07 diciembre 2010

/ VR30 / El prisionero

Abogar por la libertad del individuo frente al poder (empresarial, gubernamental...desgraciadamente hay mucho para elegir) puede ser algo provocador en estos tiempos. Pues imaginaros en 1967. En ese año nació (y casi murió) una de las series más subversivas, brillantes y revolucionarias de todos los tiempos. Bajo el falso pretexto de una serie al estilo de James Bond, El prisionero exploró nuevos mundos para la ficción televisiva. Brillante, reivindicativa y psicodélica es difícil imaginar una serie que se merezca más el termino de culto como la obra que crearon Patrick McGoohan y George Markstein. Con la ayuda de dos grandes como Ángeles Gómez (creadora de El Espacio y Feedback) y José Carlos Lledó (creador de El bueno, el feo y el malo) Vivir Rodando en su programa número 30 se dedicará a contar las sensaciones que deja una experiencia que todo hombre que aspire a ser (verdaderamente) libre debería tener. Ver El prisionero.
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. / VR30 / Programa Vivir Rodando 7 Diciembre 10 (El prisionero)

06 diciembre 2010

Wikileaks de instituto

 - Rumores y mentiras - (Will Gluck, 2010)

Reconozcamos que el instituto es una de las época más inútiles que uno ha de pasar en la vida. Educativamente nula uno debe rezar por no olvidar lo aprendido en el colegio y esperar que pase pronto unos años que nadie te va a devolver. Will Gluck retrata con acierto y brillantez lo que es la vida en esa jungla llamada instituto. Sabedor que la vida allí no deja de ser una guerra para que tu moral no acabe siendo muy dañada. Gluck coloca el high school como si de una embajada estadounidense se tratara. Un nido de víboras lleno de mentiras y falsedades donde la verdad no tiene ninguna importancia. Rumores y mentiras es una brillante actualización de los mejores momentos de la carrera de John Hughes (que tiene un bonito homenaje en la cinta). A los mismos complejos adolescentes les suma elementos como el fanatismo religioso (hola Tea Party) o el nuevo lenguaje choni cuya comprensión empieza a ser importante para sobrevivir en ciertos ambientes. Y todo estos elementos Gluck los maneja con colorido y, como dice el personaje de Patricia Clarkson, mucho sentido del humor.

Y no se pueden nombrar las bondades de Rumores y mentiras sin hablar de Emma Stone. Seguramente sin su concurso la película de Will Gluck no llegaría a volar tan alto. En un papel complicado que podía caer en la autocomplecencia pero no llega ni a rozarla. Con un carisma a prueba de bombas y a pesar de su juventud Watson ofrece un one woman show ofreciendo una interpretación divertida, irónica y muy carismática. Es verdad que como toda película adolescente cae en errores. Momentos dramáticos previsibles o personajes metidos con calzador (el personaje de Penn Badgley) para que la trama pueda llegar a su fin. Pero son errores perdonables en una película que con cerebro, carisma e ironía ha logrado ser una de las sorpresas de este año.

. Arroba escarlata (Javier Ocaña, El País)

Rumores y mentiras, inspirada en La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, recupera la práctica no solo con sorna, estilo visual e infinita gracia, sino también como una estupenda radiografía del puritanismo que invade ciertos sectores de los actuales Estados Unidos

. Encantada de conèixer-se (Nando Salvà, El Periódico)

Però tot i els mandrosos paral·lelismes de la història amb La lletra escarlata, el seu sarcasme i la seva autoconsciència, els seus diàlegs espavilats -quin mal exemple va donar Diablo Cody- i les referències a John Hughes i altres icones de la comèdia teen dels 80, Rumores y mentiras no és ni la meitat de divertida o intel·ligent del que creu

25 noviembre 2010

/ VR29 / Quentin Tarantino

Icono pop. Director con un talento fuera de lo común. Actor mediocre. Ególatra insoportable. Famoso vocacional. Genio. Genio. Genio. Pocos directores en la historia del cine han logrado que se hable de ellos con tanta pasión (para bien o para mal). Quentin Tarantino ha logrado sobrevivir a si mismo y a ser “el director de Pulp Fiction”. Sin perder su marca personal el director ha logrado superar todas las barreras que había entorno a él y construir una filmografía tan sólida como personal. Para hablar de su figura y, especialmente, de las sensaciones que dejan sus películas estarán en Vivir Rodando los imprescindibles, José Carlos Lledó y Patricio Vidal (creadores del mítico espacio El bueno, el feo y el malo). El genio y la furia de Tarantino en el programa 29 de Vivir Rodando.



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18 noviembre 2010

Música de cine: Scott Walker: 30 Century Man. El artista buscándose (y encontrándose) a si mismo

Hay un momento que no debe pasar desapercibido del documental Scott Walker: 30 Century Man. Se ve como en un reportaje televisivo de los 60 los Walker Brothers responden a las típicas preguntas que se les suele hacer a los grupos de música de moda. Dos de los miembros del grupo (Gary Leeds y John Maus) responden tonterias vagas o superficiales sobre lo que para ellos es la musica. Luego llega el momento de hablar a un joven Scott Walker que se sincera explicando que no le interesan ni el éxito ni la fama sino “hacer buena música”. A otro personaje podriamos ponerle la etiqueta de falso o pedante. Pero no a Scott Walker. Hablamos del hombre que paso de la efímera fama adolescente y dejo de ser un beatle para convertirse en uno de los mayores artistas musicales del siglo XX.

El documental de Stephen Kijak , Scott Walker: 30 Century Man (que coge el titulo de la que puede ser la canción más popular del músico) no intenta descubrir quien es Scott Walker. Es más, el principio de la cinta asume que ese reto es imposible. David Bowie (productor del film) se encarga de dejarlo bien claro: “nadie sabe quien es Scott Walker”. Scott Walker: 30 Century Man sirve como una brillante y excelente guia de lo que ha sido la carrera de un artista que lucho por encontrarse a si mismo en todo lo que hacia. A si mismo aunque fuera por medio de otros. Tras descubrir a Jacques Brel gracias a ligarse a una conejita de Playboy hizo que el artista francés fuera una continuación de si mismo. Las adaptaciones de las canciones de Brel eran tan perfectas que lograron superar, en algunos casos, a las originales. Oyendo la profunda voz de Walker podemos sentir que canta como si fuera la última vez que iba a hacerlo.



Stephen Kijak no quiere respuestas. Constata lo increíble del fracaso de un disco tan espectacular como el Scott 4. Antes Walker habia parido en apenas tres años obras magnas como Scott, Scott 2 y Scott 3. Luego llegó Scott 4 y la desaparición. No hay respuestas. Porque lo que viene después es tan grande que no hay que pararse en misterios paranormales. Tras diversos intentos de reaparición .... le dedica una buena parte del metraje al último Scott Walker. El que tarda años en poder parir una nueva obra (recordemos, en tres años había realizado los cuatro Scott). Eso si unos discos distintos, más cercanos a la opera que a la cultura pop. Obras definitivas y rompedoras como son Tilt o The drift (y en medio la banda sonora para la película Pola X de Leos Carax). Kijak tiene el lujo de meterse en el estudio de grabación de Walker para ver como funciona un artista que ya no tiene que rendir cuentas con nadie. Durante la última parte del documental vemos a Walker (un tipo bastante normal, alejado del topicazo de artista torturado) haciendo todo lo posible por sacar el sonido que quiere. Ya sea haciendo que el percusionista Alasdair Malloy golpee un costillar de cerdo de una manera determinada para sacar el sonido que quiere o bien rasgando su voz hasta los más profundo de su alma. Lejos quedan los Walker Brothers. Incluso Scott 3 o Scott 4. Sólo está Scott Walker. Por fortuna el documental Scott Walker: 30 Century Man se aleja de retratos psicológicos banales. Es una oda a la libertad del artista para hacer lo que siente en cada momento. Y si ese artista es Scott Walker todos nos beneficiamos.