaba en la Fox una serie sobre ovnis y casos paranormales llamada Expediente X creada por un tal Chris Carter. La serie fue algo más que un grandísimo éxito de audiencia. Marcó un hito en la cultura popular no sólo de la década sino que su impacto ha sobrevivido hasta nuestros días en géneros como el cine, la televisión o la literatura. Las razones pueden ser muchas como la época en que se emitió, la química entre esos dos antagonistas que eran Mulder (David Duchovny) y Scully (Dana Scully), el siempre fascinante mundo de los ovnis, su impecable factura técnica... En realidad su tremenda influencia será para siempre un misterio propio de un capítulo de Expediente X. Lo curioso es que esta serie partió de la habilidad de Carter para hacer una miscelánea de elementos de la cultura popular de terror o ciencia ficción de toda la vida. Los monstruos, la serie b, los extraterrestres, The Twilight Zone de Rod Serling, el cine de los setenta... Es curioso como una serie que sigue influyendo tanto no deja de ser una rememoración constante de cosas que ya hemos visto. Por eso el programa 44 de Vivir Rodando está dedicado a una serie mítica como Expediente X. Y no había mejor invitado para hablar sobre la serie de Chris Carter como Pablo Vergel (@paolo2000), autor del blog No en Portland, que ya nos acompañó hacia el misterio el año pasado colaborando en Vivir Rodando con el programa sobre Ovnis y extraterrestres en el cine. Con la compañía musical de Frank Black, Nick Cave and the Bad Seeds, Catatonia y Mark Snow (por supuesto) nos adentramos en el universo de Expediente X.
 
Para escuchar o descargar el programa pincha en: .

. / VR44 / Expediente X

04 diciembre 2011

Opiniones de cine / Series de cine :
Mad Men, la cara de una misma moneda (II).
Por Patrick Vidal


Lujos y detalles. Se nos muestra el lujo como esencia, donde parece que en la Avenida Madison en Nueva York es donde subyace la Roma del mejor y más potente imperio. Los vicios están presentes en cada uno de los capítulos, y de aquí una de las grandes y decisivas virtudes que posee Mad Men, y que responde a lo que ya se ha dicho más arriba. En el tipo de drogas que consume un grupo de individuos cristaliza, en muchos casos, el estrato social al que pertenecen. Como ya se ha dicho, el tabaco y el alcohol son las drogas más consumidas por los personajes principales, pero en los 60, la heroína, la marihuana y el ácido eran las drogas de un estrato social en particular, eran las drogas de la contracultura y, por lo tanto, muy consumidas entre los jóvenes. Hasta en esto funciona el ejercicio de la contraposición en Mad Men, ya que apenas nos muestran el ambiente ‘underground’ o contracultural, pero cuando se nos muestra, observamos que entran en escena otro tipo de drogas. Su creador, Matthew Weiner, con todo su completísimo equipo, algunos con sobrada experiencia en series como Los Soprano y Twin Peaks (caso de Lesli Linka Glatter o Tim Hunter, entre otros), con el también súper equipo de guionistas, que tienen enorme parte de culpa del resultado final de este producto maravilloso que es Mad Men, han sabido plasmar a un tipo de sociedad burguesa y poderosa en EE.UU., donde esta clase social poseía capacidad de influencia sobre medios de comunicación como revistas de importante calado internacional como Times o sobre periódicos archiconocidos como The New York Times, así como la participación de la agencia en campañas electorales para la presidencia de EE.UU.
 La ética y la moralidad en Mad Men existen pero no se ven, no es efectiva, se lleva con el pesar y la conciencia de cada individuo, es una carga sombría

Pero sin embargo cabe preguntarse qué pasaba en estos momentos en EE.UU. Inmerso, como se ha dicho antes, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en una Guerra Fría, participando en conflictos internacionales como la Guerra de Corea (1950-1953) -donde por cierto participó Don Draper vestido de Dick Whitman-; y sucesos históricos de capital importancia como la Crisis de los Misiles en Cuba (1962) o la Guerra de Vietnam (1965-1975). EE.UU. era el centro del mundo y comenzaba a decidir por muchas naciones en lo que acabaría conformándose como la ‘aldea global’. Por todo ello, poco a poco, fueron surgiendo una serie de movimientos contraculturales, antibelicistas, movilizaciones sociales por los derechos civiles de los negros y muchas mujeres que también reclamaban los mismos derechos y oportunidades que los hombres. También en Mad Men se observa la escena musical en Nueva York, en uno de los capítulos de la cuarta temporada queda perfectamente retratado como fue aquella cultura ‘underground’ en los 60, donde Peggy Olson conoce a amistades que se encuentran dentro de este movimiento contracultural, que van en contra del sistema, que precisamente intentan convencer a Peggy de que trabajar en publicidad es trabajar engañando y creando falsas necesidades, porque además, dicen, la publicidad es nociva para que se lleve a cabo una sociedad más pura y solidaria. Todo ello, aunque aparezca en pequeñas dosis durante el curso de las temporadas -muestran, por ejemplo, acontecimientos históricos de todo tipo, como el estreno de El Apartamento, de Billy Wilder (1960); la lucha por la presidencia entre Nixon y Kennedy; o la muerte de Marylin Monroe o el mismo Kennedy- a lo largo y ancho de cada capítulo quedan grabados a fuego en la memoria, lo cual dice mucho de todo el equipo productivo de Mad Men, porque eso significa que miden los tempos de forma extraordinaria, que son unos auténticos maestros y que han construido una serie que posee uno de los secretos de la publicidad, paradójicamente, y ese secreto es que hace sentir nostalgia. Con Mad Men vivimos momentos decisivos y acontecimientos cruciales para el devenir de lo que luego ha sido la historia actual de EE.UU. y la de parte del mundo entero, y nos muestran detalles que ayudan a entender el curso que ha tomado la sociedad en términos absolutos a partir de ese momento. Hay que decir que la ética y la moralidad en Mad Men existen pero no se ven, no es efectiva, se lleva con el pesar y la conciencia de cada individuo, es una carga sombría.

Destrucción Mutua Asegurada

 Para terminar, decir que el término ‘Mad Men’ tiene una explicación muy significativa. El acrónimo en inglés MAD significa “destrucción mutua asegurada”, que además, de forma derivada significa “loco”. En un mundo dominado por hombres y donde la figura de la mujer es una de las víctimas principales, la autodestrucción del individuo lleva a un estado de locura que afecta a toda la sociedad de base. Y esto, por supuesto, trae consecuencias. Los psicólogos y psiquiatras están presentes en muchos de los capítulos; EE.UU. comienza a ser una sociedad enferma, como nos lo intentaría hacer ver, con gran éxito aunque haya pasado un tanto desapercibida, Erik Skjoldbjærg en Prozac Nation (2001), de la novela autobiográfica de Elizabeth Wurtzel. Mad Men me recuerda a una famosa obra de arte de Pink Floyd, Shine on Your Crazy Diamond, cuya traducción sectaria para este momento sería “sigue brillando diamante loco”. A pesar y gracias a la oscuridad que encierra Mad Men, sigue brillando porque es un diamante en una sociedad esquizofrénica, pero es diamante y brilla. Mad Men da lugar a múltiples lecturas pero siempre estarán interrelacionadas con un mismo concepto, como ocurre con las grandes obras de arte.

---

*Patrick Vidal (@patrickvid) es Licenciado en Historia y especializado en Historia Contemporánea en la Universidad de Alicante

26 noviembre 2011

Opiniones de cine / Series de cine :
Mad Men la cara de una misma moneda (I).
Por Patrick Vidal


Mad Men es la cara de una misma moneda y funciona por contraposición. A veces ocurren cosas que no son casualidad, y es que Jon Hamm y el personaje que interpreta, protagonista indiscutible, también lo son, es decir, representan la esencia de Mad Men, es el reverso y el anverso de una misma moneda. Los dos son huérfanos por diferentes motivos, y pertenecen a distintas generaciones, a tiempos distintos, y uno no tiene nada que ver con el otro, pero al mismo tiempo conforman un binomio conceptual de una perfección evidente. La madurez con la que un actor como Jon Hamm -nunca antes conocido, y que a partir de la serie que nos ocupa, ha participado en proyectos cinematográficos de gran calado como ha sido The Town (2010)- ha llegado al éxito, es casi profético si tenemos en cuenta que Don Draper, su personaje en la fabulosa serie televisiva, consiguió el éxito de forma inesperada aunque sea por razones radicalmente diferentes. El paralelismo entre ellos dos es una trampa en la que es fácil caer y, además, resulta casi inevitable hacerlo. Todo ello confiere a estas dos caras de la misma moneda un cariz de alter ego, siendo esto del todo claro. Luego, Mad Men en cuestión y como concepto, representa y retrata a la sociedad americana de los 60, producto de una historia anterior, de un triunfo hegemónico de EE.UU. a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial. Es el tiempo de la opulencia en EE.UU. y en algunos países capitalistas. También es el tiempo de la Guerra Fría, una guerra que muchos han dicho no ser tan fría como el término parece indicar. Se trataba de una lucha entre dos formas completamente diferentes de entender el mundo, dividido en dos grandes bloques, confrontando, sobre todo, a las dos grandes potencias del momento, que eran, efectivamente, EE.UU. y la URSS. A lo largo de las cuatro temporadas que lleva este proyecto en marcha -que ya es una auténtica realidad y del que se espera hasta una séptima temporada, y que ha sido sobradamente premiado por los premios más importantes en este sentido, como son los Emmy o los Globos de Oro- no se ha visto directamente y de forma continuada este clima de Guerra Fría existente, pero sin embargo queda patente en el imaginario colectivo y en la forma de comportarse de cada personaje y, por lo que se intuye, no solo deja a las claras un análisis de la sociedad americana del momento, sino que se observa el importante halo globalizador de esta sociedad y la influencia posterior que tendrá en todo el mundo, formalizándose un impacto brutal en las sociedades que se han querido llamar occidentales.

El ejercicio de guión, con esos personajes verídicos, más que verídicos, veraces, y un aspecto visual cuidadísimo y exquisito, hacen que todo lo que pueda ser, y de hecho es, negativo y deprimente en toda la historia, sea extremadamente atractivo

Y no, Mad Men no es la historia de una sociedad idealizada, no se observa ni siquiera visos de querer mostrarnos un todo, es decir, una sola perspectiva que lo englobe todo, pero sin embargo lo consigue, y es por ello que es la cara de una misma moneda. Es decir, que Mad Men, regalando al espectador una mirada desde un punto de vista concreto, representa a EE.UU. en un tiempo pasado, aportando, casi sin mostrarlo, todos los demás puntos de vista. Y se nos presenta como si el espectador fuese cliente de la agencia de publicidad Sterling Cooper. Es decir, lo que se nos está vendiendo es visualmente perfecto, con una banda sonora cuidadísima, con un comienzo de la serie que siempre es el mismo pero que reconforta, y con unos finales de capítulos espectaculares, originales, únicos. Es un producto con una presentación ideal, que busca la felicidad del que lo va a consumir, pero luego la historia es descarnada y lo que se nos muestra es de una crudeza sublime. Por lo tanto existe ahí un posible paralelismo entre los objetivos de la agencia de publicidad y los objetivos del proyecto Mad Men, que difieren en el fondo pero no en la forma. Además, puede considerarse políticamente incorrectísima -machismo feroz, autoritarismo en el trabajo y en la vida cotidiana, donde el alcoholismo y la adicción desmesurada por el tabaco está muy presente dentro de un mundo despiadado, descorazonador-, pero el ejercicio de guión, con esos personajes verídicos, más que verídicos, veraces, y un aspecto visual cuidadísimo y exquisito, hacen que todo lo que pueda ser, y de hecho es, negativo y deprimente en toda la historia, sea extremadamente atractivo. Y eso, lectores de este escrito, es lo que yo llamo magia dentro de la ficción. Porque a Mad Men le distingue su atractivo y elegancia en un mundo triste y oscuro, urbanizado, cada vez más individualista, pero sin embargo ese mundo brilla y es extraordinario a través de la mirada del que degusta cada minuto de los 47 -aproximadamente- que contienen cada capítulo. Por si fuera poca cosa, la historia da la sensación de que es inagotable, de que resiste todos los giros de guión que pretendan darle, sin embargo lo más probable es que todo esté perfectamente medido.

Los tres pilares interpretativos

Después está la base interpretativa, donde tres personajes son inamovibles y a partir de los cuales gira la tierra alrededor de Mad Men: Don Draper, Peggy Olson y Joan Holloway. El primero se trata de un hombre en busca de su identidad, con una grave crisis emocional, pero que atesora un éxito más que palpable en los negocios y posee de un gran talento innato con el género femenino. Pero estos éxitos se tornan en fracaso cuando establece una relación sentimental seria; donde en su familia es muy querido por sus hijos pero no encuentra su hueco, no está cómodo, y que, además, oculta esencialidades del “yo” que durante la cuarta temporada va aireando un tanto, confiando en algunas personas sus secretos inconfesables. Jon Hamm dijo de Draper que este está “forzado a vivir una serie de situaciones incómodas en las que busca su propia satisfacción”. ¿Y por qué lo hace? Sencillamente, para encontrarse a si mismo, porque uno de los leit motiv de Mad Men es el camino de Don Draper hacia el reconocimiento de sí mismo. Por otro lado, Peggy Olson (Elisabeth Moss) es esencial, siendo opuesta al personaje de Joan Holloway. La primera es muy joven, brillante, y con una ambición indecible en un mundo dominado por hombres, a los que esta cuestiona con gran habilidad para poder lograr un espacio dentro del gran éxito profesional. De alguna manera Peggy Olson quiere emular a Don Draper, el cual es su padre profesional, un maestro de aspecto paternal, donde, además, se observa una relación especial entre los dos. Joan, por otro lado, es una atractiva jefa de secretarias que no tiene asignado un papel fundamental para el funcionamiento de la agencia de publicidad en sus dos etapas, pero que sin embargo sí se hace esencial para el funcionamiento de la ficción. Y es que estos tres pilares interpretativos van en diferente escala, de mayor a menor incidencia, pero esenciales al fin y al cabo. Joan es atractiva y establece un canon de belleza diferente al que se suele tener como estereotipo habitual. Es, como Peggy, una mujer superviviente, pero utiliza otros métodos para sobrevivir. Entre sus cartas están la seducción en su más amplia expresión, y el saber sufrir por dentro lo que no deja ver por fuera. Creo que el personaje que encarna Christina Hendricks (Joan) es uno de los personajes más dramáticos que he podido ver nunca, en ella se ve una fortaleza fuera de lo común, pero cuando está sola consigo misma se hunde. Estos tres grandes personajes, aunque pueda parecer una temeridad lo que va a seguir a partir de estás líneas, representan, mejor que ningún otro, la humanidad en Mad Men. Sobre todo puede parecer una temeridad porque Don Draper comete errores que pueden parecer imperdonables, pero en él reconocemos a alguien frágil, impulsivo, problemático. Vemos a un ser humano, definido en tanto humano que es. Luego, otros muchos personajes poseen una gran fuerza, desde Roger Sterling (John Slattery), pasando por Pete Campbell (Vincent Kartheiser) o Betty Draper (January Jones), entre otros, porque cada personaje no es casualidad en Mad Men, todo está pensado y todos aportan un gran dramatismo.

*Patrick Vidal (@patrickvid) es Licenciado en Historia y especializado en Historia Contemporánea en la Universidad de Alicante